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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

La Creación—¿Pasará “la Prueba de la Ciencia”?
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

Existen dos explicaciones fundamentalmente diferentes, y diametralmente opuestas, para el origen del Universo, el origen de la vida en este Universo, y el origen de nuevas clases de formas de vida variadas. Cada una de estas explicaciones es una cosmogonía—un punto de vista completo del mundo, o una filosofía, de orígenes y destinos, de vida y significado. Según la teoría de la evolución, o como puede ser llamada más correctamente, el modelo de la evolución, el Universo es autónomo. O sea, todo en el Universo ha nacido por procesos mecánicos sin ninguna clase de intervención sobrenatural. Esta opinión afirma que el origen y el desarrollo del Universo y todos sus sistemas complejos (el mismo Universo, los organismos vivientes no-humanos, el hombre, etc.) pueden ser explicados únicamente sobre la base del tiempo, la casualidad, y la continuidad de procesos naturales innatos en la misma estructura de la materia y la energía. El eminente zoólogo de Harvard, P.D. Darlington, propuso este mismo punto en su libro, Evolution for Naturalists (Evolución para Naturalistas): “El misterio evolutivo por resolver ahora es cómo la materia ha provenido y evolucionado, por qué ha tomado su forma presente en el universo y en la tierra, y por qué es capaz de formarse en grupos complejos vivientes de moléculas. Esta capacidad es inherente en la materia como la conocemos, en su organización y energía” (1980, p. 15, énfasis añadido). Más de 200 páginas más tarde, después de haber gastado tiempo y esfuerzo considerable en examinar presuntas pruebas de la evolución, Darlington comentó:

Es una generalización evolutiva fundamental que ningún agente externo impone vida a la materia. La materia toma las formas que toma porque tiene la capacidad inherente para hacerlo así. Este es uno de los hechos más notables y misteriosos sobre nuestro universo: que existe materia que tiene la capacidad de formarse en los modelos más complejos de vida (p. 234, énfasis añadido).

La segunda opinión mundial alternativa y contraria es el concepto de la creación. Según la teoría de la creación, o como puede ser llamada más correctamente, el modelo de la creación, el Universo no es autónomo. O sea, todo en el Universo, y de hecho, el Universo en sí mismo, nació por el diseño, el propósito, y los actos deliberados de un Creador sobrenatural Quien, usando procesos que no son continuos como los procesos naturales en el presente, creó el Universo, la Tierra, y toda la vida en esa Tierra, incluyendo todos los tipos básicos de plantas y animales, así como de gente. Como los evolucionistas (vea Wald, 1972, p. 187) y los creacionistas (vea Wysong, 1976, p. 5) han indicado correctamente, hay dos y sólo dos posibilidades en cuanto a los orígenes. Una de estas dos filosofías (o modelos) debe ser verdadera. Todas las cosas, o pueden, o no pueden ser explicadas en términos de un Universo autónomo por procesos naturales en curso. Si estas pueden, entonces la evolución es verdadera. Si estas no pueden, entonces deben ser explicadas, al menos en parte, por procesos extra-naturales que pueden dar cuenta por un Universo que fue creado. Incluso los evolucionistas reconocen este punto. Richard Dawkins de la Universidad de Oxford (un evolucionista devoto) ha anotado: “cuanto más estadísticamente improbable una cosa es, menos podemos creer que sólo pasó por casualidad ciega. Superficialmente la alternativa obvia para la casualidad es un Diseñador inteligente” (1982, 94:130). Luego Dawkins continuó explicando por qué él personalmente no cree que algún Diseñador exista ¡aunque admitía del todo el “diseño aparente” asombroso en todas partes de la naturaleza!

LA PLAUSIBILIDAD DEL MODELO DE LA CREACIÓN: LOS PRINCIPIOS DE LA CAUSALIDAD Y UNIFORMIDAD

La función del Universo tiene que ver con las leyes regulares o los principios de ciencia que son reproducibles experimentalmente y que por lo tanto pueden ser estudiados y observados (directamente o indirectamente). A esto nosotros llamamos ciencia operacional. Por otra parte, un entendimiento del Universo incluye algunos acontecimientos singulares, como los orígenes. A diferencia de la operación recurrente del Universo, los orígenes no pueden ser repetidos para pruebas experimentales. En la lengua tradicional de la ciencia, las teorías de los orígenes (ciencia los orígenes) no pueden ser falsificadas por la prueba empírica (si estas son falsas) como lo pueden ser las teorías de la ciencia operacional. ¿Cómo, entonces, pueden ser investigados los orígenes? Declarado simplemente, lo mejor que alguna vez podamos esperar realizar, científicamente hablando, es juzgar cualquier idea en cuanto a los orígenes como plausibles o inverosímiles. Por la misma naturaleza del caso, la falsificación verdadera no es posible.

¿Cómo, entonces, debe uno determinar si una perspectiva de la ciencia de los orígenes es plausible? Muy simple, se usan los principios de causalidad y uniformidad. Por causa nos referimos a la condición necesaria y suficiente que solo puede explicar la incidencia de cualquier acontecimiento. Por el principio de uniformidad pretendemos decir que se espera que los tipos de causas que observamos hoy en día produciendo ciertos efectos hayan producido efectos similares en el pasado. En otras palabras, lo que vemos como una causa adecuada en el presente, asumimos que haya sido una causa adecuada en el pasado; lo que vemos como una causa inadecuada en el presente, asumimos que haya sido una causa inadecuada en el pasado. Los evolucionistas han confiado grandemente en los principios de la causalidad y la uniformidad en sus tentativas por elaborar presuntas perspectivas evolutivas del pasado. Pero los principios de uniformidad y causalidad también se aplican igualmente al modelo de la creación, ya que éstos son conceptos apreciados del pensamiento científico. La causalidad simplemente declara que cada efecto material tiene una causa antecedente y adecuada. La pregunta básica es esta: ¿Puede el origen del Universo, el origen de la vida, y el origen de la nueva vida ser explicados mejor en base a los procesos no-inteligentes, accidentales, al azar y casuales? ¿Son éstos causas adecuadas? ¿O, son estos fenómenos mejor explicados en base a un Creador (es decir, una causa antecedente y adecuada) Quién es capaz de producir procesos complejos, ordenados y relacionados a la información que vemos alrededor nuestro? ¿Cuál de los dos es más plausible?

REPASO DE LAS OPCIONES

¿Cuáles son nuestras opciones? El Universo existe; por tanto, debe ser explicado de alguna manera. Sin embargo, existen sólo tres maneras de explicarlo: (1) es eterno; (2) no es eterno; mejor dicho se creó de la nada; o (3) no es eterno; fue creado por algo anterior y superior a sí mismo. Vamos a explorar estas tres áreas.

¿Es el Universo eterno? No cabe duda de que un Universo eterno es la posición más consoladora para los evolucionistas, ya que esto evita el problema de “un principio” o “un final”. En su libro, Until the Sun Dies (Hasta que el Sol Muera), el astrónomo de la NASA Robert Jastrow trató el hecho de que la creación perenne de la materia en un Universo eterno es una posición predilecta del evolucionista porque “esto le permite contemplar un Universo sin comienzo y sin final” (1977, p. 32). Aun después que comenzaron a aparecer pruebas que demostraron que el Universo no podía ser eterno, Jastrow observó que “algunos astrónomos todavía estaban a favor de esto ya que la noción de un mundo con un principio y un final les hacía sentir muy incómodos” (p. 33).

Aunque ciertos evolucionistas todavía se aferren tenazmente al concepto de un Universo eterno, las pruebas que establecen que el Universo no es eterno son tanto convincentes como concluyentes. En su libro, God and the Astronomers (Dios y los Astrónomos), el doctor Jastrow escribió: “ahora tres líneas de evidencias—los movimientos de las galaxias, las leyes de la termodinámica, y la historia de vida de las estrellas—apuntaban a una conclusión: todo indicaba que el Universo tenía un principio” (1978, p. 111, énfasis añadido). En todas partes de estos dos libros del doctor Jastrow, él mencionó una y otra vez la evidencia de la ciencia que indica que el Universo tuvo un principio. Incluso, quizá una de sus declaraciones más poderosas fue esta: “Pero los últimos resultados astronómicos indican que en algún punto del pasado la cadena de la causa y el efecto terminaron repentinamente. Un acontecimiento importante ocurrió—el origen del mundo—para lo cual no hay ninguna causa o explicación conocida” (1977, p. 27). Jastrow comentó adicionalmente:

El Universo, y todo lo que ha pasado en éste desde el principio del tiempo, son un efecto grandioso sin una causa conocida. ¿Un efecto sin una causa? Ese no es el mundo de la ciencia; es un mundo de brujería, de acontecimientos salvajes y de caprichos de demonios, un mundo medieval que la ciencia ha tratado de desterrar. Como científicos, ¿qué debemos hacer de esta impresión? Yo no lo sé. Sólo me gustaría presentar pruebas para la declaración de que el Universo, y el hombre en sí mismo, se originaron en un momento cuando el tiempo comenzó (1977, p. 21, énfasis añadido).

Henry Morris, aunque creacionista, ha escrito en concordancia: “la Segunda Ley requiere que el Universo haya tenido un principio” (1974, p. 26). Es revelador notar, como el doctor Jastrow ha indicado, que el evolucionista no tiene una causa para el principio del Universo. Por ejemplo, el supuesto “Big Bang”, si fuera verdadero, sería un efecto, no una causa. Pero toda ciencia está basada en el principio de la causalidad. Repentinamente, los científicos han descubierto que ellos no tienen una causa para el origen del Universo, e igualmente inquietante, ellos no tienen ninguna explicación concerniente a esa “causa ausente.” Sin embargo dos cosas son evidentes: (1) las pruebas científicas indican que el Universo no es eterno; y (2) el modelo de la creación realmente tiene una causa adecuada para el origen del Universo—un Creador omnipotente. Al examinarlo lado a lado, usando el criterio de la causalidad, se descubre que el modelo de la evolución es gravemente insuficiente.

¿Se creó el Universo a sí mismo de la nada? Claro que, antes de considerar esto como una opción, debemos reconocer que según la Primera Ley de la Termodinámica, la materia es incapaz de crearse a sí misma. George F. Davis, físico prominente de algunos años atrás, declaró correctamente: “ninguna cosa material puede crearse a sí misma”. Adicionalmente, el doctor Davis afirmó que esta declaración “no puede ser opuesta lógicamente en base a algún conocimiento disponible” (1958, p. 71). El Universo no es el creador; es lo creado. Y hasta recientemente parecía que no podía haber ningún desacuerdo sobre aquel hecho. Sin embargo, tan fuerte es la evidencia de que el Universo tuvo un principio, y por tanto una causa anterior y superior a sí mismo, que algunos evolucionistas ahora sugieren, a fin de evitar las implicaciones, que algo vino de la nada—es decir, ¡el Universo se creó a sí mismo! Alan Guth y Paul Steinhardt, en la edición de mayo de 1984 de la revista Scientific American, escribieron: “Llega a ser tentador el tomar un paso adelante y especular que el universo entero evolucionó de literalmente nada” (250:128).

De este modo, aunque los principios de la física que “no pueden ser opuestos lógicamente en base de algún conocimiento disponible” impidan la creación de algo de la nada, en un último esfuerzo por evitar las implicaciones del Universo teniendo una causa primordial, se sugiere que el Universo simplemente “se creó de la nada”. Uno no puede evitar preguntarse ¿qué vendrá después? Estas actitudes pueden representar las ilusiones corrientes de algunos evolucionistas desesperados, pero estas no son científicas. El concepto más fundamental de la ciencia—el principio de la causalidad—expone que cada efecto material tiene una causa antecedente y adecuada. “La nada” no es una causa adecuada para “algo”, y mucho menos para el magnífico Universo en el cual vivimos.

¿Es el Universo el resultado de la creación por un Creador eterno? O el Universo tuvo un principio, o no tuvo ningún principio. Sin embargo, toda evidencia disponible indica que el Universo sí tuvo un principio. Si el Universo tuvo un principio, entonces tuvo una causa, o no tuvo una causa. Algo que sabemos con seguridad es el hecho que es científico sugerir que el Universo tuvo una causa antecedente y adecuada, ya que nada ocurre sin una causa. Morris observó correctamente que la ley de la causa y el efecto es “universalmente aceptada y seguida en cada campo de la ciencia” (1974, p. 19).

El principio de la causa/efecto declara que dondequiera que haya un efecto, debe haber una causa antecedente y adecuada. No obstante, adicionalmente se indica el hecho de que ningún efecto puede ser cualitativamente superior a, o cuantitativamente mayor que, su causa. Ya que es aparente que el Universo no pudo crearse a sí mismo, la única alternativa que permanece es que fue creado por algo (¿Alguien?): (a) que existió antes de éste, es decir, alguna Primera Causa eterna y sin-causa; (b) superior a éste—lo creado no puede ser superior al creador; y (c) de una naturaleza diferente ya que el Universo de materia, finito y dependiente, es incapaz de explicarse a sí mismo.

En relación a esto, y teniendo presente que intentamos establecer la plausibilidad del modelo de la creación, considere el punto siguiente. Si alguna vez hubo un tiempo cuando nada existió, entonces nada existiría ahora. Sin embargo es una verdad evidente que la nada produce nada. En vista de esto, ya que algo existe ahora, debe proseguir lógicamente que algo ha existido por siempre. Todo lo que los seres humanos conocen que existe puede ser clasificado como materia (que incluye la energía) o mente. No existe tercera alternativa. En consecuencia, el argumento expuesto es este:

  1. Todo lo que existe es materia o mente.
  2. Pero algo eterno existe, ya que algo existe ahora.
  3. Por lo tanto, la materia o la mente es eterna.

Y,

  1. La materia o la mente es eterna.
  2. Pero la materia no es eterna, a causa de la evidencia citada anteriormente.
  3. Por ende, es la mente la cual es eterna.

O, para razonar de un modo diferente, vamos a sugerir:

  1. 1. Todo lo que existe es dependiente (es decir, contingente) o independiente (no contingente).
  2. 2. Si el Universo no es eterno, entonces es dependiente (contingente).
  3. 3. El Universo no es eterno.

Y,

  1. Si el Universo es dependiente, debe haber sido causado por algo que es independiente.
  2. Pero el Universo es dependiente (contingente).
  3. Por lo tanto, el Universo fue producido por alguna fuerza eterna e independiente (no contingente).

Sorprende poco que algunos científicos, como Robert Jastrow por ejemplo, hayan alcanzado la conclusión siguiente: “Que lo que existe, a lo cual yo o alguien llamaría fuerzas sobrenaturales trabajando, es ahora, yo pienso, un hecho científicamente probado” (1982, p. 18). Hablando en términos científicos, la opción es entre la materia solamente y algo más que la materia como la explicación fundamental del origen de la existencia básica y el orden del Universo. La opción entre el modelo de la evolución y el modelo de la creación es la opción entre el tiempo, la casualidad, y las propiedades inherentes de la materia, o el diseño, la creación, y las propiedades irreducibles de la organización. Éstos son las dos, y únicamente dos, opciones finales. De hecho, cuando se trata de cualquier caso en particular, existen otra vez sólo dos explicaciones científicas para el origen del orden que caracteriza al Universo y a la vida en el Universo: el orden fue impuesto a la materia, o éste reside dentro de la materia. Aunque no existe evidencia en absoluto para sugerir que el orden resida dentro de la materia. El modelo de la creación no es solamente plausible, sino también es el único modelo que postula una causa adecuada para el Universo y la vida en aquel Universo.

REFERENCIAS

Darlington, P.D. (1980), Evolution for Naturalists (New York: John Wiley & Sons).

Davis, George F. (1958), The Evidence of God in an Expanding Universe, ed. John Monsma (New York: G.P. Putnam’s Sons).

Dawkins, Richard (1982), “The Necessity of Darwinism,” New Scientist, 94:130-132, April 15.

Guth, Alan and Paul Steinhardt (1984), “The Inflationary Universe,” Scientific American, 250:116-128, May.

Jastrow, Robert (1977), Until the Sun Dies (New York: W.W. Norton).

Jastrow, Robert (1978), God and the Astronomers (New York: W.W. Norton).

Jastrow, Robert (1982), “A Scientist Caught Between Two Faiths,” interview with Bill Durbin in Christianity Today, August 6.

Morris, Henry M. (1974), Scientific Creationism (San Diego, CA: Creation-Life Publishers).

Wald, George (1972), in Frontiers of Modern Biology (New York: Houghton-Mifflin).

Wysong, R.L. (1976), The Creation-Evolution Controversy (East Lansing, MI: Inquiry Press).



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