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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

Las Teorías del Origen a la Luz de las Predicciones Razonables
por Wayne Jackson, M.A.

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INTRODUCCIÓN

Los ateos argumentan que la materia es eterna, que el Universo es auto-creado, y que todo organismo vivo ha evolucionado de un antepasado primitivo común hace millones de años. Por otro lado, los teístas (creacionistas) sostienen que la materia no es eterna, que el Universo fue creado por una Fuerza Personal no-material [identificada en la Biblia como “Dios”], y que los “géneros” básicos de los organismos vivos fueron creados distintivamente varios miles de años atrás. Ninguno de estos puntos de vista pueden ser demostrados científicamente, ya que el asunto de los orígenes está más allá de la experiencia humana, por eso, no se sujeta al método científico (vea Thompson, 1981, 1:21-23; Thompson, 1995, pp. 42-45). Sin embargo, cada uno de estos puntos de vista puede ser examinado para determinar cuál está más cercanamente alineado con la información científica actual.

Un criterio por el cual se juzga a una teoría es por su valor predictivo. Cuando uno formula una teoría, generalmente postula que si su teoría es verdadera, entonces probablemente ciertas expectativas deban realizarse. Si sus predicciones (expectativas) son satisfechas, él supone que tiene una buena teoría. Si sus predicciones fallan constantemente, él supone que su teoría es pobre, o del todo inválida.

Con estas premisas en mente, vamos a considerar esta pregunta: ¿Cuál concepto—la teoría de la evolución o la teoría de la creación—parece contener mayor validez a la luz de su valor predictivo? Nosotros dirigiremos nuestra atención a varias áreas específicas.

EL UNIVERSO MATERIAL

Si el punto de vista ateo del origen del Universo fuera verdadero, uno podría esperar que un estudio cuidadoso de la evidencia disponible indicara que la materia tiene alguna propiedad creativa o regenerativa, lo cual argumentaría para su eternidad. Por otro lado, si la teoría creacionista es válida, uno puede predecir que existe la evidencia que sugiere que el Universo no es eterno, y que la materia no posee habilidad auto-creativa. ¿Cuál de estos dos modelos es más confiable de manera previsible? ¿Qué revela la evidencia? La Primera y Segunda Ley de la termodinámica, las cuales son llamadas “las generalizaciones más firmes de experiencia que tenemos” (Bridgman, 1953, p. 549), revelan que: (a) según procesos presentes, la materia no está siendo creada; y (b) el Universo está desgastándose, por ende, no es eterno. Por tanto, claramente el modelo creacionista es más consistente con las predicciones razonables que se relacionan al origen del Universo.

EL ORIGEN DE LA VIDA

El ateísmo asevera que la “vida en la tierra surgió espontáneamente de la materia no-viva” (vea Simpson, 1964, p. 771). Además, ya que el ateísmo está de acuerdo con el concepto rígido del uniformismo, que ve los procesos pasados y presentes como una operación uniforme suficiente para explicar el origen y desarrollo de todas las cosas, este modelo predijera que la vida pudiera ser espontáneamente generada de materiales no-vivos hoy en día. A la inversa, el creacionismo afirma que la vida originalmente se derivó de una Fuente-de-Vida eterna y no-física [Dios—Génesis 1] por medio de actos milagrosos no repetidos después de la semana de creación (Génesis 2:1,2). En consecuencia, la teoría de la creación predice que la vida no está siendo generada espontáneamente sobre la Tierra hoy en día. Pero ¿cuál predicción es apoyada por la evidencia?

En su popular libro de texto, Life: An Introduction to Biology (Vida: Una Introducción a la Biología), los evolucionistas Simpson, Pittendrigh, y Tiffany trataron los experimentos de Francesco Redi (1627-1697) y Louis Pasteur (1822-1895), y luego comentaron que: “Fue demostrado que los microorganismos son llevados a cabo por el aire y que la generación espontánea no ocurre en ningún caso conocido” (1957, p. 261, énfasis añadido). La figura no ha cambiado en las tres décadas pasadas. Escribiendo en The Sciences, Joel Gurin declaró que: “Es casi imposible concebir que tal sistema [i.e., una célula viva—WJ] surja espontáneamente por casualidad...” (1981, p. 17). El modelo de la creación claramente tiene la mayor expectativa exacta en el asunto del origen de la vida.

LA GENÉTICA

En 1859, Charles Darwin propuso la teoría monofilética [i.e., una línea familiar] de la evolución por medio de la selección natural, la cual sugiere que de la primera célula viva, en un periodo de millones de años, evolucionaron organismos complejos multicelulares. Dentro del núcleo de las células de los organismos vivos se encuentran los cromosomas. Si ha existido una evolución gradual de todas las criaturas de lo simple a lo complejo, la escena evolutiva debería predecir un incremento en el número de cromosomas y calidad hacia arriba de la escala evolutiva ascendente. Por otro lado, el modelo de la creación vería los “géneros” básicos de las criaturas vivas como hechos independientemente, por ende, no predijera una escala ascendente de composición del cromosoma. ¿Qué demuestra la evidencia? Interesantemente, ésta revela que no existe patrón absoluto de desarrollo del cromosoma de los así-llamados organismos simples a los complejos. Note la siguiente tabla, la cual contrasta los números actuales de cromosomas de varios tipos de organismos con la predicción del modelo evolutivo.

PREDICCIÓN HECHOS
Simple a lo Complejo Cómputo de Cromosomas
Hombre Helecho–512
Perro Cangrejo de Río–200
Murciélago Perro–78
Gaviota Arenque Gaviota arenque–68
Reptiles Reptiles–48
Helecho Hombre–46
Cangrejo de Río Murciélago–32

Obviamente, algo está seriamente equivocado. El cómputo del cromosoma no se correlaciona con la predicción de la teoría evolutiva. El evolucionista Ashley Montagu admitió que “el número de cromosomas no parece estar asociado con el grado de complejidad de un organismo” (1960, p. 24). Los hechos genéticos actuales no calzan la predicción del modelo evolutivo.

EL REGISTRO FÓSIL

Lo siguiente es un resumen de algunas expectativas que uno puede tener concerniente a la información contenida en el registro fósil.

(1) El punto de vista evolutivo predice que el registro fósil comenzaría con un desarrollo gradual de organismos simples. El relato de la creación, rechazando la noción del desarrollo evolutivo, resaltaría que el registro fósil puede comenzar con una abundancia de formas de vida. Además, que los organismos serían completos y complejos—mientras que algunos más simples (i.e., menos móviles) serían generalmente encontrados más bajo en el estrato debido al Diluvio Global (Génesis 6-8; vea Jackson, 1980, pp. 38-42). ¿Qué sugieren los hechos reales? Primero, que existe una explosión verdadera de fósiles en el registro geológico, lo cual George Gaylord Simpson llamó el “mayor misterio de la historia de la vida” (1949, p. 18). Segundo, el estrato más bajo revela una gran variedad de “formas orgánicas complejas” que Kay y Colbert (1965, p. 102) describieron como “extraño” (lo cual significa que la información no calza las predicciones evolutivas). Tercero, no ha sido descubierto ningún fósil con órganos medio-formados.

(2) Ya que el registro bíblico enseña que Dios hizo todas las criaturas vivientes “según su género”, el creacionista esperaría que el registro fósil revelara distintas clases de organismos, sin ninguna forma transicional conectándolos. Si la evolución es verdadera, el registro fósil debería contener una cadena finamente-clasificada de fósiles transicionales de un género al otro, desde el principio de la escala evolutiva. Sin embargo, el registro fósil indica todo menos eso. Simpson ha admitido que existe una “ausencia regular de formas transicionales” entre “casi todo orden de todo género”. Él la llamó “un fenómeno casi universal” (1944, p. 107). Stephen Jay Gould, evolucionista bien-conocido de Harvard, confesó: “Todo paleontólogo sabe que el registro fósil contiene poquísimo en la dirección de las formas intermedias; las transiciones entre los grupos principales son característicamente abruptas” (1977, p. 24). El profesor Alfred S. Romer una vez declaró: “Están faltando ‘eslabones’ donde justo nosotros los deseamos más fervientemente y es completamente probable que muchos ‘eslabones’ continuarán faltando” (1949, p. 114).

(3) El punto de vista evolutivo de la historia argumenta que las varias clases de organismos llegaron a existir en una serie larga, con solamente pocos de ellos (generalmente hablando) viviendo en algún periodo dado. Supuestamente muchas de las criaturas llegaron a extinguirse mucho antes que otras evolucionaran. Por tanto, la evolución predijera que muchas de estas criaturas nunca podrían ser encontradas fosilizadas en el mismo estrato. No obstante, los creacionistas que creen que todos las clases principales de criaturas fueron hechas en la misma semana (Éxodo 20:11), predicen la posibilidad de encontrar una combinación de muchas clases de organismos en el mismo estrato. Ciertamente, la evidencia del registro fósil es devastadora para el modelo evolutivo porque revela tales cosas como: (a) dinosaurios y elefantes imperiales viviendo al mismo tiempo, aunque supuestamente estuvieron separados por millones de años (vea Verril, 1954, p. 162); y (b) huellas humanas en el mismo estrato de trilobites (organismos marinos pequeños de caparazón duro), aunque se supone que los dos han tenido medio billón de años de separación (vea Lammerts, 1976, pp. 188-189; para ejemplos adicionales, vea Jackson, 1980, pp. 27-37).

Por consiguiente es bastante aparente que las expectativas evolutivas que el ateísmo esperaría ver realizadas en el registro fósil no están justo allí.

LA EDAD DE LA TIERRA

Basados en su confianza de la exactitud de la información cronológica/geológica de la Biblia (como es afirmada incluso por la información arqueológica), los creacionistas predicen que existen evidencias que apuntan a una Tierra relativamente joven. Sin embargo, el ateísmo, ya que necesita “tiempo” para realizar “milagros” de evolución, espera que haya indicaciones de vastas eras de tiempo. El evolucionista George Wald incluso sugirió que “el tiempo mismo realiza milagros” (1954, p. 48). Por tanto, vamos a examinar en un caso específico, cómo cada uno de estos modelos se desenvuelve en el despertar de sus predicciones.

Existe un índice constante de polvo cósmico que entra a nuestra atmósfera del espacio exterior. Un científico estimó que alrededor de 14 millones de toneladas se instalan en la Tierra cada año (vea Petterson, 1960, p. 132). Si la Tierra tuviera casi 5 billones de años de edad, como los evolucionistas aseveran, habría una capa de polvo meteorítico de aproximadamente 182 pies de profundidad encima del mundo entero (vea Morris, 1974, p. 152). Desde luego, esa capa no existe. Sin embargo, los evolucionistas especulan que ésta simplemente ha sido disipada por los procesos de erosión de viento y agua. Aunque, fue pronosticado que en la Luna, donde la erosión no es un hecho, el polvo meteorítico sería bastante profundo. Algunos creacionistas argumentan que ya que la Luna no ha estado en existencia por 5 billones de años, el polvo de la Luna no sería tan profundo. Luego, en julio de 1969, la nave espacial Apolo 11 aterrizó en la Luna. Ésta no se hundió dentro de una capa vasta de polvo de la Luna. En efecto, el polvo era de un par de pulgadas de profundidad. ¡Las pisadas de Neil Armstrong en la Luna fueron un golpe cruel para el poder predictivo débil de la evolución! [NOTA: Para información adicional sobre el argumento del polvo de la Luna, vea Ackerman, 1986, pp. 15-23]. Y, muchos otros ejemplos pudieran ser dados.

CONCLUSIÓN

El evolucionista Karl Popper, famoso filósofo de ciencia, ha declarado que una teoría puede ser clasificada como una teoría “buena” solamente cuando ésta puede hacer “predicciones arriesgadas” y tiene esas predicciones confirmadas (1962, p. 36). Nosotros estamos de acuerdo de todo corazón con Whitcomb y DeYoung de que “la superioridad vasta del modelo de la creación...yace en las confirmaciones asombrosas de sus ‘predicciones arriesgadas’...” (1978, p. 64).

A la luz de las predicciones razonables, el punto de vista de la creación se hace patente con colores llamativos; la teoría de la evolución “sale reprobada”.

REFERENCIAS

Ackerman, Paul D. (1986), It’s A Young World After All (Grand Rapids, MI: Baker).

Bridgman, P.W. (1953), American Scientist, October.

Gould, Stephen Jay (1977), “The Return of Hopeful Monsters,” Natural History, June/July.

Gurin, Joel (1981), The Sciences, April.

Jackson, Wayne (1980), The Mythology of Modern Geology (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Kay, Marshall and Edwin Colbert (1965), Stratigraphy and Life History (New York: John Wiley & Sons).

Lammerts, Walter, ed. (1976), Why Not Creation? (Grand Rapids, MI: Baker).

Montagu, Ashley (1960), Human Heredity (New York: Mentor).

Morris, Henry M., ed. (1974), Scientific Creationism (San Diego, CA: Creation-Life Publishers).

Petterson, Hans (1960), Scientific American, February.

Popper, Karl (1962), Conjectures and Refutation (New York: Basic Books).

Romer, Alfred S. (1949), Genetics, Palaeontology and Evolution, ed. Jepsen, Mayr, and Simpson (Princeton, NJ: Princeton University Press).

Simpson, George Gaylord (1944), Tempo and Mode in Evolution (New York: Columbia University Press).

Simpson, George Gaylord (1949), The Meaning of Life (New Haven, CT: Yale University Press).

Simpson, George Gaylord (1964), Science, February 21.

Simpson, George Gaylord, C.S. Pittendrigh, and L.H. Tiffany (1957), Life: An Introduction to Biology (Harcourt, Brace, and World).

Thompson, Bert (1981), “The Limitations of Science and Its Method,” Reason & Revelation, 1:21-23.

Thompson, Bert (1995), Creation Compromises (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Verrill, A.H. (1954), Strange Prehistoric Animals and Their History (Boston, MA: L.C. Page).

Wald, George (1954), “The Origin of Life,” Scientific American, August.

Whitcomb, John C. and Donald DeYoung (1978), The Moon: Its Creation, Form, and Significance (Winona Lake, IN: BMH Books).



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