INTRODUCCIÓN
De acuerdo con la Biblia, Dios creó el Universo en seis días literales de aproximadamente 24 horas cada uno. Después de esa creación (y del reposo del séptimo día), a la primera pareja humana, Adán y Eva, le fueron dados tres mandamientos positivos y un mandamiento negativo. El mandamiento negativo fue evitar comer del fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:17). Sin embargo, como todo estudiante de historia bíblica sabe, Adán y Eva transgredieron la ley de Dios y comieron del fruto prohibido. Por este pecado, ellos fueron desalojados de su paraíso, y una maldición fue colocada sobre ellos (Génesis 3:16-19; cf. Romanos 8:20-22). Fuera del Huerto, la humanidad finalmente se encontró en casi total rebelión en contra de Dios. Génesis 6:5-7 registra:
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho (énfasis añadido).
Entonces, fue fijado el escenario para la ira de Dios sobre un mundo enfermo de pecado. Su sentencia fue que Él destruiría al hombre, bestia, y aves de la superficie de la Tierra. No obstante, había algo que impedía que Dios trajera la sentencia inmediatamente. Esto fue el hecho de que un hombre llamado Noé había permanecido fiel a Dios. Noé, el texto clarifica, era una isla de rectitud en un mar de iniquidad. Su carácter es descrito en Génesis 6:9 por tres expresiones impresionantes. Noé, el texto dice: (1) “fue un varón justo”; (2) “perfecto en sus generaciones”; y (3) “con Dios caminó” (cf. Santiago 2:23, donde una expresión similar es aplicada a Abraham).
A causa de la fidelidad de Noé, Dios impuso un “periodo de prueba” de un máximo de 120 años antes de destruir a los habitantes de la Tierra (Génesis 6:3). Durante ese tiempo, Noé predicó a la gente de su generación (1 Pedro 3:18-20; 2 Pedro 2:5), mientras tanto llevaba a cabo los mandamientos de Dios concernientes a la construcción del arca (Génesis 6). Después de aproximadamente 100 años, el trabajo de Noé fue terminado (Génesis 5:32 indica que Noé era de 500 años de edad antes de los eventos de Génesis 6-8; Génesis 7:6 indica que Noé era de 600 años de edad cuando entró en el arca). La sentencia había sido hecha; la gracia de Dios había sido extendida; el tiempo para la acción estaba a la mano. El pecado de la humanidad ahora daría como resultado el envío de Dios de un Diluvio Global.
EN DEFENSA DEL...DILUVIO DEL GÉNESIS
El tema del Diluvio es una historia prominente en la Biblia, con más atención dada a éste que incluso a la Creación. Cuatro de los primeros once capítulos del Génesis son dedicados al registro del gran Diluvio. De hecho, después de la creación, el Diluvio de los días de Noé es el evento físico único más grande en la historia de nuestra Tierra; nada comparable a esto ha pasado desde entonces, ni nada comparable pasará otra vez—hasta la destrucción final de este Universo en el juicio candente aún por venir (2 Pedro 3). Existen referencias repetitivas del relato del Diluvio en numerosos libros entre el Antiguo Testamento. Además, Jesús y los escritores del Nuevo Testamento a menudo aludieron a Noé y al Diluvio como si ambos fueran históricos en naturaleza (cf. Mateo 24:36-39; 1 Pedro 3:18-22; Hebreos 11:7; 2 Pedro 3:5-7).
¿Fue el Diluvio, universal en alcance, o fue meramente una inundación local mesopotámica limitada al mundo conocido de entonces? ¿Es el relato de Génesis 6-9 del Diluvio el registro de un evento histórico real, o es simplemente una alegoría, mito, o leyenda? Las respuestas a estas preguntas forman una parte importante de la defensa del registro bíblico del Diluvio.
La Extensión y Duración del Diluvio
Génesis 7:11 provee una indicación clara de la naturaleza devastadora del Diluvio cuando declara que “todas las fuentes del grande abismo fueron abiertas, y las cataratas de los cielos fueron abiertas”. Esta no fue una lluvia dulce de la tarde. Sin embargo, fue el juicio condenatorio final de un Dios enojado sobre un mundo enfermo de pecado y culpado a morir. El agua cayó (“las cataratas de los cielos fueron abiertas”) y las aguas subieron (“todos los montes altos que habían debajo de todos los cielos, fueron cubiertos”), hasta que finalmente Génesis 7:19,20 registra: “Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes”. Evaluando estos pasajes, Whitcomb y Morris escribieron: “Uno no necesita ser un científico profesional para darse cuenta las implicaciones tremendas de estos enunciados bíblicos. Si solamente uno (para considerar nada de todo) de los montes más altos habría sido cubierto con agua, el Diluvio hubiera sido absolutamente universal; ya que el agua tiene que buscar su propio nivel—y ¡debe hacerlo muy rápidamente!” (1961, pp. 1-2, énfasis en original). Los críticos han argumentado que la frase “todos los montes altos” no significa necesariamente todos los montes altos, ya que la palabra “todo” puede ser usada en sentido relativo. No obstante, H.C. Leupold, dio un golpe mortal a ese argumento:
Una medida de las aguas es ahora hecha por la comparación con el estándar disponible único para tales aguas—los montes. Se dice que estos habían sido “cubiertos”. No simplemente pocos, sino “todos los montes altos debajo de todos los cielos”. Una de estas expresiones sola casi exigiría la impresión de que el autor intenta comunicar la idea de la absoluta universalidad del Diluvio, e.g., “todos los montes altos”. Aunque ya que “todo” es conocido siendo usado en sentido relativo, el escritor elimina toda posible ambigüedad añadiendo la frase “debajo de todos los cielos”. Un doble “todo” (kol) no puede permitir tal sentido relativo. Esto casi constituye un superlativo hebreo. Por tanto creemos que el texto constituye el asunto de la universalidad del Diluvio (1942, p. 301).
El Testimonio del Apóstol Pedro
Uno de los pasajes más importantes, y más convincentes relacionados a la magnitud y trascendencia del Gran Diluvio es encontrado en 2 Pedro 3:3-7:
Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
En este pasaje conmovedor, Pedro habla de algunos que—a causa de una fidelidad fatal al uniformismo—no tomaron en serio la promesa del Cielo de la Segunda Venida de Cristo. Ni parecía que entendían que Su regreso sería un cataclismo, la intervención universal por Dios en los acontecimientos del hombre. Estos “burladores” se quejaban de que todas las cosas continuaban como lo habían hecho “desde el principio de la creación”. En respuesta, Pedro trató dos eventos que simplemente no pueden ser explicados en el fundamento del uniformismo, y haciéndolo así él destruyó para siempre los argumentos de los incrédulos.
El primero de estos eventos fue la creación del mundo: “fueron los cielos y la tierra en el tiempo antiguo...por la Palabra de Dios”. El segundo de estos eventos fue el Diluvio de Noé: “El mundo (griego cosmos) de entonces, pereció anegado en agua”. Pedro usó el relato del Diluvio de Noé para obtener una comparación con la Segunda Venida de Cristo y la destrucción subsiguiente del mundo. Pedro dijo que como “el mundo de entonces” pereció por agua, así los “cielos y la tierra que ahora existen” han sido “guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”. Del lenguaje sencillo de Pedro, es lógicamente imposible para los hombres sugerir que él quería decir una destrucción venidera por el fuego de solamente parte de la Tierra. Los términos de Pedro—“los cielos y la tierra que existen ahora”—obviamente son universales en naturaleza. Pedro describió un evento que provocó una transformación no solo de la Tierra, sino también de los cielos. Ese evento, según el apóstol inspirado, ¡fue el Diluvio del Génesis! No puede haber duda de que el argumento de Pedro (i.e., existe una destrucción venidera aguardando a este mundo—un argumento enmarcado en el hecho histórico del Diluvio del Noé) provee testimonio inspirado como para la destrucción universal del Diluvio del Génesis.
El Testimonio de Jesucristo
No solamente fueron los escritores inspirados de la Biblia aquellos que proveyeron la información de la extensión, naturaleza, e importancia del Diluvio de Génesis. El Señor mismo abordó el tema del Gran Diluvio en Lucas 17:26-30 (cf. Mateo 24:39) cuando hizo el siguiente paralelismo:
Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste (énfasis añadido).
En este pasaje, el Señor predijo un destino inminente que iba a acontecer a los judíos de Sus días quienes no escucharían y obedecerían a la Palabra de Dios. No obstante, para nuestro propósito aquí, note el contexto en el cual Jesús trata la destrucción de Génesis 6-8. Él colocó el Diluvio a la par de la aniquilación de Sodoma, y también lo colocó a la par de la destrucción del impío a Su Segunda Venida. Whitcomb remarcó:
Este factor es de trascendencia tremenda para ayudarnos a determinar el sentido en el cual la palabra “todo” es usada en referencia a aquellos que fueron destruidos por el Diluvio. Nuestro argumento procede en la siguiente manera: La fuerza de la advertencia de Cristo a los impíos concerniente al castigo que les espera al momento de Su Segunda Venida, al recordarles de la destrucción de los sodomitas, sería inmensurablemente debilitada si nosotros supiéramos que algunos sodomitas, después de todo, hubieran escapado. Esto permitiría la esperanza para los impíos de que algunos de ellos pudieran escapar de la ira de Dios en ese día venidero de juicio. Pero nosotros no tenemos, en absoluto, razón para pensar que alguien de Sodoma sí escapo a la destrucción cuando el fuego cayó del cielo. En exactamente la misma manera, la advertencia de Cristo a generaciones futuras, sobre el fundamento de lo que pasó al impío en los días de Noé, no habría tenido sentido si parte de la raza humana habría escapado a las aguas del juicio.... Por tanto estamos persuadidos de que el uso de Cristo de la palabra “todo” en Lucas 17:27 debe ser entendido en sentido absoluto; de otra manera las analogías colapsarían y las advertencias perderían su fuerza. Una carga pesada de prueba descansa sobre quienes sostendrían que solamente una parte de la raza humana fue destruida en el Diluvio, en vista de los enunciados claros del Señor Jesucristo (1973, pp. 21-22, énfasis en original).
LA CIENCIA Y EL DILUVIO
No es la idea principal de este artículo el presentar evidencia científica que sostenga el concepto de un Diluvio global. Ya que es el Diluvio bíblico lo que está bajo discusión, la veracidad del registro del Génesis que trata del Diluvio debe ser determinada apelando a la Biblia.
No obstante, existe evidencia científica amplia disponible para indicar la presencia de un Diluvio global en el pasado distante. De hecho, han sido escritos volúmenes enteros que documentan tal evidencia. El volumen clásico The Genesis Flood (El Diluvio del Génesis), aunque ahora algo antiguo, es un buen punto de comienzo para tal material. Los dos trabajos de John Whitcomb, The World That Perished (El Mundo Que Pereció) y The Early Earth (La Primera Tierra), contienen material valioso adicional, también como respuestas razonables para los críticos. Harold Clark también ha escrito un libro que trata con tales asuntos (Fossils, Flood and Fire—Fósiles, Diluvio y Fuego). Libros similares (The Flood—El Diluvio, por Rehwinkel; Speak Through the Earthquake—Habla a Través del Terremoto, Wind & Fire—Viento y Fuego, por Fisher; Grand Canyon: Monument to Catastrophe—El Gran Cañón: El Monumento a la Catástrofe, por Austin) son fácilmente disponibles, y dan cuenta del hecho de la cantidad acumulativa de evidencia científica que sostiene el concepto del Diluvio del Génesis.
No obstante, yo creo que una palabra de advertencia está en orden. En el pasado, han sido documentadas exageraciones de aquellos de ambos lados del asunto. Algunos han hecho enunciados como “no existe manera geológicamente de sostener la idea de que existió un diluvio mundial” (Clayton, 1969). Por otra parte, algunos han interpretado casi cada pizca de evidencia como sosteniendo un Diluvio global, incluso yendo tan lejos como para identificar una capa particular dentro de la columna geológica como la capa del Diluvio—una postura que, al final, fue probada inconveniente (e incluso, en ocasiones, vergonzosa).
Ambos extremos deberían ser evitados. La evidencia bíblica establece el hecho de que existió un Diluvio universal. Sabiendo eso, nosotros entonces podemos estar alertas a la evidencia de la ciencia que provee sostenimiento para el modelo del Diluvio. No obstante, al mismo tiempo debemos darnos cuenta que no es siempre una tarea fácil el interpretar tal evidencia, ya que nadie entre nosotros ha experimentado o ha atestiguado un Diluvio global. Como Austin ha advertido: “El Diluvio mundial relatado en Génesis no tiene paralelo en el mundo de hoy” (1994, p. 192). Por tanto, cualquier medición que hagamos debe ser hecha en una escala mucho más pequeña (e.g., usando información de inundaciones locales, etc.). Siendo este el caso, es el deber nuestro usar sumo cuidado, ya que no queremos abusar, mal usar, o sobre-extrapolar la evidencia de la ciencia. Aunque pueda existir alguna dificultad en llegar a un entendimiento después del hecho, pleno, y científico completo, de la geología asociada con un Diluvio global, el hecho es que los argumentos para un diluvio local (sea presuntamente basado sobre la exégesis bíblica o la ciencia moderna) no son convincentes. Y más importante, son equivocados.
Sin embargo, existen argumentos irresistibles a favor de una inundación universal. Henry Morris, por ejemplo, en The Remarkable Birth of Planet Earth (El Nacimiento Remarcable del Planeta Tierra), sugirió 96 argumentos (64 bíblicos, 32 no-bíblicos) que sostienen la idea de un Diluvio mundial (1972, pp. 96-100). Aunque uno no pueda estar de acuerdo con cada sencillo argumento, rápidamente llega a ser aparente que es imposible deshacerse de cada uno de los argumentos en una manera indiferente. Por ejemplo, han sido encontrados inmensos cementerios de animales y escombros cambiantes fosilíferos mundialmente. Ha sido documentada la evidencia de un cataclismo acuoso grande, repentino y reciente—seguido por una helada profunda a través del norte grande completo, acompañado por fuerzas titánicas hidráulicas y agitación de la corteza enterrando una multitud de elefantes y otras grandes bestias en una región que ahora es casi totalmente carente de vegetación. Han sido descubiertos grandes números de árboles fósiles y plantas, colocados verticalmente, oblicuamente, e incluso invertidos mientras traspasaban capas sucesivas de piedras colocadas por el agua (i.e., fósiles polistratos).
Han sido descubiertas inmensas y numerosas grietas, fisuras, y capas de lava marcando el fondo del océano del mundo e indicando alguna agitación submarina gigantesca de la corteza de la Tierra (como en el rompimiento de las “fuentes del gran abismo”). La evidencia geológica sugiere que la mayoría de, sino todos, los montes del mundo han estado debajo del agua en un punto del pasado—una conclusión demandada por la existencia de depósitos sedimentarios y fósiles marinos en o cerca de su cumbre. Mucho de la corteza de la Tierra está compuesto de rocas sedimentarias (esquistos, piedras calizas, arenisca, etc.) que generalmente se conoce que se forman debajo del agua. La fosilización mundial ha ocurrido en cantidades vastas, incluyendo fósiles de incluso muchas formas modernas de vida. Estos fósiles son encontrados en estratos sedimentarios, a menudo en grandes profundidades y bajo presión grande. Aunque como Morris ha observado: “No obstante, los fósiles normalmente requieren entierro y compactación muy rápida para ser preservados en absoluto. Por ende cada formación sedimentaria parece haber sido formada rápidamente—incluso catastróficamente—y más y más geólogos del tiempo presente están regresando a este punto de vista” (1998, p. b). Aunque no es la intención de los creacionistas sugerir que todo caso de entierro rápido y fosilización o destrucción en masa es atribuible al Gran Diluvio, muchos pueden bien ser. Abordando la columna geológica, el Dr. Morris comentó:
Es también trascendente que los tipos de rocas, la vasta extensión de formaciones específicas de roca sedimentaria, los minerales y metales, carbón y petróleo encontrado en las rocas, los varios tipos de estructuras (i.e., fallas, plegamientos, corrimientos, etc.), rocas sedimentarias extremadamente deformadas mientras que todavía son blandas por deposición reciente, y numerosos otros rasgos parecen ocurrir indiscriminadamente durante todas las varias “eras” supuestamente representadas en la columna. Por tanto, por toda apariencia externa, estos fueron formados en esencialmente el mismo periodo de tiempo breve (1998, pp. b-c).
Han sido encontrados “cementerios” fósiles sedimentarios mundialmente en rocas de todas las “edades”. Varios tipos de roca (granito, esquisto, piedra caliza, etc.) son encontrados en todas partes de la columna geológica, y allí existe un desorden general en el registro fósil, que sería esperado si un Diluvio global ocurrió.
CONCLUSIÓN
La tentación indudablemente existe, especialmente en el clima de hoy de destreza científica extrema, para exaltar a la ciencia por encima de las Escrituras. Sin embargo, tal postura no es una opción para la persona que acepta la veracidad e inspiración de la Palabra de Dios. John Morris abordó esta tentación, y lo que pasa cuando los creyentes en la Biblia caen presos a ésta, cuando escribió:
Desafortunadamente, ahora muchos otros han comenzado a juzgar la veracidad de las Escrituras por su acuerdo con el dogma científico, y luego han comenzado a distorsionar la Escritura hasta que los dos parezcan estar de acuerdo. Haciendo esto, las opiniones científicas de algunos científicos son elevadas al nivel que no merecen, y la Escritura sufre.
Si tal método de interpretación de la Escritura es seguido en todo, otras doctrinas también caerán. Después de todo, los milagros son “científicamente” imposibles. Los científicos saben que las vírgenes no dan a luz, los hombres no caminan sobre el agua, y los cuerpos no se levantan de la muerte. Uno puede ganar credibilidad científica entre los seculares por torcer la Escritura para encajar la ciencia, pero sería mejor honrar a Dios creyendo en su palabra (1998, p. d).
Vamos a examinar abierta y francamente la evidencia que sostiene el Diluvio de Génesis, e incitar a otros a hacerlo igualmente. Vamos a ser estudiantes cautelosos, pero a la misma vez nunca vamos a estar dispuestos a comprometer el testimonio inspirado. Y vamos a recordar que nuestra preocupación primaria siempre debe ser: ¿Qué enseñan las Escrituras?
REFERENCIAS
Austin, Steven A. (1994), Grand Canyon: Monument to Catastrophe (El Cajon, CA: Institute for Creation Research).
Clark, Harold W. (1968), Fossils, Flood and Fire (Escondido, CA: Outdoor Pictures).
Clayton, John N. (1969), Questions and Answers: Number 1 [taped lecture], (South Bend, IN: Privately published by author).
Fisher, Graham A. (1982), Speak Through the Earthquake, Wind & Fire (Merseyside, England: Countyvise, Ltd.).
Leupold, Herbert C. (1942), Exposition of Genesis (Columbus, OH: Wartburg Press).
Morris, Henry M. (1972), The Remarkable Birth of Planet Earth (San Diego, CA: Institute for Creation Research).
Morris, Henry M. (1998), “Why Christians Should Believe in a Global Flood,” Back to Genesis, 116:a-c, August.
Morris, John D. (1998), “How Does ‘Old Earth’ Thinking Affect One’s View of Scripture’s Reliability?,” Back to Genesis, 116:d, August.
Rehwinkel, Alfred M. (1951), The Flood (St. Louis, MO: Concordia).
Whitcomb, John C. (1972), The Early Earth (Grand Rapids, MI: Baker).
Whitcomb, John C. (1973), The World That Perished (Grand Rapids, MI: Baker).
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