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Incluso Jesús se Airó
por Kyle Butt, M.A.

En la mayoría de casos, Jesús escogió usar palabras gentiles y medidas pacificadoras para ocuparse de los negocios de Su Padre. Pero al menos en una ocasión, demostró Su ira.

Desde el tiempo de Moisés, siempre que los judíos se presentaban al Señor en el templo, debían ofrecer medio siclo. Éxodo 30:13 registra: “Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario”. Cuando Moisés promulgó este decreto, los israelitas eran un grupo único y unido que comercializaba con la misma forma monetaria. Sin embargo, mientras que los años pasaron eso cambió y los judíos fueron esparcidos en otras ciudades (tales como Babilonia, Asiria y Frigia). Naturalmente, aquellos judíos que vivían en naciones extranjeras comenzaron a usar la moneda de curso legal del país en el cual habitaban.

Esto originaba un problema para ellos cuando querían presentarse al Señor en el templo, ya que la Ley decía que debían presentar medio siclo. El sacerdote del templo no aceptaba monedas extranjeras en el tesoro sagrado. Por ende, los cambistas codiciosos se presentaban en el patio del templo para ofrecer sus servicios. Ellos cambiaban monedas extranjeras por medios siclos judíos, pero al hacerlo exigían rutinariamente una “comisión” excesiva por el cambio. ¿Qué debía hacer un judío extranjero? ¿Dónde más podía obtener medio siclo judío aparte de Jerusalén? Los cambistas tenían un monopolio virtual. Básicamente, nadie podía venir a Dios a menos que viniera primero a los cambistas.

Como si esto no fuera suficientemente malo, los cambistas y comerciantes del templo también habían monopolizado la venta de ganado adecuado para ofrecer al Señor. Ya que muchos de los adoradores que visitaban el templo vivían muy lejos, ellos adquirían ganado en o cerca del templo, en vez de tratar de traer animales en el viaje. Cuando llegaban a Jerusalén, se daban con la sorpresa desagradable que el ganado aceptable tenía un costo muy elevado. Sin embargo, ellos no tenían elección sino pagar los precios ya que no era una opción regresar a casa sin sacrificar a Dios. Una vez más, los cambistas y comerciantes estaban en medio de Dios y Sus adoradores.

A causa de esta escena de fraude y abuso, el León de Judá vino rugiendo. En Juan 2:14-17, se cuenta la historia de que Jesús experimentó indignación justa. Él hizo un azote de cuerdas, hizo estragos entre los cambistas, volcó sus mesas, esparció sus monedas y los echó del templo juntamente con su ganado.

El enojo y la ira entran en la vida de cada uno de nosotros. Pero se debe aprender de Jesús a ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). También se debe aprender que hay un tiempo para la indignación recta. Cuando haya aquellos que se interpongan entre Dios y la adoración verdadera que se le debe—sea a través de la falsa doctrina, hipocresía o algún otro vicio—recordemos el ejemplo del Señor: “Airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:26).




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