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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

La Revolución de la Evolución
por Wayne Jackson, M.A.

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INTRODUCCIÓN

En ningún tiempo de la historia del movimiento evolutivo moderno (i.e., desde la publicación del libro de Charles Darwin, El Origen de las Especies, en 1859), ha estado el mundo del pensamiento evolutivo en tal estado de caos. Las teorías antiguas con tantos años de respeto ahora están bajo ataque por una variedad nueva de científicos que nunca más pueden vivir con sus disparates e inconsistencias. Un tipo de canibalismo se ha desarrollado entre los evolucionistas quienes se muerden y devoran el uno al otro acerca del cambiar nociones concernientes al origen de la vida y el presunto desarrollo del mundo de las criaturas vivientes. Algunos ejemplos dramáticos de esta “revolución de la evolución” son dignos de consideración.

¿CÓMO SE ORIGINÓ LA VIDA?

George Gaylord Simpson de la Universidad de Harvard declaró: “Virtualmente todos los bioquímicos están de acuerdo que la vida en la tierra surgió espontáneamente de la materia no-viviente” (1964, 143:771). Algunos bioquímicos, aunque aceptan un origen naturalista de la vida, tienen gran dificultad con este concepto. A.I. Oparin, quien es considerado generalmente el “padre” de la teoría moderna de la evolución química, escribió:

Incluso las más simples de estas sustancias [proteínas—WJ] representan compuestos extremadamente complejos, que contienen muchos miles de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, y nitrógeno arreglados en patrones absolutamente claros, los cuales son específicos para cada sustancia separada. Para el estudiante de la estructura de la proteína la formación espontánea de tal arreglo atómico en la molécula de la proteína pareciera tan improbable como lo sería el origen accidental del texto “la Eneida” de Virgilio de letras esparcidas (1953, pp. 132-133).

Leer tal enunciado le recuerda a uno el comentario hecho por el profesor de Princenton Edwin Conklin: “La probabilidad de que la vida se origine de un accidente es comparable a la probabilidad de que un diccionario íntegro resulte de la explosión en una imprenta” (1963, p. 92). Casi veinte años después, Don Fred Hoyle, eminente astrofísico británico, escribió: “La posibilidad de que las formas de vidas superiores hayan emergido en esta manera es comparable a la posibilidad de que un tornado que barre un depósito de chatarra pueda ensamblar un Boeing 747 de los materiales allí encontrados” (1981, 284:105).

¿DÓNDE SE ORIGINÓ LA VIDA?

La mayoría de evolucionistas argumentarían que la vida se originó fortuitamente en algún estanque antiguo de cieno aquí en la Tierra más de tres billones de años atrás. Sin embargo, Hoyle y su colega, Chandra Wickramasinghe, han argumentado que los ancestros finales del hombre cayeron a la Tierra del espacio después de haber evolucionado del núcleo cálido y húmedo de un cometa (vea Gribbin, 1981). Tal idea perturbó al popular escritor de ciencia Isaac Asimov, quien contendió que “no tenemos absolutamente ninguna evidencia de que exista tal fenómeno como la vida en otros planetas” (1982, 90[3]:36).

Por otro lado, Don Francis Crick (co-descubridor de la estructura molecular del ADN) ha sugerido que cierta bacteria portadora de ADN debería ser disparada al espacio exterior para ayudar en la generación de vida allí (1981, 89[10]:82 et.seq.). Los evolucionistas son aficionados a decir que no existe controversia entre ellos en cuanto al hecho de la evolución—es solamente el “cómo” en lo que ellos no están de acuerdo. Pero no es así. ¡Ellos no pueden incluso estar de acuerdo en el “dónde”!

¿CUÁN RÁPIDAMENTE OCURRE LA EVOLUCIÓN?

Por décadas, los evolucionistas han argumentado que el proceso de cambio y desarrollo, de lo simple a lo compuesto, ocurrió en un periodo prolongado de tiempo por medio de la selección natural conjuntamente con las mutaciones genéticas. Sin embargo, a principios de la década de 1940, el evolucionista Richard Goldschmidt de la Universidad de California argumentó (a causa de las brechas masivas en el registro fósil) que los organismos existentes no podían ser explicados sobre el fundamento de las mutaciones pequeñas y gradualmente acumulativas. Él entonces postuló las mutaciones “sistémicas”, las cuales presuntamente produjeron lo que él apodó los “monstruos esperanzadores” (1940, p. 7; 1955, pp. 485-486). Goldschmidt especuló, por ejemplo, que la primera ave empolló del huevo de un reptil. Desde luego, nadie ha visto tal cosa; esto es pura ciencia ficción.

La “evolución rápida” postulada por Goldschmidt fue grandemente rechazada por sus compañeros científicos. El genetista Theodosius Dobzhansky de la Universidad de Rockefeller describió la noción como siendo caracterizada por “fenómenos imaginarios” y declaró que nadie “ha observado alguna vez el suceso de una ‘mutación sistémica’” (como citado en Flannigan, 1957, p. 131), lo cual ciertamente sugiere que el concepto no es científico.

No obstante, en años recientes algunos evolucionistas han tratado de resucitar los “monstruos esperanzadores” de Goldschmidt. Las “brechas” en el registro fósil continúan persiguiendo a los neo-darvinistas. Aunque el registro fósil ha sido caracterizado como “inmanejablemente rico” (vea George, 1960, p. 1), todavía existen “eslabones” vastos e inexplicables que faltan en la cadena evolutiva—eslabones que deberían estar allí si es que el panorama evolutivo es verdadero. En consecuencia, los evolucionistas tales como Stephen J. Gould han argumentado que “las transiciones estructurales principales pueden ocurrir rápidamente sin una serie uniforme de etapas intermedias” (1977, p. 24, énfasis añadido).

Por otra parte, el evolucionista Robert Jastrow, quien es considerado por muchos como uno de los más finos escritores de ciencia de nuestra generación, ha ridiculizado tal idea, y ha reconocido: “Está en la naturaleza de la evolución biológica el hecho de que esto siempre procede lentamente” (énfasis añadido). Además, él ha remarcado:

Para que un ojo o cerebro grandemente mejorado aparezca repentinamente, miles de estos cambios deben de ocurrir en una sola vez en un solo animal, todos accidentalmente, y aun en la dirección favorable. Eso sería tan improbable como lanzar al aire una moneda y recibirla por el lado correcto mil veces consecutivamente (1981, p. 86).

¿Ha avanzado la evolución rápida o lentamente? Escoja lo que desee.

¿CUÁL ES EL MECANISMO DE LA EVOLUCIÓN?

Si ha existido una proliferación dramática de organismos vivos de lo simple a lo compuesto, debe existir algún mecanismo por el cual esta explosión haya ocurrido. Una de las explicaciones ofrecidas para dar cuenta por esta diversificación es la de las mutaciones genéticas—es decir, la alteración del material genético de un organismo, lo cual produce un cambio en su desarrollo. La importancia de este concepto ha sido enfatizada por los evolucionistas en escritos científicos y populares. Por ejemplo, en su texto de biología, Life: An Introduction to Biology (Vida: Una Introducción a la Biología), Simpson, Pittendrigh, y Tiffany declararon: “Todo cambio evolutivo depende en el análisis final en las mutaciones” (1957, p. 322). En un artículo publicado varios años atrás en la Saturday Evening Post, William S. Beck de la Escuela Médica de Harvard reconoció que las mutaciones al azar son la “única fuente” para el cambio evolutivo (1958, p. 92). Aunque estas citas datan de la década de 1950, el sentimiento que expresan permanece como verdadero incluso hoy en día.

No obstante, en años recientes los evolucionistas han expresado dudas acerca del mecanismo exacto de la evolución. Pierre-Paul Grassé, anterior presidente de la Academia Francesa de Ciencias, anotó: “No importa cuan numerosas puedan ser, las mutaciones no producen ninguna clase de evolución” (1977, p. 88). Gould lamentó:

Una mutación no produce materia prima principal nueva. Usted no hace una especie nueva al mutar las especies... Esa es una idea común que la gente tiene; que la evolución se debe a las mutaciones al azar. Una mutación no es la causa del cambio evolutivo (como citado en Sunderland, 1984, p. 106).

El segundo mecanismo para el presunto cambio evolutivo es el proceso de la selección natural. Esta idea fue el empuje principal del libro de Darwin en 1859, El Origen de las Especies. Los evolucionistas argumentan que: (a) los organismos dentro de cada especie varían; (b) estas variaciones pueden ser heredadas; (c) los organismos pueden producir más descendencia que probablemente puede sobrevivir; y (d) la descendencia de la cual sus variaciones calza mejor en el medio ambiente es la que continuará sobreviviendo y reproduciéndose. Se alega que en millones de años este proceso resultaría en la progresión de formas de vida antiguas al mundo complejo de criaturas modernas. La importancia de este concepto para el panorama evolutivo no puede ser exagerada. En su popular libro, The Meaning of Evolution (El Significado de la Evolución), Simpson caracterizó a la selección natural como “el proceso decisivo y orientador en la adaptación continua”—por ende, el mecanismo final del cambio evolutivo (1961, p. 224).

No obstante, ahora la selección natural como un medio para explicar la evolución está bajo ataque—¡por los mismos evolucionistas! En 1971, Norman Macbeth, un abogado educado en Harvard, escribió su volumen ahora-famoso, Darwin Retried (Darwin Re-procesado), en el cual sin rodeos aseveró que “el Darvinismo clásico está muerto”. Siete años después, en el prólogo a la segunda edición de 1978, él declaró que aunque muchos evolucionistas todavía actúan confiadamente en público, “el círculo íntimo está lleno de duda”. Incluido en el libro estaba un capítulo sobre la selección natural, en el cual Macbeth argumentaba que ésta es nada más que una “tautología sin significado”—un juego de palabras que involucra razonamiento circular.

Mis estudios de la selección natural no han comenzado con presentimientos, pero para este tiempo, yo llegué a estar desconcertado y a sentirme escéptico. Un proceso que opera invisiblemente, con una intensidad que no puede ser observada y con ninguna habilidad para explicar problemas específicos, un proceso impersonal que está continuamente dando cualidades personales—me altera (1978, p. 46).

Y ¿qué acerca de la crítica de Colin Patterson, paleontólogo superior del Museo Británico de Historia Natural en Londres? En una entrevista de radio con la Corporación de Radiodifusión Británica en marzo 4 de 1982, el Dr. Patterson confesó: “Nadie alguna vez ha producido una especie por mecanismos de la selección natural. Nadie ha llegado alguna vez cerca de esto, y mucho del argumento actual en el neo-darvinismo es acerca de este asunto”. William Fix, en su libro, The Bone Peddlers (Los Traficantes de Hueso), también ha delatado a esta línea de argumentación.

Por ende, como los otros conceptos darvinistas, la selección natural de adaptaciones favorables tampoco ha probado el tener poder explicativo penetrante. El hecho no es que los ejemplos de apoyo no puedan ser encontrados, sino que un igual o mayor número de ejemplos contradictorios pueden también ser citados. Los científicos a la vanguardia de la investigación han apuñalado al darvinismo clásico. Ellos no lo han revelado públicamente a la prensa pero lo han mantenido en sus papeles técnicos y en sus consejos internos. Por otra parte, muchos evolucionistas de segundo rango continúan repitiendo que los milagros menores...fueron logrados por la selección natural que trabaja en una manera de paso-por-paso; pero los pasos nunca son demostrados. Ellos hacen esto principalmente porque se sienten forzados a decir algo—cualquier cosa es mejor que admitir ignorancia—y ellos no saben que más decir (1984, pp. 179-180).

En vista de esta confusión bien conocida en los círculos internos evolutivos, ¿por qué los evolucionistas continúan hablando de la selección natural como si fuera una ley de la naturaleza sin competencia e inmutable?

¿PRUEBA EL REGISTRO FÓSIL LA EVOLUCIÓN?

En el otoño de 1980, en ese entonces Ronald Reagan candidato a la presidencia, mientras que hacía su campaña en Texas, admitió a una audiencia que él “tenía muchas preguntas importantes para la teoría evolutiva”. Él continuó sugiriendo que “no se cree en la comunidad científica que la evolución es tan infalible como una vez se creía”. Esos comentarios, viniendo de una fuente tan pública, enfureció a la comunidad evolutiva. En enero 6 de 1981, un portavoz de la Asociación Americana por el Avance de la Ciencia (AAAS) publicó una respuesta (a través del programa de Dan Rather CBS Evening News). Caracterizando al enunciado de Reagan como “tremendamente desafortunado”, el representante de la AAAS aseveró que existen 100 millones de fósiles identificados y datados en los museos del mundo, y que estos fósiles “constituyen 100 millones de hechos que prueban la evolución más allá de toda duda”. El enunciado no solamente fue ridículo a primera vista (un fósil per se no prueba nada excepto que alguna criatura murió y dejó atrás su huella), sino también despertó la indignación de algunos que estaban inclinados a creer en la evolución. William Fix (de ninguna manera creacionista) lo expresó en esta manera:

Decir que 100 millones de fósiles en los museos del mundo constituyen “100 millones de hechos que prueban la evolución más allá de toda duda” tiene casi la misma credibilidad que una elección en una de esas “democracias” teóricas donde el 99 por ciento del voto va para el partido líder y el otro 1 por ciento es tomado y fusilado (1984, p. xv).

La verdad clara es que, los paleontólogos saben muy bien que el registro fósil representa uno de los más grandes obstáculos para aceptar la teoría de la evolución. Mark Ridley, profesor de zoología en la Universidad de Oxford, escribió que es un “terrible error” aseverar la “idea falsa” que el “registro fósil provee una parte importante de evidencia de que la evolución tomo lugar”. Él sugirió que la evolución debe ser probada en algún otro lugar, y continuó comentando que “ningún evolucionista real, sea gradualista o puntuacionista, usa el registro fósil como evidencia a favor de la teoría de la evolución como opuesta a la creación especial” (1981, 90:830-831). Ronald West, profesor de paleobiología en la Universidad del Estado de Kansas, consintió:

Contrario a lo que la mayoría de científicos escribe, el registro fósil no apoya la teoría darvinista de la evolución porque es esta teoría (existen varias) la cual usamos para interpretar el registro fósil. Por hacerlo así, nosotros somos culpables de razonamiento circular si luego decimos que el registro fósil apoya esta teoría (1968, p. 216).

CONCLUSIÓN

Sí, existe guerra en la tierra. Pero esa no es un conflicto entre creacionistas y evolucionistas; existe una revolución ocurriendo entre los mismos darvinistas. No permita que alguien le diga que todo está bien. No sea persuadido por la línea de propaganda de que ningún “científico verdadero” cuestiona el “hecho” de la evolución, ya que muchos son críticos de los numerosos aspectos del dogma. El público necesita estar consciente de esto, y del hecho de que la evolución está muy lejos de ser probada.

REFERENCIAS

Asimov, Isaac (1982), “Book Reviews,” Science Digest, 90[3]:36. March. The book reviewed by Asimov was Intelligent Life in the Universe, by I.S. Shklovskii and Carl Sagan (New York: Holden-Day, 1966).

Beck, William S. (1958), Saturday Evening Post, May 10.

Conklin, Edwin (1963), Reader’s Digest, January.

Crick, Francis (1981), “Seeding the Universe,” Science Digest, 89[10]:82-84,115-118,119.

Fix, William (1984), The Bone Peddlers (New York: Macmillan).

Flanagan, D., ed. (1957), Plant Life (New York: Simon & Schuster).

George, T.N. (1960), Science Progress, January.

Goldschmidt, Richard (1940), The Material Basis for Evolution (New Haven, CT: Yale University Press).

Goldschmidt, Richard (1955), Theoretical Genetics (Berkeley, CA: University of California Press).

Gould, Stephen J. (1977), “The Return of Hopeful Monsters,” Natural History, 86[6]:22-30, June/July.

Grassé, Pierre-Paul (1977), The Evolution of Living Organisms (New York: Academic Press).

Gribbin, John (1981), “Of a Comet Born,” Science Digest, 89 [3]:14, April.

Hoyle, Fred (1981), “Hoyle on Evolution,” Nature, 294:105, November 12.

Jastrow, Robert (1981), “Evolution: Selection for Perfection,” Science Digest, 89[11]:85-87,115, December.

Macbeth, Norman (1978), Darwin Retried (Boston, MA: Gambit), second edition.

Oparin, A.I. (1953), The Origin of Life (New York: Dover).

Patterson, Colin (1982), “Cladistics,” Interview on British Broadcasting Corporation, March 4; interviewer, Peter Franz; producer, Brian Lak.

Ridley, Mark (1981), “Who Doubts Evolution?,” New Scientist, Vol. 90, June 25.

Simpson, George Gaylord (1964), “The Nonprevalence of Humanoids,”Science, 143:769-775, February 21.

Simpson, George Gaylord (1961), The Meaning of Evolution (New Haven, CT: Yale University Press).

Simpson, George Gaylord, C.S. Pittendrigh, and L.S. Tiffany (1957), Life: An Introduction to Biology (New York: Harcourt, Brace).

Sunderland, Luther (1984), Darwin’s Enigma (El Cajon, CA: Master Books).

West, Ronald (1968), Compass, May.



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