“En algunas maneras, Hiasl es como cualquier otro vienés: Tiene una debilidad por los dulces, le gusta pintar y disfruta pasar tiempo viendo la televisión”. Esta línea introduce un artículo que William Kole de la Prensa Asociada escribió. La artimaña del artículo es que Hiasl, quien el autor describe “como cualquier otro vienés”, no es un ser humano—es un chimpancé (2007).
Los activistas por los derechos de los animales se han juntado para intentar que se otorgue personalidad legal a Hiasl, un chimpancé de 26 años. Eberhart Theuer, un abogado que está luchando por el estatus de Hiasl, declaró: “Nuestro argumento principal es que Hiasl es una persona y tiene derechos legales básicos. Queremos decir el derecho de vivir, el derecho a no ser torturado, el derecho a la libertad bajo ciertas condiciones” (citado en Kole, 2007). Theuer y sus asociados necesitan que la ley reconozca a Hiasl como una persona para que el chimpancé pueda ser dueño de una propiedad y por ende reciba donaciones de la gente que quiere pagar los gastos de vida de Hiasl. Sin la personalidad legal, se pudiera vender a Hiasl fuera de Austria, donde existen leyes que protegen a los chimpancés del trato cruel (2007).
Otorgar a un animal la calificación de persona pudiera “fijar un precedente” según Kole. Sin embargo, es interesante que el artículo aborde otorgar la calificación de persona solamente a los “simios”. De hecho, Kole señaló que Austria no es la única nación que está considerando estos ideales nobles. “El parlamento de España está considerando un proyecto de ley que aprobaría el Proyecto Gran Simio, una iniciativa internacional ubicada en Seattle para extender ‘protecciones fundamentales morales y legales’ a los simios”.
La suposición fundamental involucrada en esta legislación es que los simios están relacionados muy cercanamente a los humanos desde un punto de vista evolutivo. Ya que según la evolución los humanos son simplemente animales superiores y no seres diferentes, entonces los animales que parecen exhibir similitudes físicas a los humanos merecen ser tratados como humanos. No obstante, ese pensamiento pasa por alto la realidad que los humanos no son animales superiores, sino seres de una naturaleza completamente diferente a los animales. Solamente los humanos tienen un alma y fueron creados a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27). Si los humanos son simplemente animales glorificados, entonces ¿por qué se le daría a los simios el estatus de personas, y no a todos los otros animales? Muchos perros muestran una aptitud para aprender trucos, las vacas aprenden horarios de alimentación, los elefantes tienen una memoria impresionante, las ratas pueden orientarse en los laberintos, las pulgas pueden saltar grandes distancias, los mosquitos pueden succionar rápidamente la sangre y ciertas cucarachas pueden ser muy buenas mascotas y se pueden vender por miles de dólares. ¿No se debería otorgar a estos animales “sub-humanos” el estatus de personas al considerar su supuesta relación evolutiva con los humanos?
En realidad, ningún animal merece derechos humanos. Dios puso a los animales a la disposición de los humanos. Él incluso permite que los humanos coman animales (1 Timoteo 4:4). Y, aunque Dios espera que los humanos tratemos a los animales según el propósito de su existencia (Proverbios 12:10), Él no considera a los animales como gente, tampoco ningún humano racional debería hacerlo. Los intentos descabellados por difuminar los límites de la personalidad son nada menos que propaganda evolutiva empapada de sentimentalismo moderno confundido. Si los activistas necesitan una causa, ¿por qué no pelean por los derechos de miles de humanos no-nacidos que son sacrificados diariamente en las clínicas de aborto alrededor del mundo?
REFERENCIAS
Kole, William J. (2007), “Activists Want Chimp Declared a ‘Person’,” [En-línea], URL: http://www.breitbart.com/article.php?id=D8OTLSUG0&show_article=1.
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