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Apologetics Press :: Temas Doctrinales

No es Suficiente Ser Solamente un Creacionista
por Bert Thompson, Ph.D.
[English]
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INTRODUCCIÓN

Orígenes. La mera mención de la palabra conmueve la controversia, especialmente en nuestra época y tiempo cuando los evolucionistas luchan contra los creacionistas en debates orales, en publicaciones, en los medios de noticia e incluso en los tribunales. La mayoría de gente entiende que cuando una discusión se centra en los orígenes, en realidad es una cosmogonía entera—un sistema completo del pensamiento acerca de dónde venimos y por qué estamos aquí—la que está en consideración. La evolución y la creación son ciertamente temas “peliagudos”, y a menudo evocan emociones muy fuertes y profundamente arraigadas a causa de la dicotomía que existe entre los dos conceptos. O el Universo y sus habitantes llegaron a existir por medios naturales (i.e., evolución), o por medios sobrenaturales (i.e., creación), siendo solamente estas dos las únicas posibilidades.

Sin embargo, no es mi propósito en este tratado el examinar las falacias de la teoría evolutiva o las razones del por qué el creacionismo bíblico debe ser aceptado y defendido. En cambio, mis comentarios serán dirigidos a la gente que acepta la Biblia como la Palabra inspirada de Dios e inequívoca, y quienes creen en el relato literal e histórico de la Creación como anotado en Génesis 1-2. El punto que quiero hacer es que ¡no es suficiente ser solamente un creacionista! Aquí está la razón por la cual hago tal declaración.

SI FUERA CREACIÓN, ¿DESPUÉS QUE?

James Coppedge, en su libro, Evolution: Possible or Impossible? (Evolución: ¿Posible o Imposible?), observó:

La evidencia cada vez mayor en contra de la evolución finalmente forzará a los evolucionistas norteamericanos a reconocer el hecho de que la posición es insostenible. Entonces, algunos explorarán con actitudes abiertas las ideas de la creación, mientras que otros, sin duda, persistirán en el materialismo a cualquier costo... (1975, p. 180).

Durante los años pasados, mientras que la controversia de la creación/evolución ha llegado a ser más pública como más acalorada, y mientras que las varias evidencias científicas y bíblicas para la creación han llegado a nuestra vista mas claramente, han habido algunos que han hecho cambios en sus opiniones acerca de los orígenes—abandonando su creencia en la evolución y aceptando en cambio la creación. La evidencia científica buena, y la interpretación bíblica buena, muestran que ellos han escogido correctamente. Y, por supuesto, siempre ha habido aquellos que aceptaron la creación en primer lugar, y quienes subsecuentemente han rechazado la evolución.

Pero, ¿es suficiente simplemente aceptar “la creación”? Tan no-ortodoxa como mi respuesta pueda parecer a primera vista, sugiero que la respuesta adecuada a tal pregunta tiene que ser un “No” inequívoco. No es suficiente ser solamente un creacionista. Por favor, no me mal entienda. Es imperativo que aquellas personas que desean agradar a Dios acepten lo que Él ha dicho tocante a la creación (o cualquier otro tema, para ese propósito). Henry Morris observó correctamente:

Nos dicen que no debemos “malgastar tiempo en las controversias secundarias como el tema de la evolución/creación—solamente predicar el evangelio”, sin darse cuenta de que ¡el evangelio incluye la creación y excluye la evolución! Nos dicen que debemos simplemente “enfatizar la fe salvadora, no la fe de la creación”, olvidando que el capítulo más grande sobre la fe en la Biblia (Hebreos 11) comienza enfatizando la importancia de la fe en la creación de todas las cosas del ex-nihilio (de la nada) por Dios (versículo 3) como preliminar a cualquier clase de fe significativa en Sus promesas (versículo 13). Nos aconsejan simplemente “predicar a Cristo”, pero ignoran al Salvador, y que Su trabajo acabado de la salvación tiene sentido sólo en vista de Su trabajo acabado de la creación (Hebreos 4:3-10). Desearían, con el fin de evitar la ofensa del evangelio verdadero, considerar la creación como un asunto sin importancia, pero Dios lo consideró tan importante tanto que ese fue el tema de Su primera revelación. El primer capítulo de Génesis es la fundación de la Biblia; si la fundación es socavada, no pasará mucho tiempo hasta que la superestructura colapse (s.d., p. 2, énfasis en original).

Ciertamente, la creación es importante. Pero ésta no es todo lo que es importante. Con la aceptación de cualquiera de los dos sistemas de orígenes (la evolución o la creación) debe llegar el reconocimiento de las implicaciones e inferencias que acompañan a cada sistema. La aceptación de la evolución, por ejemplo, forzará a la aceptación de las implicaciones asociadas con ese sistema (e.g., nada sobrenatural existe, por tanto, Dios no existe; el hombre es nada más que un animal, la religión es meramente una “invención” del hombre evolucionado; las fuerzas naturalistas son responsables por todo lo que somos y vemos, etc.). La aceptación del relato bíblico de la creación también fuerza a la aceptación de las implicaciones que rodean a ese sistema (e.g., Dios existe, el hombre es la creación de, y es responsable ante, ese Dios; existe un código objetivo y moral dado por el Creador, etc.). Así que, la pregunta llega a ser: si la creación es verdad, entonces, ¿cuáles son algunas de las implicaciones e inferencias que la acompañan? y ¿cómo me afectan estas?

NO ES SUFICIENTE SER SOLAMENTE UN CREACIONISTA

La aceptación del creacionismo bíblico conlleva muchas implicaciones. El espacio no permitirá un análisis, o incluso una lista, de todas. Sin embargo, me gustaría mencionar una que creo que posiblemente es la más básica de todas: la aceptación del concepto bíblico de la creación implícitamente reconoce la existencia de Dios y la inspiración de la Biblia, y por ende, simultáneamente reconoce Su plan para la salvación del hombre. En otras palabras, mi punto al titular este artículo como lo he hecho es este: no es suficiente ser solamente un creacionista; uno también debe creer exactamente lo que Dios ha dicho con respecto a la salvación. Habrá muchos creacionistas que no heredarán el cielo porque, aunque han aceptado el relato de la creación por Dios, han rechazado Su plan para la salvación. Es decir, aunque existen muchas personas que aceptan la creación, que creen en Dios, y que claman aceptar la Biblia como Su Palabra, éstas perecerán porque no son cristianos del Nuevo Testamento.

Aunque ser un creacionista es importante, es más importante ser un creacionista salvo. Defender el relato bíblico de la creación es tanto admirable como loable, pero es de mayor importancia obedecer los mandamientos de Dios tocante a la salvación del alma de uno. Qué triste será ver a aquellos a los cuales, en el Día del Juicio, no se les permitirá entrar al Cielo, a pesar del hecho de que creían en el relato bíblico de la creación. Eran creacionistas, pero ¡no eran salvos! Jesús mismo comentó:

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:21-23).

El punto del Señor es muy claro: habrán algunos que fueron personas “buenas”—que hicieron obras en “Su nombre”—pero que, en realidad, no habían hecho lo que Él les mandó a hacer. Habían construido sus casas sobre la arena (doctrinas humanas) en vez de la roca (los mandamientos del Señor). Consecuentemente, sus casas no permanecieron en pie (vea los comentarios de Jesús en Mateo 7:24-27).

Desde luego, algunos contestarán que hoy en día hay muchas personas buenas y sinceras que son creacionistas. Sin duda, esto es verdad. Pero “la sinceridad” y “la bondad” solamente no son suficientes. Sin duda, Uza fue “sincero” cuando extendió su mano para sujetar el arca de Dios cuando los bueyes tropezaban y cuando él pensó que el arca sería destruido (2 Samuel 6:6 et.seq.). Pero Dios le hirió de muerte porque desobedeció un mandamiento directo de no tocar el arca (Números 4:15). Saulo (después llamado Pablo) fue “sincero” en su persecución a la iglesia, e incluso hizo lo que hizo “con toda buena conciencia” (Hechos 22:19,20; Gálatas 1:13; 1 Corintios 15:9), pero Dios le cegó (Hechos 9:3-9). Después Pablo admitió, en sus propias escrituras, que fue sincero, pero estuvo sinceramente equivocado. Dios no quiere solamente sinceridad. Él quiere obediencia (Juan 14:15).

Es por la Palabra de Dios que seremos juzgados (Juan 12:48). Siendo este el caso, es necesario que preguntemos, “¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de la salvación?”. Afortunadamente, las Escrituras son claras tocantes a este punto importante. Dios no nos ha dejado sin sabiduría divina en cuanto a lo que debemos hacer para librarnos del pecado y traernos a Cristo. Él nos ha dicho qué debemos hacer para ser salvos. Sí, Dios quiere creacionistas. ¡Pero Dios quiere creacionistas salvos! No quiere que ninguna persona perezca (2 Pedro 3:9), no obstante, sólo aquellos que vengan a Él, en la manera que Él ha estipulado, gozarán de vida eterna (Hechos 17:30; Juan 14:6).

¿QUÉ DEBE HACER Uno PARA SER SALVO?

Jesucristo, hablando como el Hijo de Dios, dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Jesús invita a todos los hombres en todo lugar a gozar de la salvación en Él (Juan 3:16). Él vino a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Ya que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), todos están perdidos y en la necesidad de ser salvos. Entonces, ¿qué debe uno hacer para ser salvo?

Obviamente, uno quien acepta la creación, y quien desea buscar al Dios de la creación, también desea ser agradable a ese Dios. Entonces, Hebreos 11:6 llega a ser importante: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Entonces, ¿Cómo alguien puede construir tal fe? Romanos 10:17 provee la respuesta: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. La fe es construida por la Palabra de Dios. Sin embargo, adicionalmente existe el paso importante de creer que Jesucristo es Quien clamó ser—el Hijo de Dios. Juan dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. También dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:16,36).

No obstante, el oír y el creer no son suficientes de acuerdo con las Escrituras. El arrepentimiento es también necesario. “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Jesús mismo dijo: “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).

Una vez que la persona ha oído el mensaje del Evangelio, ha creído en Cristo, y se ha arrepentido de sus pecados pasados, entonces tiene que estar dispuesto a confesar públicamente que Jesús es realmente el Hijo de Dios. “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos” (Mateo 10:32,33).

Luego, esta persona que ha oído, ha creído, se ha arrepentido, y ha confesado, es confrontada con una pregunta final y muy importante: ¿Cómo me deshago de mis pecados? Para la persona que desea ser un cristiano del Nuevo Testamento, éste es el asunto más urgente en su vida. ¿Qué debe hacer alguien para deshacerse de sus pecados? Otra vez, la respuesta es provista por las Escrituras. Examine Hechos 22:16. ¿Qué fue lo que Ananías dijo a Pablo que hiciera para deshacerse de sus pecados? “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Saulo fue instruido a deshacerse de sus pecados a través del bautismo. Jesús dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16, énfasis añadido). Pedro, en el día de Pentecostés cuando la iglesia fue establecida, mandó a la gente que quería saber cómo ser salva, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38, énfasis añadido).

¿Dónde se encuentra la salvación? La salvación se encuentra “en Cristo”. Pablo declaró en 2 Timoteo 2:10: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (énfasis añadido). ¿Dónde se encuentran todas las bendiciones espirituales? Las bendiciones espirituales se encuentran solamente “en Cristo”. Pablo escribió en Efesios 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (énfasis añadido).

Entonces, la pregunta obvia es: ¿Cómo puede uno estar “en Cristo”? El bautismo nos pone “en Cristo”. Pablo dijo a los cristianos del primer siglo que estaban en Roma:

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Romanos 6:3,4).

Él dijo a los Gálatas: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27, énfasis añadido). Pedro dijo que el bautismo es lo que nos salva (1 Pedro 3:21). Si vivimos como Dios ha mandado, entonces Su gracia nos salva porque nuestra fe nos ha traído en conformidad con Sus enseñanzas (cf. Efesios 2:8,9). El bautismo, desde luego, no es menos, ni más importante que los otros mandamientos de Dios en cuanto a lo que uno debe hacer para ser salvo. Pero es necesario, y sin esto, uno no puede ser salvo. Una cosa sí sabemos con certeza—“la fe sola” no es suficiente. La creencia en Cristo simplemente no es suficiente. Juan 12:42 lo hace claro. Los gobernantes, “creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban”. Santiago dijo que la fe sola no salva (2:19). De hecho, Santiago incluso fue tan lejos como para decir: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (2:24, énfasis añadido). Uno debe experimentar el bautismo (inmersión) para: (a) lavar sus pecados; (b) ponerse “en Cristo”; y (c) contactar la sangre limpiadora de Cristo. Cada una de estas cosas es requerida para la salvación.

Después de que una persona llega a ser un cristiano del Nuevo Testamento, entonces el Señor mismo añade a esa persona a la iglesia de Cristo (Hechos 2:47; cf. Romanos 16:16), no a cualquier denominación hecha-por-hombres. Esa persona llega a ser un miembro de la única iglesia establecida por Jesucristo (Mateo 16:18; Colosenses 1:24; Efesios 1:22; 4:4-6). Él o ella después es mandado por las Escrituras a vivir una vida fiel (Apocalipsis 2:10), la cual será premiada con una corona de justicia en el Cielo.

No es suficiente ser solamente un creacionista; uno tiene que ser un creacionista salvo. Este artículo está escrito con un ruego urgente para aquellos que pueden ser creacionistas, pero que no son creacionistas salvos. Muchos creacionistas no entrarán al Cielo porque no obedecieron los mandamientos simples de Dios concernientes a su propia salvación. Le insto a considerar su salvación. ¿Ha hecho todo lo que Dios manda con el fin de asegurar su salvación? Si no, por favor lea y después lea otra vez las Escrituras que son mencionadas en este artículo, y venga al Señor en sumisión humilde a Su voluntad, para que pueda ser un cristiano del Nuevo Testamento tanto como un creacionista.

REFERENCIAS

Coppedge, James (1975), Evolution: Possible or Impossible? (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Morris, Henry M. (sine data), “The Gospel of Creation and the Anti-Gospel of Evolution,” Impact Article No. 25 (San Diego, CA: Institute for Creation Research).



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