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La Evolución es Religión—No Ciencia [Parte I]

by  Michael G. Houts, Ph.D.

[NOTA DEL EDITOR: El siguiente artículo fue escrito por uno de los miembros auxiliares del personal científico de AP. El Dr. Houts tiene un doctorado en Ingeniería Nuclear del Instituto de Tecnología de Massachusetts). Ha recibido numerosos reconocimientos, incluyendo un Certificado de Agradecimiento por Liderazgo Excepcional de la NASA. Sus actividades profesionales incluyen el servicio como Presidente del Simposio de Poder y Propulsión Nuclear Espacial. El Laboratorio Nacional de Los Alamos empleó al Dr. Houts por 11 años, donde laboró en varias posiciones, incluyendo la Subdirección de Liderazgo Grupal. Actualmente labora como Director de Investigación Nuclear en el Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA].

Uno de los engaños más grandes que los ateos y humanistas perpetran es declarar que la Teoría de la Evolución es de alguna manera “ciencia”. La realidad es que la evolución no tiene nada que ver con la ciencia, sino es simplemente un dogma de ciertas religiones falsas que se oponen a Dios. Es importante que los cristianos se den cuenta que la evolución es simplemente otra creencia errónea, y que ellos no deben ser intimidados al punto de creer que la verdadera ciencia sostiene esta teoría. También es importante que los cristianos no desconfíen de la ciencia solo porque los evolucionistas y ateos reclaman falsamente que esta sostiene sus puntos de vista.

La ciencia que ha enviado al hombre a la Luna y ha producido grandes avances en computación, medicina y otros campos, es observable, comprobable y repetible. Cuando se desarrolla una teoría, se puede crear experimentos para determinar si es falsa. Se hace referencia a esta ciencia verdadera como “ciencia operacional”. En años recientes se ha ampliado el término “ciencia” para incluir muchas áreas que comúnmente no reúnen el criterio de la ciencia operacional. Estas incluyen la ciencia social, la ciencia política y otras.

Incluso un área más apartada de la ciencia operacional es la así-llamada “ciencia de los orígenes”. La ciencia de los orígenes no es observable, comprobable o repetible. Las teorías que se relacionan a la ciencia de los orígenes comúnmente se crean para que, sin importar la evidencia, sus partidarios puedan reclamar que sostiene su punto de vista. En la ciencia de los orígenes, se interpreta la evidencia relacionada al origen del Universo (y todo en él) dentro de un marco de pensamiento determinado. Para el ateo o el humanista, se debe explicar todo sin Dios. Para el cristiano, el relato de la creación en Génesis es la base de su entendimiento. La evidencia que los cristianos vemos se interpreta dentro del marco de la Biblia.

Webster define “religión” como “una causa, principio o sistema de creencias que se sostienen con ardor y fe” (Webster’s Ninth..., 1988, p. 995). El cristianismo encaja en esta categoría. Así también los cientos de religiones falsas que han plagado a la humanidad por milenios. Mateo 7:13-14 indica que la mayoría de gente será engañada. A pesar de la vasta evidencia que Dios ha dado, ellos escogerán crear su propia religión o aferrarse a una religión falsa que su sociedad promueve.

Un evento conocido ocurrió algo de 3,000 años atrás, cuando Elías enfrentó a 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera. Esos falsos profetas comían de la mesa de la reina (1 Reyes 18:19), lo cual indica que estaban entre la gente más respetada y de confianza en la sociedad. Aunque obviamente estaban equivocados, su posición y poder había influenciado tanto al pueblo que cuando Elías declaró, “Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él”, “el pueblo no respondió palabra” (1 Reyes 18:21). Mucha gente (o la mayoría) sin duda sabía que Baal había sido creado por la imaginación de hombres. Sin embargo, el hecho que tantas personas “importantes” en su sociedad promovían a Baal les causaba dudas acerca de Dios, o les intimidaba hasta el punto de no estar dispuestos a defender firmemente su creencia en Dios.

Hoy existe una situación similar. Por décadas se ha realizado esfuerzos unidos para adoctrinar a la gente a creer en la evolución. No obstante, las encuestas todavía muestran que la mayoría de norteamericanos cree en Dios y cree que Él creó el Universo y la vida (vea Miller, 2007b, [10]:37,40-R). Aunque estas son buenas noticias, la promoción de la evolución que mucha gente “importante” ejerce en nuestra sociedad probablemente ha causado que muchos de los encuestados duden de Dios, o que sean intimidados al punto de no estar dispuestos a defender firmemente su creencia en Dios. Por esta razón principal es importante que nos demos cuenta que la evolución es simplemente otra religión falsa, y que la tentación que la gente enfrenta ante esta religión no es nada nuevo.

Interpretando la Evidencia

En la ciencia de los orígenes, la interpretación de la evidencia depende grandemente en la creencia religiosa de una persona. Por ejemplo, considere los cambios que vemos en la vida. Parece que en pocos días se desarrollan poblaciones de bacterias resistentes a los antibióticos, rutinariamente se reproduce nuevas “clases” de gatos y perros, y los animales salvajes se adaptan a los ambientes cambiantes. Para el evolucionista y el creacionista, estos cambios pequeños evidencian la “microevolución”. Pero para el evolucionista, las grandes cantidades de microevolución, por un periodo largo de tiempo, guían a la macroevolución que es capaz de convertir a dinosaurios en aves o a un ancestro parecido al simio en un hombre. Los evolucionistas creen que no hay necesidad para la existencia de Dios, ya que en su mente la diversidad de la vida en la Tierra se puede explicar por medio de la macroevolución, comenzando con una forma de vida “simple”. En su sistema religioso, la información genética que se necesita para producir toda la vida que vemos hoy se desarrolló a través de la macroevolución (Campbell, 1996, p. 454).

Para la persona que cree en la Biblia, los cambios biológicos son el resultado de la selección natural, las mutaciones o la reproducción selectiva de las especies que Dios creó originalmente. La información genética que se necesitó para producir la variedad de vida que vemos hoy estuvo presente en las especies creadas originalmente. Dios había incluido esa información en la Creación original y perfecta.

Un siglo atrás, hubiera sido difícil continuar con esta discusión. Pero los avances en la ciencia y la tecnología ahora confirman que la evidencia física y analítica favorece grandemente el sistema cristiano. Por ejemplo, se ha trazado todo caso observable del desarrollo bacterial de la resistencia a los antibióticos a uno de los tres siguientes mecanismos (Campbell, p. 340):

  1. Algunas bacterias en la población ya son resistentes al antibiótico, y llegan a ser la raza dominante por medio de la selección natural (información neutral);
  2. La información genética que se necesita para resistir al antibiótico se obtiene a través de la transferencia plásmida de otra bacteria (información neutral); o
  3. La resistencia al antibiótico viene como resultado de una mutación neutral de información o de pérdida de información (información neutral o información negativa).

En cada caso, la información genética se conserva o se pierde. En ningún caso observamos que se genere información nueva—lo cual se requiere para que por lo menos la macroevolución sea teóricamente posible.

Nuestro conocimiento científico en cuanto a las bacterias es completamente consistente con el relato de Génesis. (Dios proveyó la información genética durante la semana creativa). El conocimiento científico de ninguna manera sostiene la búsqueda de los evolucionistas por explicar la generación de grandes cantidades de información genética nueva a través de mutaciones al azar. No se ha observado mutaciones que incrementen información. Ninguno de los ejemplos que se ofrecen en los libros más populares de biología sostiene la premisa que la evolución de la vida ocurre por medio del incremento de información. Al contrario, muchos de los ejemplos realmente muestran lo opuesto a la evolución—disminución de información (Patterson, 2006, pp. 59-61).

“Nuevas” Razas

Cuando se desarrolla nuevas razas de gatos y perros, casi siempre se pierde información genética o, en el mejor de los casos, se conserva. Por ejemplo, a través de la reproducción selectiva, se puede usar comúnmente una pareja de perros salvajes para desarrollar una raza de perros muy grandes o una raza de perros muy pequeños (o ambos) en solo unas pocas décadas. Sin embargo, al desarrollar estas nuevas razas, se pierde información genética. Aunque la pareja original de perros salvajes tuvo la información genética para producir perros grandes y perros pequeños, las nuevas razas de perros tienen menos información genética o variabilidad. No se puede reproducir perros Gran Daneses de perros chihuahuas, y no se puede producir perros chihuahuas de perros Gran Daneses; se ha perdido la información genética que se requiere. En casos menos extremos, se puede conservar más información, pero en ningún caso se añade información. Una vez más, la evidencia que se observa en la reproducción selectiva es consistente con el sistema cristiano, y es inconsistente con el sistema evolutivo y/o ateísta.

Cambios en Poblaciones Salvajes

También se puede examinar en gran detalle los cambios en poblaciones salvajes. Dos especies favoritas de los libros de texto de biología (e.g., Johnson, 1998) son los pinzones de Darwin y las polillas moteadas. En ambos casos, simplemente se conserva la información genética y no se desarrolla nueva información genética. Por ejemplo, la historia de la polilla moteada declara que existen dos tipos de polillas moteadas: claras y oscuras. Las polillas viven entre abedules. En un ambiente limpio, las polillas claras se camuflan mejor en la corteza del abedul que las polillas oscuras. Las aves comen más fácilmente a las polillas oscuras, dando como resultado una población que consiste de 95% de polillas claras y 5% de polillas oscuras. No obstante, durante la revolución industrial, los abedules fueron cubiertos con hollín, y luego las polillas oscuras estuvieron mejor camufladas que las polillas claras. La distribución de la población se invirtió, con 95% de polillas oscuras y 5% de polillas claras.

Se ha señalado que la historia de la polilla moteada que los libros de biología registran puede haber sido inventada (Wieland, 1999, 21[3]:56). Pero, incluso si fuera cierta, esta historia no prueba la macroevolución. En todo tiempo, existió la información genética para producir polillas claras y oscuras. Nunca se generó la información genética nueva que la macroevolución necesita. Otra vez, la evidencia es consistente con el sistema cristiano, y no contribuye en absoluto al sistema evolutivo.

Estructuras Homólogas y Análogas

Otro tema en el que la religión personal influencia grandemente la interpretación de la evidencia es las estructuras homólogas y análogas. Las estructuras homólogas y análogas son estructuras en diferentes especies que son similares. Un ejemplo típico es la similitud en la estructura del ala del ave, la aleta del delfín y el brazo del hombre.

Teniendo en cuenta el enfoque bíblico, se esperaría que existieran estructuras similares. Dios creó toda vida, y sería sorprendente si no hubiera similitudes físicas entre especies. Las alas, aletas y brazos soportan la tensión, y se esperaría que hubiera similitudes en el diseño para realizar esa función. Las bicicletas, carros y aviones tienen llantas. Aunque sus llantas son diferentes, tienen similitudes obvias y funciones similares. Las bicicletas, carros y aviones tienen llantas ya que tienen un diseñador común (el ser humano). Los humanos eligen las llantas para lograr ciertas funciones.

Para el cristiano, las estructuras homólogas son estructuras en especies diferentes que son similares porque Dios creó toda vida. No obstante, para el evolucionista las estructuras homólogas en especies diferentes son similares a causa de una ascendencia común (Johnson, 1998, p. 178). Para el evolucionista, las alas, aletas y brazos no son similares porque Dios diseñó las tres estructuras, sino porque comparten un ancestro marino común (Miller y Levine, 1998, p. 405). Ampliando la analogía previa, para el evolucionista, las bicicletas, carros y aviones tienen llantas, no a causa de un diseñador común, sino porque todas comenzaron como triciclos.

Tanto la interpretación cristiana de las estructuras homólogas y la interpretación evolucionista de las estructuras homólogas terminan con un enunciado de fe. Ningún enunciado (i.e., “similar porque Dios creó toda vida” o “similar a causa de un ancestro común”) tiene una base científica; estas son creencias basadas en la perspectiva personal. Sin embargo, solamente se presenta la interpretación ateística en los cinco libros de texto de biología que he revisado (Campbell, 1996; Johnson, 1998; Kaskel, et.al., 1999; Miller y Levine, 1998; Starr y Taggart, 1984). [NOTA: Para un examen de la fe bíblica que está basada en el conocimiento y la evidencia, vea Miller, 2007a; Sztanyo, 1996; Thompson, 1994].

Existen muchos casos conocidos en que las estructuras homólogas no pudieron haber compartido un ancestro común (según un enfoque evolutivo). Por ejemplo, en un nivel superficial, los dedos de la rana parecen similares a los dedos de los humanos. Pero ahora se sabe que estos se desarrollaron en una manera completamente diferente, y no pudieron haber compartido un ancestro común (Sadler, 1995, pp. 154-157). Incluso la mayoría de libros de texto de biología reconocen que hay numerosos casos de similitudes aparentes para los cuales no existe explicación plausible de relación. Un ejemplo típico es la similitud entre los tiburones y delfines (Johnson, p. 320).

Para encajar estos casos, los evolucionistas han creado otro término: “evolución convergente”. La evolución convergente se define como “el desarrollo independiente de similitudes entre especies como resultado de tener similares roles ecológicos y presiones de selección (Campbell, p. G-6). Los evolucionistas a menudo hacen referencia a estas similitudes como “estructuras análogas” (Starr y Taggart, p. 497).

Esto ilustra otra característica clave (no-científica) de la Teoría de la Evolución. Se ha creado la Teoría de la Evolución de tal manera que, a pesar de la evidencia, los evolucionistas pueden afirmar que sostiene su religión. Si un ave tiene colores vivos, entonces evolucionó sus plumas coloridas para atraer a su pareja. Si las plumas de un ave son grises, entonces el ave evolucionó ese color para proveerle camuflaje. Si las estructuras similares se derivan de secuencias genéticas similares, entonces la razón es que las dos especies comparten un ancestro común. Si se encuentra similitudes en especies que son genéticamente muy diferentes, entonces esto se debe a la “evolución convergente”. Sin importar la evidencia, ante los ojos del creyente, la evolución es verdadera.

Un criterio para determinar si una teoría es científica es si la teoría es falseable. En otras palabras, se debe desarrollar la teoría en tal manera que se pudiera crear un experimento que probara su falsedad. En el tema de las similitudes entre organismos, se ha desarrollado la Teoría de la Evolución con el propósito que ningún experimento pruebe su falsedad.

Aunque el tema no es científico, los artículos que promueven la evolución a menudo usan las similitudes entre organismos al intentar convencer a los lectores que la teoría es verdadera. Un ejemplo reciente es el artículo de la National Geographic, “¿Estuvo Darwin Equivocado?” (“Was Darwin Wrong?”) [Quammen, 2004, 206[5]:31]. También abundan los ejemplos en los libros de texto de biología.

El Origen de la Vida

Otra área en que se puede ver la naturaleza religiosa de la Teoría de la Evolución es la controversia del origen de la vida. Desde una perspectiva cristiana, la Biblia nos dice cómo se creó la vida durante la semana de la Creación. La vida es evidencia de la obra de Dios. En contraste, las religiones humanísticas y ateísticas requieren que se explique de alguna manera la existencia de la vida sin Dios. En el siglo XXI, la mayoría de humanistas y ateos han escogido poner su fe en la Teoría de la Evolución.

Cuando la Teoría de la Evolución comenzó a ser popular a finales de 1800, fue fácil especular en cuanto a formas “simples” de vida que surgían de estanques cálidos llenos de químicos, o en lugares similares (Darwin, 1887, p. 202). Los evolucionistas principales especulaban libremente e incluso inventaban “evidencia” en sostenimiento de su religión (Grigg, 1996, 18[2]:33-36). Pero los avances en la ciencia han demostrado que estas especulaciones e invenciones son necedades.

Por ejemplo, ahora sabemos que la forma de vida más simple es mucho más compleja que cualquier cosa que los humanos jamás hayan creado. Es mucho más razonable declarar que una nave espacial se puede armar al azar y despegar que declarar que una forma de vida simple puede surgir espontáneamente de las interacciones químicas aleatorias.

Se ha gastado cientos de billones de dólares en la biotecnología. La biotecnología emplea a algunos de los científicos más brillantes, quienes trabajan en laboratorios increíblemente sofisticados. Sin embargo, a pesar de esta gran inversión de dinero, talento y equipo, nadie ha estado incluso cerca de crear vida de lo inanimado. A las técnicas relativamente simples como la clonación (que básicamente involucra la transferencia de ADN preexistente de un organismo al otro) se les da importancia internacional, pero para el observador objetivo esto muestra lo impresionante y compleja que es realmente la vida (vea Butt y Lyons, 2005 para otros numerosos ejemplos).

En respuesta, muchos evolucionistas (y los libros de texto que escriben) señalan los experimentos tales como el experimento Miller-Urey para mostrar que lo que llaman “bloques de construcción” de la vida pudieran formarse potencialmente de una forma espontánea. Pero estos supuestos “bloques de construcción” están lejos de ser un organismo vivo, así como los átomos que los constituyen.

Se puede resumir la discusión típica de un libro de texto (e.g., Miller y Levine, 1998, p. 405) sobre el experimento de Miller-Urey de la siguiente manera.

  1. Stanley Miller y Harold Urey recrearon la atmósfera primitiva al mezclar metano, amoníaco, hidrógeno y agua.
  2. Al pasar una chispa eléctrica a través de la mezcla, demostraron que los compuestos orgánicos pudieron formarse espontáneamente.
  3. Los resultados de este experimento fueron espectaculares y excedieron los sueños más descabellados de Miller y Urey.

Al invocar a la emoción (“sueños más descabellados”) y presentar selectivamente solo una parte muy pequeña de la información relevante, se llega a engañar eficazmente al estudiante. Lo que la mayoría de libros de texto no menciona es más revelador. Considere algunos ejemplos:

  1. Incluso la mayoría de evolucionistas ahora está de acuerdo que la atmósfera que Miller y Urey simularon no pudo haber existido. La luz ultravioleta hubiera destruido el amoníaco y el metano. El hidrógeno hubiera existido solamente en cantidades pequeñas, ya que puede escapar de la gravedad de la Tierra. Según la opinión actual de los evolucionistas, siempre ha existido el dióxido de carbono y el nitrógeno. A pesar de esta evidencia, el libro de texto atrevidamente declara: “Stanley Miller y Harold Urey recrearon la atmósfera primitiva”.
  2. En un ambiente acuoso, los aminoácidos no se juntan en cadenas largas, sino se separaran. En un ambiente acuoso, solamente puede encontrarse uno en 10200 (un uno seguido por 200 ceros) en una cadena de 100 aminoácidos, aproximadamente la longitud de la proteína más pequeña. Los textos de biología tienen la tendencia de evitar completamente este defecto fatal en los escenarios parecidos a una “sopa primitiva”. Sin embargo, los evolucionistas reconocen el problema y han realizado numerosos intentos de abordarlo. Estos incluyen proponer la presencia de agentes condensantes (lo cual es una explicación inadecuada incluso teniendo en cuenta algunas condiciones optimistas que son imposibles a causa de otras suposiciones evolutivas), proponer una fuente de calor para secar el agua (lo cual destruye algunos de los aminoácidos vitales y causa como resultado polímeros altamente aleatorios) y otros. Todos los intentos no han podido demostrar una manera realista para armar espontáneamente la cadena larga de aminoácidos que se necesita para formar incluso una sola proteína útil. [NOTA: Se brinda un excelente resumen de los intentos (fallidos) de los evolucionistas por explicar este tema en Sarfati, 1998a, 12[3]:281-284].
  3. Los aminoácidos se encuentran en formas izquierdas y derechas, y la vida usa solamente las izquierdas. Los tipos de experimentos de Miller-Urey dan como resultado una mezcla uniforme (racémica) de aminoácidos izquierdos y derechos, incapaces de formar proteínas. En el evento increíblemente improbable que se pudiera formar una cadena de aminoácidos (vea el párrafo previo), la probabilidad que todos estos aminoácidos fueran izquierdos es ~ uno en 1030. Para tamaños de proteínas más típicas (400 aminoácidos), la probabilidad es ~ 10120. Los libros de texto de biología también pasan por alto este defecto fatal, aunque obviamente los autores saben que existe. Por ejemplo, Campbell habló de la racemización (la conversión lenta de los aminoácidos-L puros en las proteínas a una mezcla de aminoácidos-L y D) como un medio para determinar cuánto tiempo un organismo ha estado muerto (1996, p. 457). Sin embargo, en toda la discusión extensa sobre la Teoría de la Evolución, ni siquiera se menciona el tema. Así como en el caso del tema de la polimerización, se ha intentado desesperadamente explicar el tema de la quiralidad (lateralidad molecular). Los intentos incluyen la polarización por la luz ultravioleta u otras fuentes de luz, el cuarzo óptimamente activo, la fuerza débil, la arcilla y otros numerosos escenarios que, cuando se analizan o se ponen a prueba, llega a ser claro que son demasiado ineficientes para mejorar significativamente la probabilidad que se forme espontáneamente un aminoácido izquierdo. [NOTA: Sarfati provee un resumen excelente de estos intentos fallidos (1998b, 12[3]:263-266)].
  4. Menos del dos por ciento de los productos formados en el experimento de Miller-Urey fueron aminoácidos. Los productos principales fueron ácidos carboxílicos y alquitrán, los cuales son tóxicos para la vida y también más propensos a unirse a los aminoácidos (rompiendo por ende cualquier cadena de desarrollo) que los aminoácidos se unan entre ellos.
  5. Para formar una cadena de aminoácidos, se requiere monómeros funcionales. Si un monómero no-funcional se une a la cadena, se interrumpe la cadena. El tipo de experimentos de Miller-Urey al menos producen tres veces tantos monómeros no-funcionales como monómeros bifuncionales. Este hecho también causa que las probabilidades de armar casualmente una cadena larga de aminoácidos sean imposiblemente bajas.
  6. Muchos evolucionistas famosos han calculado la probabilidad que una célula o incluso sólo las proteínas en las células se reúnan por casualidad. Esta probabilidad (incluso calculada por los mismos evolucionistas) desacredita la teoría tanto que típicamente no se mencionan en las discusiones sobre el tema. El famoso astrónomo ateo Don Frederick Hoyle calculó la probabilidad que siquiera las proteínas de una ameba se originen por casualidad en uno en 1040,000, i.e., un uno seguido por 40,000 ceros (Hoyle y Wickramasinghe, 1981, p. 130). Harold Morowitz, ex profesor de Biofísica y Bioquímica Molecular en la Universidad de Yale, calculó la probabilidad que un organismo simple unicelular se organice casualmente de estructuras preexistentes como uno en 10100,000,000,000, i.e., un uno seguido por 100 billones de ceros (Morowitz, 1968, p. 98). Carl Sagan y otros evolucionistas famosos (incluyendo al Ganador del Premio Nobel, Francis Crick, el codescubridor del ADN) han llegado a conclusiones similares (Sagan, et.al., 1973, pp. 45-46). Los cálculos como estos fueron el fundamento de la famosa cita de Don Fred Hoyle que la probabilidad de la generación espontánea “es casi la misma que la probabilidad que un tornado que barre un depósito de chatarra arme un Boeing 747 del contenido” (Hoyle, 1981,294[5837]:105). Hoyle también dijo que él no podía entender “la obligación extensa de los biólogos de negar lo que a mí me parece obvio” (294[5837]:105).

El encubrimiento de la evidencia en contra de la Teoría de la Evolución no se limita a las discusiones de los tipos de experimentos de Miller-Urey, pero esas discusiones son reveladoras.

El científico objetivo obtiene y considera toda la evidencia disponible. El deseo evidente que los evolucionistas tienen por suprimir o ignorar la evidencia que contradice el punto de vista ateístico es otro ejemplo que la evolución es una religión, no ciencia. Este encubrimiento no es un caso único, sino es obvio y extenso en la mayoría de libros de texto de secundaria y nivel universitario.

La ciencia verdadera es la enemiga de los ateos y evolucionistas. En años recientes, muchos evolucionistas han intentado transferir el debate del origen de la vida a áreas en que es más difícil aplicar la ciencia operacional. Un ejemplo es la teoría que la vida surgió de alguna manera en otro lugar en el Universo y que fue transportada a la Tierra. Aunque proponer eventos “en otro lugar del Universo” no cambia las razones fundamentales de por qué la evolución no puede ocurrir, la propuesta complica el tema lo suficiente para consolar a los que están comprometidos en buscar una explicación ateística para el origen de la vida.

También se ha exagerado o distorsionado la importancia de los “descubrimientos” en el espacio para despistar al lector. Por ejemplo, en el artículo, “¿Somos Marcianos? Investigación Dice, Tal Vez” (“Are We Martians? Maybe, Study Says”, 2000), varios profesores e investigadores hablaron de las moléculas orgánicas que se han encontrado en el espacio. Por todo el artículo, se esparcen términos como “formas primitivas de vida”, “células ancestrales” y “microbios”. Solamente al final del artículo se le da al lector algunas claves de lo que realmente se ha encontrado. Se declara: “Entre los químicos detectados estuvieron el acetileno, una estructura para el benceno y otras moléculas aromáticas que, a su vez, pueden formar hidrocarburos complejos, el material químico para la vida”. En otras palabras, ya que hemos detectado C2H2 en el espacio (que se puede predecir fácilmente por un curso de química de primer nivel), se supone que tenemos confianza que podemos ser marcianos. En realidad, el C2H2 no es de manera evidente más cercano a un organismo vivo que el carbono o el hidrógeno.

Un artículo de la revista Sky & Telescope en cuanto al sondeo Galileo a Júpiter, provee una representación más honesta. Además de dar resultados cuantitativos medidos por el sondeo, un párrafo en el artículo señala lo siguiente:

Otro golpe a las expectativas de los científicos fue la escasez de moléculas orgánicas complejas, lo cual los estudios del laboratorio han sugerido que deberían existir. Algunos investigadores incluso han propuesto que pueden existir compuestos pre-bióticos en la atmósfera joviana. Pero el espectrómetro de masas no encontró nada más prometedor que especies simples basadas en el carbono, como el etano (C2H6). Niemann concluye, “No existe ningún bicho que flota en las nubes” (Beatty, 1996, 91[4]:21). [NOTA: “Niemann” hace referencia a Hasso B. Niemann, del centro espacial Goddard de la NASA, quien dirigió uno de los equipos que analizan los resultados del sondeo].

Estructuras Vestigiales

Una definición típica de “estructura vestigial” es una “estructura que es el resto del pasado evolutivo de un organismo y que no tienen función; viene del latín vestigium, que significa huella” (Johnson, 1998, p. 868). Al hablar acerca de las estructuras vestigiales, Charles Darwin declaró que “en vez de presentar una dificultad extraña, como sin duda causan a la antigua doctrina de la creación, se las debía haber esperado en armonía con estos puntos de vista [la evolución—MH] explicados aquí” (Darwin, 1859, p. 350).

La idea de las estructuras vestigiales fue promovida adicionalmente por el anatomista alemán Robert Wiedersheim (Wiedersheim, 1895), quien declaró haber identificado 186 estructuras vestigiales en el cuerpo humano. Como Darwin, Wiedersheim también atribuyó importancia religiosa a las estructuras vestigiales, declarando que los órganos vestigiales “que la doctrina de la creación especial o cualquier otra hipótesis teológica falla en explicar, puede explicarse satisfactoriamente por medio de la teoría de la selección” (p. 3).

Otra vez, la ciencia verdadera ha demostrado que es la enemiga del evolucionista. Mientras el conocimiento científico aumentaba, se quitaban más estructuras de la lista de Weidersheim. Hoy, se ha encontrado funciones para todas las 186 estructuras “vestigiales” de Wiedersheim. En vez de proveer sostenimiento para la evolución, las estructuras vestigiales son simplemente un ejemplo de la ignorancia científica (y la arrogancia ateística) que se usa para promover la religión falsa.

Tal vez la estructura “vestigial” más conocida fue el apéndice vermiforme. Hasta finales del siglo XX, no existían funciones identificadas claramente para el apéndice. Además, se había establecido hace mucho tiempo atrás que la ruptura del apéndice podía causar una infección letalmente peligrosa. La combinación de la ignorancia en cuanto a la función y la severidad de una apendicitis aguda hicieron que muchos consideraran al apéndice como peor que inútil. Los evolucionistas se aprovechaban de esta opinión para declarar que el apéndice era un órgano vestigial, la evidencia (a su parecer) que su teoría era verdadera.

No obstante, los avances recientes en biología han identificado muchas funciones para el apéndice vermiforme, especialmente a comienzos de la infancia. Por ejemplo, la revista New Scientist cita las palabras de algunos investigadores:

Aunque se solía creer que el apéndice no tenía función y era un vestigio evolutivo, ya no se cree que esto sea cierto. Su mayor importancia es la función inmunológica que provee al embrión que se desarrolla, pero continúa funcionando incluso en el adulto.... La función del apéndice parece ser exponer a las células inmunes que circulan a los antígenos de las bacterias y otros organismos que viven en su intestino. Eso ayuda a que su sistema inmune pueda diferenciar al amigo del enemigo y deje de causar ataques dañinos a las bacterias que coexisten felizmente con usted. Para el tiempo que es un adulto, parece que su sistema inmune ya ha aprendido a arreglárselas con las sustancias extrañas en el tracto intestinal, así que su apéndice ya no es importante. Pero los defectos en el apéndice y las otras áreas inmunes de prueba pueden estar involucrados en las enfermedades auto-inmunes y en la inflamación del intestino (“The Last Word”, 2003, 177[2381]:65).

El mismo artículo señala que durante el desarrollo fetal, aparecen células endocrinas (productoras de hormonas) en el apéndice. Estas células producen hormonas péptidas que controlan los diferentes mecanismos biológicos (177[2381]:65).

Otras estructuras que se consideraban “vestigiales” previamente incluyen la plica semilunares, el cabello humano, las amígdalas, el cóccix, la glándula del timo, la glándula pineal y otras. También se ha identificado funciones importantes para todas estas estructuras. Aunque muchos evolucionistas han abandonado el argumento que las estructuras “vestigiales” proveen evidencia para la evolución, todavía se las mencionan en muchos libros de textos y en los medios populares de comunicación (e.g., Selim, 2004, 25[6]:42-46). Surgió un argumento parecido a finales de la década de 1990, cuando los evolucionistas declararon que existen partes significativas del ADN humano que eran “basura” dejada de nuestro pasado evolutivo. Cuando nuestro conocimiento del ADN aumentó, ese argumento rápidamente se desvaneció. Aunque todavía tenemos mucho que aprender acerca de las funciones del ADN, ahora sabemos que las varias secciones llamadas “basura” sólo unos pocos años atrás tienen muchas funciones importantes.

Irónicamente, incluso si hubieran sido reales, las estructuras vestigiales hubieran sido consistentes con el relato de la creación. Ha transcurrido más de 6,000 años de selección natural y degradación genética desde que Adán pecó. Se debe esperar que muchos de nuestros órganos no funcionen tan bien como funcionaban en la Creación original perfecta. También es posible que algunas de las funciones se hayan perdido completamente. [NOTA: Bergman y Howe (1990, pp. 1et.seq.) proveen un buen resumen del argumento de las “Estructuras Vestigiales”].

La Evolución como la Religión de un Estado

El esfuerzo unido para promover la evolución va más allá que usar el prejuicio o técnicas de engaño. La siguiente cita de El Humanista provee una idea más general.

Estoy convencido que la batalla del futuro de la humanidad se debe ganar en el salón de clase escolar por medio de maestros que perciben correctamente su rol como proselitistas de una nueva fe: una religión de humanidad que reconoce y respeta la chispa de lo que los teólogos llaman divino en cada ser humano. Estos maestros deben manifestar la misma dedicación desinteresada de los predicadores fundamentalistas más fanáticos, porque ellos serán ministros diferentes, utilizando el salón de clase en vez de un púlpito para transmitir valores humanistas en cualquier tema que enseñen, sin tener en cuenta el nivel educacional—preescolar, guardería infantil o universidad estatal. El salón de clase debe y llegará a ser una arena de conflicto entre lo antiguo y lo nuevo—el cadáver putrefacto del cristianismo, juntamente con todos sus malvados adyacentes y miseria, y la nueva fe del humanismo (Dunphy, 1983, 43[1]:26).

Muchos padres se rebelarían en contra de un sistema público escolar que abiertamente declara la meta de adoctrinar a sus hijos con el humanismo. Pero en las escuelas donde se fomenta la agenda humanista se usa medios más sutiles. Ya que se enseña la evolución bajo la apariencia de ciencia, ésta ha llegado a ser una herramienta útil para promover el humanismo y otras formas de ateísmo.

Muchos libros de texto escolar contienen citas reveladoras. Por ejemplo, Campbell declara: “Darwin dio a la biología una base científica firme al atribuir la diversidad de la vida a las causas naturales en vez de a la creación sobrenatural” (1996, p. 413). El autor clarifica que en su punto de vista, la ciencia es incompatible con la Biblia. Él no señala que se ha probado que las dos aseveraciones fundacionales de Darwin son falsas. No existe tal cosa como una “célula simple” que pueda surgir casualmente de un “estanque cálido”, y no existe evidencia que las mutaciones añadan información genética a la vida que ya existe. Un enunciado más exacto es el siguiente: “Darwin intentó dar a la biología un fundamento ateístico al atribuir la diversidad de la vida a las causas naturales en vez de a la creación sobrenatural”.

Miller y Levine intentan sostener la evolución al crear un argumento creacionista débil y después refutarlo. Ellos declaran:

La vasta mayoría de europeos en el tiempo de Darwin creía que la Tierra y todas las formas de vida eran creaciones divinas, producidas unos pocos miles de años atrás durante el periodo de una semana. Se pensaba que esa creación original, la Tierra y sus especies vivas, permaneció fija y sin cambio. Para el tiempo que Darwin navegó en el Beagle, se había realizado numerosos descubrimientos—por ejemplo, los fósiles de animales extintos—que este enfoque tradicional no podía explicar (1998, p. 223).

Este enunciado provee dos casos de información errónea. Primero, los tipos de cambios que Darwin observó (la variación dentro de una especie) se documentaron más de 3,000 años antes de Darwin en Génesis 30:32-42. Sin embargo, al presentar una creencia errónea para la Biblia (aunque no se presenta evidencia que la “vasta mayoría de europeos” realmente creía ese enunciado), se intenta desacreditar a la Biblia. Segundo, el Diluvio de Génesis (y los cambios de clima que probablemente produjo) provee una explicación excelente para el registro fósil, la Era de Hielo y la extinción de los animales. En vez que el “enfoque tradicional” no pueda explicar estas cosas, la Biblia explica mejor el registro fósil y otras observaciones que realizamos en el presente.

Existen otros numerosos ejemplos. Las ediciones de los libros de texto proyectados para el educador animan a que los maestros engañen a los estudiantes al comparar los cambios que resultan de la aplicación de la inteligencia con los cambios casuales que supuestamente produjeron la evolución. Los ejemplos incluyen comparar las mejoras en las zapatillas deportivas (Miller y Levine, 1998, p. 216) y los cambios en los diseños de autos (Kaskel, et.al., 1999, p. 616) con la evolución. Si se puede lograr que un estudiante enlace la Teoría de la Evolución con algo que sabe que es verdadero, entonces es más probable que acepte la teoría—incluso si el enlace es completamente ilógico. En la edición del educador de Biología: Visualizando la Vida (Biology: Visualizing Life), se urge a que los maestros “enfaticen que se considera que la evolución es un hecho científico” (Johnson, 1998, p. 175).

Se promueve la evolución con los impuestos del contribuyente y en muchas otras maneras. Los museos públicos de historia natural a menudo tienen exposiciones multimillonarias sobre la evolución, típicamente con el mismo prejuicio religioso y no-científico que plaga los libros de texto. La Academia Nacional de Ciencias (cuyos miembros, según una encuesta reciente en la revista Nature, son el 72.2% ateos y 20.8% agnósticos [Larson y Witham, 1998, 394[6691]:313]) recibió recientemente un fondo para desarrollar una guía de estudio, titulada Enseñando acerca de la Evolución y la Naturaleza de la Ciencia (Teaching about Evolution and the Nature of Science) para adoctrinar a los estudiantes con la evolución. Los consejos incluyen animar a los estudiantes religiosos a creer que “Dios usó la evolución” o que la evolución de alguna manera es compatible con la Biblia (National Academy of Sciences, 1998, p. 58). Los intentos de animar a los estudiantes a adorar a muchos “dioses” se parecen a los de Jeremías 11:13.

CONCLUSIÓN

Se puede aprender mucho del relato de Elías y los profetas de Baal (1 Reyes 18). Las religiones falsas habían engañado grandemente a los israelitas, y su liderazgo estaba comprometido completamente con esas religiones falsas. La reacción de la Reina Jezabel cuando Elías probó que la religión de ella era falsa es muy reveladora. En vez de agradecer a Elías y hacer regresar a su país (y a sí misma) al curso correcto, ella juró matarle. Hoy existe una situación similar. La evidencia para la existencia de Dios es clara. No obstante, en vez de dar gracias por la evidencia, mucha gente va a extremos para defender la religión falsa que han escogido seguir. Los métodos que se usaron para promover la Teoría de la Evolución son ejemplos de este extremismo.

Las religiones falsas se han opuesto a Dios a través de la historia registrada, y continuarán haciéndolo hasta que Cristo regrese. Romanos 1:20-22 declara:

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.

Negar la existencia de Dios no tiene excusa. Aunque los evolucionistas profesen ser sabios, la Teoría de la Evolución no es nada más que una tendencia fundamental de la religión ateística. No tiene nada que ver con la verdadera ciencia.

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