La organización gubernamental que controla los asuntos de salud en los Estados Unidos, el Centro Nacional por la Estadística de la Salud, ha reportado las estadísticas lamentables sobre el estado del matrimonio (casi 40%, vea “Almost 40%...”, 2006). Mientras que en 1950 la edad promedia del matrimonio era 23 años para el hombre y 20 para la mujer, ahora las edades son 27 y 25 respectivamente. Es cierto que ahora algunos están esperando más para casarse. Pero en muchos casos, ellos han escogido vivir juntos sin casarse. En 1970, la cifra de parejas no-casadas con hijos era menor a 200,000. Esa cifra ahora se ha disparado a 1.7 millón y está incrementando.
Lo más alarmante es que los nacimientos fuera del matrimonio en los Estados Unidos se han elevado más que nunca. De hecho, 37% de los bebés que nacieron en el año 2005—aproximadamente 4 de 10—fueron bebés de padres no-casados. Tal cifra tiene implicaciones sísmicas—sin mencionar que es absolutamente vergonzosa y lamentable (Proverbios 14:34). Sería trágico considerar que incluso el 10% de los bebés que nacieran en Norteamérica no tuvieran padres casados. Los fundadores de los Estados Unidos no pudieran creer que incluso el 20% (un quinto) o incluso el 25% (un cuarto) de todos los bebés no tuvieran padres casados. Pero ¡ahora la cifra es casi el 40%! ¡Cuarenta por ciento de los niños en los Estados Unidos no tienen padres casados! Y esa cifra es solo por un año; esa estadística ha sido similar cada año por algún tiempo. Sin duda, una gran parte de la población de los Estados Unidos está tan moralmente y espiritualmente adormecida que no considera estas estadísticas como un problema. “¿Cuál es el problema?”.
El gran problema es que este no fue el plan de Dios para la familia desde la Creación. La familia que Dios creó consistió de un hombre y una mujer que estarían casados por toda la vida (Génesis 2:24). Por ende, según el diseño divino, la familia es el fundamento de la civilización humana y el fundamento de la nación. Para que la sociedad funcione en una manera civil, sus ciudadanos deben crecer en hogares estables que consisten de ambos padres. El hogar es la incubadora que desarrolla gente madura y generosa. Si el número de estos hogares declina, la sociedad misma se desestabilizará y desunirá. La falta de preocupación por este asunto dará como resultado la apatía fría y cruel y el trato descortés y rudo ante los demás. Los índices de crimen aumentarán inevitablemente y la población en las cárceles se expandirá. La lista de comportamientos depravados se extenderá aún más.
Pocos norteamericanos saben que los Fundadores de la República amonestaron en cuanto a no ignorar los principios cristianos de la moralidad—incluyendo los relacionados al matrimonio—los cuales consideraron indispensables para la supervivencia de la nación. Considere un ejemplo del escrito de alguien alabado como un “Padre de la Jurisprudencia Norteamericana”, Joseph Story, a quien el Presidente James Madison estableció en la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde sirvió desde 1811-1845:
En toda comunidad bien dirigida no se puede ser indiferente a la promulgación de las grandes doctrinas de la religión, el ser, y los atributos y la providencia de un Dios Todopoderoso; a la responsabilidad ante él por todas nuestras acciones que están fundadas sobre la libertad y la responsabilidad moral; al estado futuro de recompensas y castigos; y al cultivo de todas las virtudes personales, sociales y benévolas. De hecho, es difícil concebir que cualquier sociedad pueda existir bien sin estas. Y en todo caso, es imposible que los que creen en el cristianismo verdadero como la revelación divina, duden que el gobierno tenga la obligación especial de promover y fomentar el cristianismo entre todos los ciudadanos e individuos (III.44.1865:722-723, énfasis añadido).
Con el fin de considerar a la religión cristiana como la religión de la libertad (como sus verdaderos amigos siempre la han considerado), una república debería considerar con respeto la religión cristiana como el gran fundamento para su sostenimiento y permanencia (III.44.1867:724-725, énfasis añadido).
Ciertamente, ya que un porcentaje alto de los norteamericanos ignora la enseñanza bíblica sobre el matrimonio y la familia, y rechaza la responsabilidad de sus acciones ante Dios, ¿cómo puede Norteamérica seguir existiendo como una sociedad civilizada? Al rechazar los principios morales del cristianismo, ¿cómo puede permanecer la República? Según los que fundaron esta nación, esto es imposible.
Pero tenemos a disposición la solución para la enfermedad de la nación:
Si los Estados Unidos no se levanta y recupera su salud moral, le aguardará un destino inevitable: “Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios” (Salmos 9:17).
“Almost 40% of Children Born in the U.S. in 2005 Were Out of Wedlock, an All-Time High” (2006), Associated Press, November 21, [En-línea], URL: http://www.foxnews.com/story/0,2933,231183,00.html.
Story, Joseph (1833), Commentaries on the Constitution of the United States, Boston, MA: Hilliard, Gray, & Co.), [En-línea], URL: http://www.constitution.org/js/js_344.htm.
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