INTRODUCCIÓN
El nombre del fallecido Stephen Jay Gould es bien conocido para aquellos en la controversia creación/evolución. El Dr. Gould, famoso paleontólogo de Harvard, fue uno de los apóstoles más vehementes del establecimiento evolutivo. Él fue un cruzado infatigable en nombre de la evolución orgánica. Fue un escritor convincente, un orador talentoso, un trabajador incansable por “la causa”. Él también fue uno de los autores más prolíficos y mejores leídos de la comunidad científica (junto con sus fallecidos colegas, Isaac Asimov y Carl Sagan). De hecho, la edición de enero de 1982 de Discover lo eligió “Científico del Año”. Sus artículos aparecían frecuentemente, no solo en revistas profesionales revisadas por compañeros (Science, New Scientist, et.al.), sino también en revistas populares de ciencia (Discover, Science Digest, Omni, et.al.). Siendo todo esto verdad, cuando Gould hablaba, mucha gente escuchaba. [Para citarlo directamente, “Cuando llegamos a escritos populares acerca de la evolución, supongo que mis propias redacciones son tan bien leídas como cualquier otra” (1987,8[1]:65)]. Y allí yace el problema.
LA EVOLUCIÓN COMO UN “HECHO” DE CIENCIA
En la edición de enero de 1987 de la revista popular de ciencia, Discover, Gould escribió un extenso artículo titulado “Darwinism Defined: The Difference Between Fact and Theory” (“El Darwinismo Definido: La Diferencia Entre un Hecho y una Teoría”). En este artículo, el Dr. Gould expresó su extrema perturbación por la incapacidad de cierta gente (quienes deberían conocer mejor, él anotó) para señalar a la evolución por su definición propia—como un hecho, no una teoría. La causa específica para la turbación de Gould fue un artículo en la edición de septiembre 30 de 1986 de la New York Times por Irving Kristol (“Room for Darwinism and the Bible”—“Espacio para el Darwinismo y la Biblia”). El Dr. Gould admitió tanto su consternación e insatisfacción por la aparente incapacidad de gente como el Sr. Kristol para distinguir (para usar sus propias palabras) “la diferencia central entre el hecho firme y el debate saludable sobre la teoría” (8[1]:64). Luego Gould se dio a explicar cuando escribió:
Los hechos son la información del mundo; las teorías son explicaciones propuestas para interpretar y coordinar los hechos. El hecho de la evolución está tan bien establecido como cualquiera en la ciencia (tan firme como la revolución de la tierra alrededor del sol), aunque la certeza absoluta no tiene lugar en nuestro léxico. Las teorías, o declaraciones acerca de las causas del cambio evolutivo documentado, están ahora en un periodo de intenso debate—un buen modelo de ciencia está en su estado más saludable. Los hechos no desaparecen mientras los científicos debaten las teorías (8[1]:64).
Mas tarde, Gould comentó que “...la evolución es también un hecho de la naturaleza, y así nosotros también lo enseñamos, exactamente como nuestros colegas geólogos describen la estructura de los minerales silicatos, y como los astrónomos las orbitas elípticas de los planetas” (8[1]:65).
¿Qué podría ser más claro? Gould quería que todos supieran que la ¡evolución es un hecho! Cómo la evolución ocurrió puede bien ser una “teoría”, pero que la evolución ha ocurrido es un hecho no abierto a discusión adicional. Gould incluso comentó: “No quiero sonar como un dogmatista estridente gritando ‘adelante’ alrededor de la bandera, pero los biólogos han alcanzado un consenso...acerca del hecho de la evolución” (8[1]:69). Gould estaba “molesto” porque había aquellos que rechazaban reconocer la evolución como un hecho. Según él, “La evolución es un hecho, como el hecho de que las manzanas caen de los árboles” (1980). En una redacción especial de la edición de agosto 23 de 1999 de la revista Time, el Dr. Gould se jactó de que “la evolución está tan bien documentada como cualquier fenómeno en la ciencia, tan firmemente como la revolución de la tierra alrededor del sol en vez de viceversa. En este sentido, nosotros podemos llamar a la evolución un ‘hecho’” (154[8]:59). Y el Dr. Gould no fue el único en hacer tales enunciados. En la edición de marzo de 1987 de Natural History, mientras revisaba el libro, The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego), escrito por el evolucionista Richard Dawkins, Douglas J. Futuyma sugirió:
En los últimos diez años o aproximadamente, la evolución ha estado bajo ataque severo, especialmente en los Estados Unidos. Es importante aquí el reconocer la distinción entre la proposición de que la evolución ha ocurrido y la teoría que describe las causas del cambio evolutivo. El factor que declara que la evolución ha ocurrido—que los diversos organismos han descendido de antepasados comunes por una historia de modificaciones y divergencias—es aceptado como un hecho por prácticamente todos los biólogos. “Hecho” aquí significa una proposición, como la proposición de que la tierra gira alrededor del sol [¿no comienza esto a sonar familiar?—BT], sostenida por tanta evidencia que para no creerla requeriría no creer una estructura de realización científica exitosa y grande. La realidad histórica de la evolución es dudada principalmente por los creacionistas, mayormente en el terreno religioso doctrinario (96[3]:34).
Desde luego, los evolucionistas renombrados como Gould y Futuyma incluso ni se preocuparán por los creacionistas. De hecho, el Dr. Gould comentó:
No hablo de los militantes fundamentalistas que se califican a sí mismos con el oxímoron “científicos creacionistas”, y que tratan de colar su literalismo del Génesis dentro de las aulas de los colegios secundarios bajo el pretexto de la disensión científica. Yo estoy acostumbrado a su retórica, sus citas deshonestas torcidas y mutiladas, su repetición constante de argumentos “útiles” que ellos incluso deben reconocer como tonterías... Nuestra lucha con estos ideólogos es política, no intelectual. En cambio yo hablo de nuestros aliados entre la gente dedicados al argumento razonable y honorable (8[1]:64).
La preocupación de Gould, él dijo, era acerca de aquellas personas que están “¡dedicadas al argumento razonable y honorable!”. Eso, por (su) definición, descartaba a cualquiera y a todos los creacionistas.
El propósito de los escritos de Gould y Futuyma (y otros numerosos evolucionistas) es convencer a la gente de parar de hablar de la “teoría” de la evolución y en cambio hablar del “hecho” de la evolución. Pero para lograr esta proeza, ellos primero deben redefinir la palabra “hecho” como es empleada en la ciencia. [Ellos no son de ninguna manera los primeros en sugerir tal estratagema radical. El fallecido George Gaylord Simpson, en ese entonces de Harvard, intentó exactamente tal redefinición en su texto de biología, Life: An Introduction to Biology—Vida: Una Introducción a la Biología (1965, p. 16), y finalizó su sección de “redefinición” declarando que las teorías “...pueden ser exactamente tan ciertas—dignas exactamente de tanta confianza—como los que son popularmente llamados ‘hechos’. La creencia de que el sol se levantará mañana es la aplicación segura de una generalización. La teoría de que la vida ha evolucionado está fundada sobre mucha más evidencia que la que sustenta el hecho de que el sol se levanta cada día. En el vernáculo, estamos justificados a llamar a ambos ‘hechos’”]. Webster define un hecho como “un acontecimiento real en el tiempo o espacio”, o una “declaración verificada”. Con esta definición de uso estándar a la mano, considere lo siguiente.
EVIDENCIA EN CONTRA DE LA EVOLUCIÓN COMO UN “HECHO” DE CIENCIA
El hombre que es conocido popularmente como el “padre de la evolución”, Charles Darwin, escribió en el Origen de las Especies:
Mucho antes que el lector haya llegado a esta parte de mi trabajo, una multitud de dificultades se le habrá ocurrido. Algunas de estas son tan serias que para este tiempo yo casi no puedo reflexionar sobre estas sin estar aturdido en algún grado (1859, p. 178).
Theodosius Dobzhansky, el fallecido genetista evolucionista de la Universidad de Rockefeller, declaró en su libro, The Biological Basis of Human Freedom (Los Fundamentos Biológicos de la Libertad Humana): “La evolución como un hecho histórico fue probado fuera de duda no posteriormente a las décadas del cierre del siglo diecinueve”, aunque en dos páginas más adelante declaró que “no existe duda que tanto los aspectos históricos y causales del proceso evolutivo están lejos de ser conocidos completamente... Las causas que han provocado el desarrollo de las especies humanas pueden ser discernidas solo débilmente (1956, pp. 6,8,9, énfasis añadido). Note la confesión de Dobzhansky de que tanto lo histórico (a lo que Gould se refiere como el “hecho” de la evolución) y lo causal (a lo que Gould se refiere como la “teoría” de la evolución) están “lejos de ser conocidos completamente”.
En otras palabras, por una parte se declara que la evolución es un hecho, mientras que por otra parte se admite que el proceso está “lejos de ser completamente conocido”, las causas son “discernidas solo débilmente” y las dificultades son “asombrosas”. El evolucionista W. LeGros Clark escribió: “¿Cuál fue el origen fundamental del hombre?... Desafortunadamente, cualquier respuesta que pueda ser dada en el presente para estas preguntas está basada en la evidencia indirecta y por ende está grandemente basada en la conjetura” (1955, p. 174, énfasis añadido). El evolucionista G.A. Kerkut, autor de la obra clásica, The Implications of Evolution (Las Implicaciones de la Evolución), declaró:
Yo creo que la teoría de la Evolución, como presentada por los evolucionistas ortodoxos, es en muchas maneras una explicación satisfactoria de algo de la evidencia. Al mismo tiempo yo pienso que el intento de explicar todas las formas de vida en términos de la evolución de una fuente única...es prematuro y no sostenido satisfactoriamente por la evidencia del tiempo presente... La evidencia de apoyo permanece para ser descubierta... Yo personalmente no pienso que esto haya sido probado fuera de toda duda razonable... Es muy deprimente encontrar que muchos temas están siendo recubiertos en dogmatismo científico (1960, pp. vii,viii, énfasis añadido).
Después de listar y discutir las siete presunciones improbables sobre las cuales la evolución está basada, el Dr. Kerkut luego declaró: “El primer punto que me gustaría hacer es que estas siete presunciones por su naturaleza no son capaces de verificación experimental” (p. 7, énfasis añadido). Y él no es el único científico que públicamente reprendiera a aquellos que revenden la evolución como un hecho. El fallecido W.R. Thompson, director del Instituto Commonwealth de Control Biológico, escribió en su “Introducción” a la edición de 1956 del Origen de las Especies de Darwin:
Darwin no demostró en el Origen que las especies se habían originado por selección natural; él mostró, sobre el fundamento de ciertos factores y presunciones, cómo esto puede haber ocurrido, y cuando él se hubo convencido a sí mismo pudo convencer a otros. En el Origen, Darwin no pudo producir evidencia paleontológica suficiente para probar sus puntos de vista [...]la evidencia que él produjo fue desfavorable para estos; y yo puedo notar que la posición no es obviamente diferente hoy... Los paleontólogos darvinistas modernos están obligados, exactamente como sus predecesores, y como Darwin, a diluir los hechos (pp. xii,xix, énfasis añadido).
Con seguridad, el inquiridor honesto no puede evitar ser golpeado por esta situación. Los evolucionistas aseveran dogmáticamente que la evolución es un hecho, aunque admiten que ésta: (a) está basada sobre suposiciones improbables que son “incapaces de verificación experimental”; (b) basa sus conclusiones sobre respuestas que son “grandemente conjeturas”; (c) está confrontada con evidencias que son “adversas” a los hechos disponibles; (d) debe continuamente ser encontrada culpable de “diluir los hechos”; y (e) tiene tanto aspectos históricos y causales que “están muy lejos de ser conocidos completamente”. Entonces, sorprende poco lo que el Dr. Kerkut declaró concerniente a la teoría de la evolución: “La evidencia que la sostiene no es suficientemente fuerte para permitirnos considerarla algo más que una hipótesis de trabajo” (p. 157). Robert Millikan, ganador del premio Nobel en física, lo declaró de esta manera: “Lo patético es que nosotros tenemos científicos que están tratando de probar la evolución, la cual ningún científico jamás puede probar” (1925). Qué grito lejano de las arengas de Gould y su cohorte en el campo evolutivo moderno.
Piense acerca de lo que es “desconocido” en el panorama evolutivo. Primero, la evolución no puede incluso comenzar, sin su concepto fundamental de la generación espontánea (abiogénesis, evolución bioquímica, etc.). Aunque ¿qué evidencia existe de que la vida surgió de lo no-viviente? Robert Jastrow, fundador y ex presidente del Instituto Goddard por los Estudios del Espacio en la NASA, anotó:
De acuerdo a este relato, todo árbol, toda brizna de hierba, y toda criatura en el mar y en la tierra evolucionaron de una hebra de material molecular dejándose llevar perezosamente en un charco calido. ¿Qué evidencia concreta sostiene esa teoría extraordinaria del origen de la vida? No existe ninguna (1977, p. 60).
Simpson admitió que la generación espontánea de la vida “no ocurre en ningún caso conocido” (1965, p. 261).
Segundo, mientras que la incapacidad de la vida para comenzar plantea un serio problema, ahora el “dónde” de este presunto acontecimiento está también siendo llamado a dar prueba. El fallecido Don Fred Hoyle, y su colega N.C. Wickramasinghe, argumentaron que la vida cayó a la Tierra del espacio después de haber evolucionado dentro del húmedo y cálido núcleo de un cometa (como citado en Gribbin, 1981, p. 14; vea también Hoyle y Wickramasinghe, 1981). Don Francis Crick, co-descubridor de la molécula del ADN, ha sugerido que la vida realmente fue enviada aquí de otros planetas (1981). Mientras tanto, de vuelta en la Tierra, Sydney Fox y colegas han sugerido que la vida comenzó a un lado de un volcán primitivo en la Tierra antigua, cuando aminoácidos secos “de alguna manera” se formaron allí a exactamente la temperatura correcta, con exactamente el tiempo correcto, para formar exactamente las moléculas correctas necesarias para los sistemas vivientes. Los evolucionistas son adictos a decir (¿recuerda al Dr. Gould?) que no hay controversia sobre el hecho de la evolución; es solamente el “cómo” sobre lo que ellos están en desacuerdo. Falso. ¡Ellos no puede incluso estar de acuerdo en el “dónde”!
Desde luego, algunos evolucionistas argumentarán que tales asuntos no deberían ser discutidos como una parte del proceso evolutivo, y que la evolución por sí solamente implica el cambio biológico (de hecho, Gould mismo sugirió exactamente eso). Pero note los enunciados de sus colegas. Theodosius Dobzhansky comentó:
La evolución comprende todas las etapas de desarrollo del universo: los desarrollos cósmicos biológicos, y humanos o culturales. Las tentativas por restringir el concepto de la evolución a la biología están de balde. La vida es un producto de la evolución de materia inorgánica, y el hombre es un producto de la evolución de la vida (1967, 55:409).
Paul Amos Moody, en su libro de texto, Introduction to Evolution (Introducción a la Evolución), escribió: “La evolución orgánica es el principio más grande en la biología. Sus implicaciones se extienden más allá de los confines de la ciencia, ramificándose en todas las etapas de la vida humana y la actividad” (1962, p. 1x). Las tentativas por restringir la evolución simplemente a “la manera en que las formas de vida cambian”, para usar las propias palabras de los evolucionistas, están “de balde”.
Tercero, Gould, en su artículo de 1987 Discover, trató algo de la “información” que él creía que establece a la evolución como un hecho (recuerde que según él, “los hechos son la información del mundo”). No obstante, un examen de esta información desmiente lo mismo que él estaba intentando probar—la “factualidad” de la evolución. Gould sugirió:
Nosotros tenemos evidencia directa de cambios a pequeña-escala de los experimentos controlados del laboratorio de los pasados cien años (sobre bacterias, sobre casi toda propiedad medible de la mosca de la fruta Drosophila), u observados en la naturaleza (cambios de color en las alas de la mariposa nocturna, desarrollo de la tolerancia al metal en las plantas que crecen cerca de los montones de desperdicio industrial) o producidos durante unos pocos miles de años de la agricultura y crianza humana (1987,8[1]:65).
Por ende él quiere que nosotros creamos que tales cambios han “probado” la evolución como un hecho. Sin embargo, note lo que él obviamente omitió. Él falló en mencionar a sus lectores lo que declaró públicamente en un discurso dado en la Universidad de Hobart el 14 de febrero de 1980:
Una mutación no produce nueva materia prima principal. Usted no hace nuevas especies mutando las especies... Esa es una idea común que la gente tiene; que la evolución se debe a las mutaciones aleatorias. Una mutación no es la causa del cambio evolutivo (citado en Sunderland, 1984, p. 106).
Por una parte, Gould quiere que creamos que las bacterias y las moscas de la fruta han experimentado “cambios a pequeña-escala” por medio de las mutaciones genéticas, y por ende sirven como ejemplos excelentes para el “hecho” de la evolución. Aunque por otra parte, él nos dice que las mutaciones (“cambios a pequeña escala”) no causan evolución. ¿Cuál es la verdad?
En marzo 4 de 1982, el fallecido Colin Patterson, mientras servía como paleontólogo principal en el Museo Británico de Historia Natural en Londres, estuvo en una entrevista de radio de la Corporación de Radiodifusión Británica, durante la cual admitió cándidamente: “Nadie ha producido alguna vez una especie por mecanismos de selección natural. Nadie ha llegado alguna vez cerca de esto, y la mayoría de la argumentación actual en el neo-Darvinismo es acerca de este asunto”. Si la evolución no ocurre por las mutaciones, y si no ocurre por medio de la selección natural, entonces, ¿cómo se podría esperar que alguien aceptara la evolución como un hecho? Los únicos dos presuntos mecanismos han sido reconocidos como impotentes en este respecto.
Además, en su artículo, Gould hizo el mismo error lamentable que Darwin había hecho 128 años antes—extrapolar más allá de la evidencia disponible para alcanzar una conclusión injustificable. Darwin examinó los picos de los pinzones, y de cambios pequeños en esos picos, extrapoló para alcanzar la conclusión de que la evolución había ocurrido. Gould examinó cambios en las moscas de la fruta o bacterias, y alcanzó exactamente la misma conclusión, mientras que fallaba del todo en decir al lector que las bacterias nunca cambiaron en algo más, y las moscas de la fruta ¡siempre y por siempre permanecieron como moscas de la fruta! Si la “información” son los “hechos”, y si la “información” realmente desaprueba la evolución, ¿cómo es que la evolución puede ser llamada, en algún sentido legítimo de la palabra, un “hecho”?
CONCLUSIÓN
El uso estándar de la definición de un hecho es algo que es “un suceso real” o “declaración verificada”. ¿Puede algún proceso ser llamado “un suceso real” o una “declaración verificada” cuando el conocimiento del cómo, cuándo, dónde, cuál, y por qué falta? Si alguien sugiriera que un rascacielos simplemente “ocurrió”, pero que el cómo, cuándo, dónde, cuál, y por qué fueran completamente desconocidos, ¿estaría alguna persona racional dispuesta a llamarle un “hecho”? O en cambio, ¿no estarían más dispuestos a llamarle una aseveración no-probada? Preguntar es responder.
Gould, Futuyma, Simpson, y otros pueden querer que creamos que sus hipótesis no-probadas de alguna manera han cosechado para sí mismas el estatus de un “hecho”, pero si ellos quieren, ellos tendrán que ofrecer algo basado en la evidencia, y no solamente en la intuición o ilusiones. Simplemente tratar de cambiar la definición de la palabra “hecho”—para sus propios propósitos auto-servibles—no será suficiente.
Perdónenos por nuestra incredulidad, pero mientras lo mejor que los evolucionistas puedan ofrecer sea una explicación completamente insuficiente para el origen de la vida en primer lugar, un mecanismo igualmente insuficiente para la evolución de ese vida una vez que ésta de alguna manera comenzara, y un registro fósil lleno de eslabones perdidos para documentar su supuesto curso a través del tiempo, nosotros continuaremos relegando su “hecho” al estatus de una teoría—o aún mejor, una hipótesis. Adulterar la definición de la palabra “hecho” es el último esfuerzo de amerizaje de Gould (y otros) para dar crédito a una teoría que carece de algún mérito factual en absoluto. Como el viejo dicho sugiere, una rosa con cualquier otro nombre es todavía un rosa.
REFERENCIAS
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Gould, Stephen Jay (1999), “Dorothy, It’s Really Oz,” Time, 154[8]:59, August 23.
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Hoyle, Fred and Chandra Wickramasinghe, Evolution from Space (New York: Simon & Schuster).
Jastrow, Robert (1977), Until the Sun Dies (New York: W.W. Norton).
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Simpson, George Gaylord (1965), Life: An Introduction to Biology (New York: Harcourt, Brace and World).
Sunderland, Luther (1984), Darwin’s Enigma (San Diego, CA: Master Books).
Thompson, W.R. (1956), “Introduction,” The Origin of Species (London: Dent & Son), pp. vii-xxv.
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