“[L]os psicólogos evolucionistas creen que han llegado a la conclusión de uno de los misterios prevalecientes de la vida, la ‘ley moral’ universal que subraya nuestras nociones intuitivas de lo bueno y lo malo”. Estas fueron las palabras del editor principal de la revista Newsweek Jerry Adler en su artículo titulado, “Los Nuevos Negativistas” (“The New Naysayers”, 2006).
Hace mucho tiempo se ha sabido que la moralidad existe (vea Taylor, 1945, p. 83). Incluso los ateos más renombrados han admitido esto (vea Simpson, 1967, p. 346): existe lo bueno y lo malo; existe lo correcto y lo incorrecto. Distintas personas ponen límites en diferentes lugares, pero “todos están de acuerdo que existe un límite” (Taylor, 1945, p. 83). ¿Por qué?
¿Por qué somos los humanos seres morales, si, como los evolucionistas enseñan, simplemente hemos evolucionado de la materia inanimada, mecánica e inconsciente durante billones de años? ¿Por qué los seres humanos sentimos el “deber” de ayudar a los pobres, débiles y oprimidos si simplemente evolucionamos por la ley natural de “la fuerza hace el derecho” (i.e., la supervivencia del más fuerte)? Adler destacó a Richard Dawkins en su artículo “Los Nuevos Negativistas” como uno de tres eruditos que “argumentan que el ateísmo es más inteligente” (2006, p. 47). Aparentemente, un ejemplo de la superioridad del ateísmo viene de la nueva explicación evolutiva para la moralidad, lo cual ellos describen como “uno de los misterios prevalecientes de la vida” (p. 48). Según Adler,
Dawkins intenta mostrar cómo los impulsos humanos más altos, tales como la empatía, la caridad y la lástima, pudieron haber evolucionado por medio del mismo mecanismo de la selección natural que creó el pulgar. Los biólogos entienden que la fuerza motriz en la evolución es la supervivencia y propagación de nuestros genes. Estos pueden incitar actos instintivos de bondad...incluso cuando parezca que son contraproducentes para nuestros intereses—es decir, al arriesgar nuestra vida para salvar a otra persona. La psicología evolutiva puede explicar cómo pudo haber evolucionado la conducta desinteresada (pp. 48-49, énfasis añadido).
Y ¿cuál exactamente son estas explicaciones? (1) “El receptor (de nuestros actos de bondad—EL] puede tener una relación sanguínea que porta algunos de nuestros genes”. (2) “O nuestros actos pueden concedernos gratitud futura o reputación por la valentía, lo cual nos hace parejas más deseables”. (3) “Los impulsos de generosidad pudieron haber evolucionado mientras los humanos vivían en pequeños grupos en los cuales casi todos estaban relacionados, así que esa bondad llegó a ser la aspiración humana casual” (p. 49).
Ahí lo tiene—las explicaciones “más inteligentes” del ateísmo para la moralidad. Aunque la “fuerza motriz” de la evolución—la selección natural—se opone a esta moralidad, ahora se nos dice que los impulsos humanos de empatía, caridad y lástima “pueden incitar actos instintivos de bondad...incluso cuando parezcan que son contraproducentes para nuestros intereses” (p. 48). En resumen, nuestro sentido de la “responsabilidad” moral viene (1) del deseo de transmitir nuestros genes, (2) del deseo de ser un héroe y ganar popularidad y/o (3) de la coincidencia.
En realidad, el ateísmo “más inteligente” es tan necio como siempre (Salmos 14:1; 1 Corintios 1:25). El deseo de transmitir nuestros genes o ser un héroe no puede explicar los orígenes de la moralidad humana. Cuando alguien ve un niño que no es su familia, que cuelga de un balcón en un sexto piso, y se siente impulsado a salvar a ese niño de la muerte (incluso cuando nadie esté mirando), se debe explicar ese sentido de la obligación moral en alguna manera distinta a la evolución. Cuando alguien es impulsado a emplear tiempo, dinero y energía para ayudar a la supervivencia de un pobre extraño, incluso cuando esa acción pueda significar arriesgarse a ser lesionado o muerto, las explicaciones naturalistas simplemente no son suficientes. Decir, “la bondad llegó a ser la aspiración humana casual” es simplemente una evasiva por falta de una explicación naturalista adecuada.
La moralidad existe y solo tiene sentido si existe un Dios, ya que Dios solamente pudiera crearla. Si se ha demostrado que todas las explicaciones naturalistas para la existencia de la moralidad son inadecuadas, por falta de otra explicación naturalista, la única explicación lógica debe ser lo Sobrenatural (i.e., Dios).
REFERENCIAS
Adler, Jerry (2006), “The New Naysayers,” Newsweek, September 11, pp. 47-49.
Simpson, George Gaylord (1967), The Meaning of Evolution (New Haven, CT: Yale University Press), edición revisada.
Taylor, A.E. (1945), Does God Exist? (London: Macmillan).
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