INTRODUCCIÓN
Hubo un tiempo cuando los creacionistas estuvieron considerados en el “grupo secundario”—pocos en número y no considerados como mucha amenaza. Sin embargo, aquellos días hace mucho tiempo que han pasado. Con la publicación en 1961 por John C. Whitcomb y Henry M. Morris de su texto clásico, The Genesis Flood (El Diluvio del Génesis), el interés en la creación comenzó a florecer. La formación de la Sociedad de Investigación de la Creación en 1963 intensificó ese interés. El establecimiento en 1970 del Instituto por la Investigación de la Creación proveyó ímpetu adicional al movimiento de la creación. Hoy existen muchísimas organizaciones creacionistas—locales, regionales, nacionales, e incluso internacionales—todas las cuales están trabajando para hacer de la creación una alternativa popular sobre la teoría de la evolución.
Existe evidencia clara de que estos esfuerzos combinados están teniendo un impacto serio. Por ejemplo, en la página principal, en la columna central de un artículo en el Wall Street Journal de junio 15 de 1979, el autor comentaba sobre cómo los creacionistas, cuando se comprometen en debates con evolucionistas, “tienden ganar”, y que la creación está “haciendo progreso”. Alrededor del mismo tiempo, numerosos diarios populares y científicos se unieron en la reyerta. La edición de septiembre de 1979 de Bio-science, la edición especial del invierno de 1979 de Science Digest, la edición de julio de 1979 de Scientific American, y la edición de junio 1 de 1979 de Science portaban artículos especiales sobre el creacionismo.
Adicionalmente, en 1979 los encuestadores de Gallup condujeron una encuesta al azar, inquiriendo acerca de la creencia en la creación versus la evolución. La encuesta había sido comisionada por Christianity Today y fue reportada en su edición de diciembre 21 de 1979. Esta encuesta encontró que el 51% de americanos creía en la creación especial de un Adán y Eva literal como el comienzo de la vida humana. Luego, la edición de marzo de 1980 de la American School Board Journal reportó que el 67 % de sus lectores (mayormente miembros del consejo escolar o administradores de la escuela) favorecían la enseñanza de evidencias científicas para la creación en las escuelas públicas (p. 52). La revista Glamour condujo su propia encuesta, y reportó los resultados en su edición de agosto de 1981 (p. 29). La revista encontró que el 74% de sus lectores favorecía la enseñanza de evidencias científicas para la creación en las escuelas públicas. Una de las más autoritativas de esas encuestas fue conducida en octubre de 1981 por la organización de encuestas Associated Press/NBC News. Los resultados fueron como siguen:
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“Solamente la evolución debería ser enseñada”
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8%
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“Solamente la creación debería ser enseñada”
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10%
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“Tanto la creación y la evolución deberían ser enseñadas”
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76%
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“No saben cuál de las dos debería ser enseñada”
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6%
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Por ende, en 1981 no menos del 86 % de la gente encuestada creía que la creación debería ser enseñada en las escuelas públicas. En agosto de 1982, otra encuesta de Gallup encontró que el 44% de aquellos encuestados creía no solamente en la creación, sino en una creación reciente de menos de 10,000 años atrás (vea Henry Morris, 1982, pp. 12, 130,164; vea también San Diego Union). En noviembre 28 de 1991 fueron emitidos los resultados de una encuesta más nueva. Según los encuestadores, el 47% de los respondientes admitió que creía en una creación reciente del hombre (arriba de la cifra de 1982 del 44%). Solamente el 9% expresó la creencia en una forma de evolución estrictamente naturalista (vea John Morris, 1992, p. d).
Dos años después, en 1993, una encuesta de Gallup produjo casi los mismos resultados. De aquellos que respondieron, el 47% declaró que creía en una reciente creación del hombre; el 11% expresó su creencia en una forma de evolución estrictamente naturalista (vea Newport, 1993, p. A-22). Cuatro años después de ese sondeo, una encuesta de Gallup de 1997 encontró que el 44% de americanos (incluyendo el 31% quienes eran graduados de la universidad) se subscribió a una lectura completamente literal del relato del Génesis de la creación, mientras otro 39% (53% de los cuales fueron graduados de la universidad) creía que Dios cumplió a lo menos algún rol en la creación del Universo. Solamente el 10% (17% de graduados de la universidad) abrazó un punto de vista evolutivo y naturalista (vea Bishop, 1998, pp. 39-48; Sheler, 1999, pp. 48-49). Los resultados de una encuesta de Gallup en agosto de 1999 fueron prácticamente idénticos: el 47% declaró que creía en una reciente creación del hombre; el 9% expresó la creencia en la evolución estrictamente naturalista (vea Moore, 1999).
En su edición del 11 de marzo del 2000, el diario New York Times publicó una historia titulada “Survey Finds Support is Strong for Teaching 2 Origin Theories” (Encuesta Encuentra Sostenimiento que es Fuerte para la Enseñanza de 2 Teorías de los Orígenes), que se reportó en una encuesta comisionada por el grupo de derecho liberal civil, People for the American Way (Gente por el Modo Americano), y que fue dirigida por la prestigiosa firma de investigación de votación/pública, DYG, de Danbury, Connecticut. De acuerdo con el reporte, el 79% de la gente encuestada sentía que la evidencia científica para la creación debería ser incluida en el currículo de las escuelas públicas (vea Glanz, 2000, p. A-1).
Desde luego, lo sorprendente acerca de todo esto es que estos resultados han sido logrados después de más de un siglo de adoctrinamiento evolutivo. Los evolucionistas, dicho innecesariamente, no han estado complacidos con el fracaso obvio de sus esfuerzos en adoctrinar al público americano. Como resultado, una “histeria anti-creacionista” está ahora en pleno apogeo. Están siendo pasadas resoluciones en contra del creacionismo, están siendo distribuidos folletos pro-evolución, están siendo formados “comités de correspondencia”, están siendo menospreciados los debates con los creacionistas (para que así los creacionistas nunca más puedan “tender ganar” y hacer que los evolucionistas luzcan mal), y están siendo publicados libros anti-creacionistas de las prensas a un ritmo sin precedente.
Por ejemplo, en la edición de enero/febrero de 1977 de la revista The Humanist, la Asociación Americana Humanista disparó la salva principal al publicar un “Manifiesto” afirmando que la evolución está “firmemente establecida en el punto de vista de la comunidad científica moderna”. Seguido a esto, Dorothy Nelkin de la Universidad de Cornell publicó lo que llegaría a ser la primera en una prolongada serie de libros anti-creacionistas cuando escribió Science Textbook Controversies and the Politics of Equal Time—Controversias del Libro de Texto de Ciencia y la Política del Tiempo Capaz (1977). Desde entonces, un montón de libros anti-creacionistas han sido producidos. Los siguientes son solamente unos pocos de tales volúmenes: (1) Abusing Science: The Case Against Creationism (Ciencia Abusada: El Caso en Contra del Creacionismo), por Philip Kitcher (1982); (2) Scientists Confront Creationism (Los Científicos Enfrentan al Creacionismo), editado por Laurie Godfrey (1983); (3) Evolution and the Myth of Creationism (La Evolución y el Mito de la Creación), por Tim Berra (1990); (4) Creationism’s Upside-Down Pyramid: How Science Refutes Fundamentalism (La Pirámide Al Revés del Creacionismo: Cómo la Ciencia Refuta el Fundamentalismo), por Lee Tiffin (1994); (5) Science and Earth History: The Evolution/Creation Controversy (La Ciencia y la Historia de la Tierra: La Controversia Evolución/Creación), por Arthur N. Strahler (1999); y (6) The Triumph of Evolution and the Failure of Creationism (El Triunfo de la Evolución y el Fracaso del Creacionismo), por Niles Eldredge (2000).
Esta lista podría ser alargada con facilidad. Sin embargo, el punto está bien hecho. El creacionismo nunca más es tomado a la ligera. Un “llamado a tomar las armas” ha sido hecho por los establecimientos evolutivos, y está siendo respondido por un número de eruditos impresionantes en la comunidad evolutiva. Los evolucionistas han “apuntado” a la creación e intentan “disparar a matar”.
En medio de esta reacción casi histérica por la popularidad actual de la creación, algunos evolucionistas (especialmente aquellos que escriben libros como los anteriormente citados) han criticado la creación muy fuertemente sobre cualquier número de terrenos. Desde luego, uno nunca debería estar sorprendido de que ese criticismo de los principios básicos del creacionismo sea ofrecido por los evolucionistas, ya que la creación (un sistema de orígenes basado en el sobrenaturalismo) y la evolución (un sistema de orígenes que niega lo sobrenatural y basado estrictamente en el naturalismo) son las únicas dos probabilidades. Ofrecer una alternativa para la evolución por medio de la creación socava todo lo que el evolucionista defiende. Entre los criticismos acusados a la creación (y a los creacionistas) están cualquier número de argumentos que son carentes de toda lógica y razonamiento. Y aunque no me será posible tratar aquí con todos estos argumentos, me gustaría responder a pocos de los más engañosos.
Argumento #1.
La creación no es científica, ya que la creación no es probable, reproducible, o repetible. La evolución, por otra parte, es científica, y debería ser enseñada en los currículos de ciencia, mientras que la creación no debería.
Respuesta.
Para que una teoría pueda calificar como “científica”, ésta debe ser sostenida por los eventos, procesos, o propiedades que pueden ser observadas, y debe ser útil para predecir las consecuencias de los fenómenos naturales futuros o los experimentos del laboratorio. En adición, la teoría debe ser capaz de falsificación. Eso quiere decir que, debe ser posible concebir de algún experimento el fracaso que desaprobaría la teoría. Es sobre estas bases de tales criterios que los evolucionistas insisten que a la creación se le debe ser negada la respetabilidad como una explicación científica de los orígenes. La creación no ha sido atestiguada por los observadores humanos, no puede ser probada experimentalmente, y como una teoría no es falsificable. Sin embargo, nótese que la Teoría General de la Evolución (i.e., evolución orgánica) también falla en reunir todos estos tres criterios. Nadie ha observado el origen del Universo o el origen de la vida. Nadie ha observado la transformación de un pez en un anfibio o una criatura como-simio en un humano. Los evolucionistas Paul Ehrlich y L.C. Birch, han declarado:
Nuestra teoría de la evolución ha llegado a ser...una que no puede ser refutada por ninguna observación posible. Toda observación imaginable puede ser calzada en ésta. Por ende está “fuera de la ciencia empírica” pero no es necesariamente falsa. Nadie puede pensar en maneras en la cual probarla. Las ideas, sin bases o basadas en pocos experimentos de laboratorio realizados en sistemas extremadamente simplificados, han logrado aceptación más allá de su validez. Éstas han llegado a ser parte de un dogma evolutivo aceptado por la mayoría de nosotros como parte de nuestro entrenamiento (1967, 214:349).
En un simposio en el Instituto Wistar en Philadelphia (sobre las probabilidades matemáticas de la evolución habiendo realmente ocurrido), Murray Eden, hablando acerca de la calidad de falsificación de la evolución, dijo:
Esto no puede ser hecho en la evolución, tomándolo en su sentido amplio, y esto es realmente todo lo que quise decir cuando la llame tautológica en primer lugar. Yo puedo, en efecto, explicar cualquier cosa. Ustedes pueden ser ingeniosos o no al proponer un mecanismo que parece plausible a los seres humanos, y mecanismos que son consistentes con otros mecanismos que han descubierto, pero ésta todavía no es una teoría falsificable (1967, p. 71).
Ni la creación, ni la evolución pueden ser probadas, en el sentido de ser observables experimentalmente. Sin embargo, ambas pueden ser declaradas como modelos científicos. Es ciencia pobre, e incluso educación más pobre, restringir la instrucción solamente al modelo de la evolución. Cuando los evolucionistas intentan representar la evolución como el único modelo científico, ellos nunca más están hablando en el contexto de verdad científica. O ellos no saben que es lo que la información realmente revela, o ellos deliberadamente están intentando engañar. La evolución falla al responder más preguntas que las que ésta pretende responder, y el modelo de la creación ciertamente tiene tanto (y a menudo más) para ofrecer como un modelo alternativo. No está dentro del dominio de la ciencia el probar algún concepto concerniente a los orígenes fundamentales. Lo mejor que uno puede esperar en esta área es un modelo adecuado para explicar la evidencia circunstancial a la mano. Cuando uno observa el diseño innegable, y la naturaleza intrincada de la vida, la creación llega a ser bastante atractiva. Ésta a lo menos posee una explicación potencial para tales atributos. La evolución no lo hace, pero en cambio se nos pide que creamos que el diseño, la complejidad inherente, y la intrincación son los resultados de procesos al azar operando en eones de tiempo.
Argumento #2.
Aunque pueda ser verdad decir que la evolución no puede ser demostrada, a lo menos está basada en procesos naturales, mientras que la creación está basada en procesos sobrenaturales. Esto, en y por sí mismo, prueba que la creación es intrínsecamente no-científica.
Respuesta.
Realmente este argumento está intencionado a ser doble en su verdad. Primero, está intencionado a transmitir la idea de que ya que la “creación ocurrió en el pasado distante como resultado de eventos ahora no capaces de ser estudiados en el laboratorio, está fuera del reino de la ciencia empírica. Segundo, está intencionado a transmitir la idea de que solamente aquellas cosas que son puramente naturalistas son de una naturaleza científica y por ende pueden ser estudiadas científicamente. Vamos a examinar estos dos conceptos.
Primero, ninguno de entre nosotros niega que la creación ocurriera en el pasado distante como resultado de eventos ahora no capaces de ser estudiados experimentalmente en el laboratorio. No obstante, se debe notar que el mismo enunciado puede ser hecho del panorama de la evolución del origen del Universo, y, de hecho, ha sido hecho por los mismos evolucionistas. Incluso cualquiera vagamente familiarizado con los trabajos de los evolucionistas como Robert Jastrow y Fred Hoyle está consciente del hecho de que estos escritores, y otros como ellos, consistentemente han señalado que el origen del Universo, y de la vida misma, ocurrieron en el pasado distante bajo condiciones no experimentalmente reproducibles, y por ende no capaces de ser estudiados en una manera estrictamente científica. Se alega que el origen del Universo (y el concepto de la evolución, el cual está vinculado inextricablemente a éste) ha comenzado en el pasado pre-humano sobre condiciones que no son reproducibles. Eso, pareciera al observador imparcial, que pondría tanto a la creación como a la evolución en igual nivel. No será suficiente decir simplemente que la “creación está basada sobre procesos sobrenaturales en el pasado” y por ende no es científica. Los orígenes “sobrenaturales” de la creación no están menos disponibles al examen científico de lo que están los orígenes “únicos” (aunque presuntamente “naturales”) de la evolución.
Segundo, ¿quién definiera a la ciencia como “naturalismo”? La palabra “ciencia” se deriva del latín scientia, que significa “conocimiento”. Se supone que los científicos deben “investigar por la verdad” (el conocimiento) sin consideración a dónde esa investigación guíe. La ciencia está basada en una observación de los hechos, y está dirigida a buscar patrones de orden en la información observada. No existe nada en la ciencia verdadera que excluya el estudio de los objetos creados. Asumir que el conocimiento puede ser adquirido solamente en la base del naturalismo, y que solamente aquellos asuntos que pueden haber venido “naturalmente” pueden ser estudiados, es disfrazar la situación completamente. Es a lo menos posible que la creación pudiera ser la explicación verdadera de los orígenes, y por ende es prematuro e intolerante de parte de ciertos científicos el excluirla del dominio de la ciencia.
Argumento #3.
Los creacionistas realmente son nada más que seudo-científicos, y no deberían ser considerados como científicos “reales” como los evolucionistas.
Respuesta.
Esta acusación, la cual está llegando a ser muy común, no es nada menos que propaganda humanista anti-creacionista intencionada a ser usada como una “táctica de susto”. Sin embargo, puede ser refutada muy fácilmente. Primero, muchos científicos del pasado fueron creacionistas. Hombres como Kepler, Boyle, Pascal, Newton, Faraday, Pasteur, Maxwell, Kelvin, y muchos otros que fundaron las varias disciplinas de la ciencia, fueron creacionistas, no evolucionistas. Segundo, todos los científicos reales no son necesariamente evolucionistas. Existen miles de científicos auténticos hoy en día que son creacionistas, no evolucionistas. Ellos se han diplomado de instituciones reconocidas de aprendizaje superior, y tienen constancias y credenciales comparables a aquellas de algún otro segmento de la comunidad científica. Existen creacionistas con doctorado en filosofía, doctorado en medicina, doctorado en ciencia, etc. en cada una de las ramas de las ciencias puras y aplicadas—biología, geología, física, ingeniería, medicina, y así sucesivamente.
Aunque es verdadero que los nombres de evolucionistas tales como Carl Sagan, Stephen Jay Gould, Robert Jastrow, y otros han llegado a ser muy populares, es igualmente verdadero que existen miles de científicos creacionistas trabajando en la comunidad científica hoy en día que son igualmente tan buenos en sus trabajos como los hombres de algún modo de más grande estatura pública. El hecho de que un hombre sea creacionista, y por tanto no esté de acuerdo con la evolución, no lo hace por definición un “seudo-científico”. Lo cierto es que los evolucionistas están molestos por la popularidad reciente de la creación, y han recurrido a esta clase de nombramiento en un intento por socavar la credibilidad de algunos científicos creacionistas. Pero cuando hombres tales como Wernher von Braun, A.E. Wilder-Smith, Walter Lammerts, Dean Kenyon, y otros como ellos ofrecen aceptar el creacionismo, el argumento de que los científicos de la creación son nada más que “seudo-científicos” de repente palidece en insignificancia, y rápidamente es descubierto carente de alguna verdad en absoluto.
Argumento #4.
El “motivo ulterior” de los creacionistas es simplemente hacer que sus propios puntos de vista religiosos sean enseñados en las escuelas públicas bajo el pretexto de la “ciencia de la creación”.
Respuesta.
Ésta es todavía otra de las tácticas de susto ofrecidas por los humanistas evolucionistas, y otra vez, fácilmente es mostrada ser falsa. Por ejemplo, cualquiera que ha examinado libros sobre la creación escritos por creacionistas para uso en aulas de escuelas públicas notará la ausencia obvia de alguna insinuación religiosa. No existe mención de Dios, no existen citas de la literatura religiosa (incluyendo la Biblia), y no hay referencias a la religión en general. Será un poco difícil para los evolucionistas el convencer al público de que los creacionistas simplemente quieren conseguir que la “religión entre en las escuelas públicas” cuando algunos de los críticos más directos de la religión en las escuelas públicas (e.g., religiones como el humanismo secular, etc.) son creacionistas.
Argumento #5.
Los creacionistas son incapaces de sostener su propio litigio con las evidencias científicas. Todo lo que pueden hacer es intentar atacar el litigio de los evolucionistas con “evidencia negativa”. ¿Por qué no tienen los creacionistas alguna evidencia científica para sostener su litigio?
Respuesta.
Esta argumentación es parloteada a la ligera por evolucionistas que deben estar mejor informados. En debates múltiples con los evolucionistas, los científicos de la creación han afirmado porciones tras porciones de evidencia positiva para el modelo de la creación. Las evidencias de los varios campos de la ciencia son amontonadas una sobre la otra para hacer el caso más fuerte para la creación. De hecho, libros enteros han sido escritos sobre el tema. Los creacionistas continuamente señalan a los evolucionistas que la Ley de la Biogénesis declara explícitamente que la vida viene solamente de la vida precedente de su clase, y que esta ley es la misma piedra angular de toda la biología. Los creacionistas a menudo señalan que el registro fósil está repleto de brechas, y está completamente ausente de formas transicionales las cuales la evolución debe tener si debe preservar su litigio. Los creacionistas continuamente señalan que existen muchas evidencias que indican una Tierra joven (e.g.: las presiones liquidas de pozos de petróleo, el inventario de helio en la atmósfera, la cinética de la población, el deterioro del campo magnético de la Tierra, los halos de polonio en las rocas “más antiguas”, etc.) que por definición excluirían la evolución. Los creacionistas constantemente señalan que las mutaciones genéticas reducen la viabilidad, en vez de cambiar a una especie en otra. Los creacionistas continuamente señalan que la selección natural preserva el statu quo y elimina aquellos organismos que son “cambiados” de la norma. Los creacionistas continuamente señalan que las leyes de la termodinámica claramente indican que el Universo: (1) no pudo haberse creado a sí mismo; y (b) está desgastándose y llegando a ser menos ordenado, no “desarrollándose” y llegando a ser más ordenado. Los creacionistas continuamente señalan que el Universo es contingente, y que las entidades contingentes son dependientes en el fondo de una entidad no-contingente—un concepto que calza el modelo de la creación perfectamente, pero que es algo que el modelo de la evolución no puede explicar.
Uno por uno los argumentos de los evolucionistas pueden ser, y han sido, respondidos. Tales tácticas como insultos, sutilezas, disimulos son en el fondo respuestas completamente inadecuadas para la presentación de evidencia científica real de los creacionistas. Finalmente el subterfugio empleado por los evolucionistas es visto por lo que es realmente—ilógico y sin mérito. Aunque puede haber sido verdadero que en el pasado los evolucionistas pudieron ganar argumentos por simple ampulosidad única, ese tiempo hace mucho que ha pasado. Los argumentos ofrecidos por los creacionistas simplemente son demasiado poderosos, y no pueden ser ignorados nunca más.
REFERENCIAS
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Bishop, George (1998), “The Religious Worldview and American Beliefs about Human Origins,” The Public Perspective, pp. 39-48, August/September.
Eden, Murray (1967), in Mathematical Challenges to the Neo-Darwinian Interpretation of Evolution (Philadelphia, PA: Wistar Press).
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Kitcher, Philip (1982), Abusing Science: The Case Against Creationism (Cambridge, MA: MIT Press).
Moore, David W. (1999), “Americans Support Teaching Creationism as Well as Evolution in Public Schools,” [en-línea], URL: http://www. gallup.com/poll/releases/pr990830.asp (Princeton, NJ: Gallup News Service).
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Newport, Frank (1993), “God Created Humankind, Most Believe,” Sunday Oklahoman, A-22.
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Sheler, Jeffery L. (1999), Is the Bible True? (San Francisco, CA: HarperCollins).
Strahler, Arthur N. (1999), Science and Earth History: The Evolution/Creation Controversy (Buffalo, NY: Prometheus), second edition.
Tiffin, Lee (1994), Creationism’s Upside-Down Pyramid: How Science Refutes Fundamentalism (Buffalo, NY: Prometheus).
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