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AP Contenido :: Creación vs. Evolución

¿Por Qué Cree la Gente en la Evolución?
por Bert Thompson, Ph.D.

INTRODUCCIÓN

Existen muchas características remarcables sobre este maravilloso planeta que Dios creó. La luz cálida del Sol y la lluvia refrescante causan que la Tierra produzca un jardín magnífico de belleza. Nuestro mundo abunda con una serie asombrosa de animales curiosos y encantadores. El amor que los humanos son capaces de compartir en sus vidas comunitarias y domésticas es en efecto emocionante. Las bendiciones que el cristianismo ha traído sobre la humanidad son demasiadas numerosas para clasificar. Sí, éste es un mundo maravilloso en muchas consideraciones.

No obstante, en una manera realista debemos reconocer que existe mucho en nuestro medio ambiente que puede solamente ser denominado como “malo”. Aunque, siempre que el término “mal” es empleado, debería comprenderse que no denota necesariamente lo que es moralmente malo. Es posible usar el término (o alguna expresión equivalente) para describir ciertas condiciones que han resultado como consecuencia de la caída del hombre de su estado original de inocencia. Aun cuando el concepto de lo “malo” pueda ser empleado de manera acomodada, debe reconocerse que todo lo malo en el fondo puede ser localizado en la rebelión de la humanidad en contra del Creador. En este estudio, examinaremos varias formas de “mal” que son parte de nuestro domino terrenal.

MAL NATURAL

El medio ambiente de nuestro planeta, tal como lo es ahora, no es el que originalmente fue deseado o diseñado por Jehová. Inicialmente, la morada del hombre fue un paraíso de felicidad y belleza. La versión griega de las Escrituras del Antiguo Testamento declara que Dios colocó a Adán en “el huerto del Placer [paradeiso]” (Génesis 2:15). La información arqueológica de la antigüedad habla de un lugar donde el Sol se levantaba (Génesis 2:8), y donde no existía nada excepto lo que era bueno, limpio y resplandeciente. Este fue un lugar donde no existía enfermedad ni muerte (vea Kramer, 1963, pp. 147-149, 277-286). Sin embargo, cuando nuestros primeros padres se rebelaron en contra de su Hacedor, un principio de “mal” invadió este mundo. Moisés nos informa que como una consecuencia del pecado del hombre, la Tierra fue “maldita” (Génesis 3:17). El inspirado apóstol Pablo declaró que la creación fue sujeta a “vanidad” y a la “esclavitud de corrupción” por la voluntad de Dios (Romanos 8:20,21). Esto indica que un cambio drástico ocurrió en las características de nuestro planeta.

Existe también un caso fuerte que debe ser hecho para la idea de que el Gran Diluvio de los días de Noé (Génesis 6-8) forjó consecuencias devastadoras para los cambios de las características geofísicas de la Tierra. Esto ha resultado en tormentas violentas, erupciones volcánicas, y terremotos destructivos que ahora son comunes en nuestro mundo. [Para un tratado de este concepto vea el estudio meticuloso de A.M. Rehwinkel, The Flood (1951, Capítulo 1)]. Estas fuerzas destructivas, como una regla genérica, no deberían ser designadas como “actos de Dios” (como en las pólizas de seguro); en cambio, éstas son formas de “mal” natural que son un castigo por la apostasía del hombre.

MAL PROVIDENCIAL

En el capítulo 47 de Isaías, el profeta de Dios anunció el destino inminente del imperio babilónico pagano. El Señor dijo: “Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia. Siéntate en la tierra, sin trono” (47:1). Jehová declaró que Él “haría retribución” sobre la nación arrogante que se jactaba, “Para siempre seré señora” (47:3,7). La maldad de este poder impío es representada gráficamente, y el castigo inminente es prometido. Dios advirtió: “Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti” (47:11, énfasis añadido). Note que los términos “mal” y “destrucción” son usados intercambiablemente. El mal, en este sentido, es lo opuesto de la paz (cf. Isaías 45:7). Dependiendo de la postura espiritual de una nación, el Señor puede visitarla (y lo hará) con condiciones pacíficas y prósperas, o destrucción. La justicia engrandece a una nación (Proverbios 14:34), y los gobiernos que ignoran los principios de Dios serán juzgados (Salmos 9:17). El Antiguo Testamento está repleto de ejemplos de cómo el Creador trata con los poderes nacionales dependiendo de su carácter moral y religioso. ¿Somos lo suficientemente sabios para aprender de aquellos ejemplos (Romanos 15:4)?

MAL FÍSICO

Job, la victima antigua de Uz, lamentó que “el hombre nacido de mujer, [es] corto de días, y hastiado de sinsabores” (Job 14:1). Una parte de la aflicción del patriarca fue una enfermedad repulsiva que consumía su cuerpo completamente (2:7). Cuando algunos de los amigos de Job oyeron de todo “este mal” que había descendido sobre él, vinieron a consolarle (2:11), aunque ellos se convirtieron en “consoladores molestos” (16:2).

¿Cuál es el origen de la enfermedad y la muerte? ¿Por qué Dios permite tales cosas? ¿Cómo pueden ser estos males reconciliados con un Creador benevolente? Desde la posición ventajosa de la Biblia, la corrupción física es vista como un mal que plaga la humanidad como resultado del pecado de Adán, el cual, desde luego, fue instigado por Satanás. Note el énfasis del Nuevo Testamento sobre la relación del diablo con el mal físico humano.

En una ocasión cuando Cristo estaba enseñando en una sinagoga judía, se encontró con una mujer que había sido consumida por un mal físico por dieciocho años. Jesús sanó a la mujer, pero Su acto incurrió en la ira del principal de la sinagoga, quien sostenía que el milagro del Maestro era una violación a la ley del día de reposo. El Señor, a través del uso de un argumento ad hominem (el cual está proyectado a revelar la inconsistencia de un oponente), señaló que si los judíos no tenían objeción en desatar a un animal en el día de reposo, seguramente no debían objetar la liberación de esta desafortunada mujer, la cual muchos años había estado “atada” por Satanás (Lucas 13:16). Cristo atribuyó la enfermedad de la mujer básicamente al diablo. En su sermón en la casa de Cornelio, Pedro, al tratar del ministerio de Jesús, afirmó que el Señor: “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). Piense de la variedad de curaciones que Jesús efectuó, a la luz de este pasaje. En el Antiguo Testamento, Deuteronomio 7:15 habla de “enfermedades malas”, y en el Nuevo Testamento, las dificultades (enfermedad, etc.) que habían plagado la vida de Lázaro fueron llamadas “males” (Lucas 16:25).

Cristo, en una discusión acalorada con ciertos líderes judíos, indicó que Satanás había matado a la familia humana en el mismo principio del tiempo (Juan 8:44). Esto seguramente fue una alusión a la condición corrompida del hombre, la cual finalmente guía a la tumba. Pablo enfocó el asunto desde el punto de vista de la responsabilidad humana cuando escribió: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Otra vez, no se necesita recordarnos que el Nuevo Testamento considera a la muerte como nuestro enemigo, finalmente para ser abolida por el Hijo de Dios (1 Corintios 15:26). Leon J. Wood habló de por qué Dios permite el mal natural y físico en el mundo.

Ya que el mundo fue considerado imperfecto por la entrada del mal moral en este reino por la Caída del hombre, Dios permite que los poderes de la naturaleza trabajen para el detrimento de los seres humanos. Dios tolera esta clase de mal en Su universo en vista de la victoria final. Y aunque algunas veces Él lo usa para castigar a individuos y a naciones (Lamentaciones 3:38; Amos 3:6), Él también lo usa para promover Su gloria y propósitos entre los hombres (Santiago 1:2-4; 1 Pedro 1:7). El sufrimiento resultante del mal físico puede castigar, pero no puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38,39), y de hecho puede preparar bien al individuo para una gloria más grande (Romanos 8:18; 2 Corintios 4:16-18; Efesios 3:13). Sin embargo, debe también reconocerse que muchas calamidades humanas bajo la providencia y soberanía de Dios son creadas por la necedad humana. Con esto en mente, el hombre tiene una responsabilidad de estudiar la creación de Dios, de controlarla y dominarla de acuerdo a Sus mandamientos (Génesis 1:28) [1972, 4:131].

ACTOS DE MAL MORAL

Existe un esfuerzo coordinado en la sociedad moderna de negar la realidad del mal moral. Algunos ateos alegan que ya que no existe Dios, nada puede ser clasificado como “malo”; por ende, todo ejercicio de la determinación humana es neutral o correcto. Los evolucionistas sostienen que la consciencia moral ha sido desarrollada naturalmente como un mecanismo social para la preservación de nuestras especies; por ende, el mal es flexible, y definible solamente por el individuo. La sociobiología es la noción recientemente desarrollada de que el hombre no puede ser culpado con maldad ya que la conducta humana es simplemente la respuesta programada del origen genético de uno. Incluso algunos religiosos han distorsionado la figura. Mary Baker Eddy, fundadora del movimiento “Ciencia Cristiana”, argumentó: “El mal no tiene realidad. Éste no es persona, lugar, ni cosa, sino simplemente una creencia, una ilusión del sentido material” (1895, p. 237).

No obstante, el hecho es que la Biblia claramente reconoce la existencia del mal moral, el cual tiene que ver con la relación del hombre con el hombre; esto es la conducta humana pervertida. El Nuevo Testamento emplea tres adjetivos griegos (y una variedad de formas relacionadas) que son traducidos como “mal” en la Biblia en español. Aunque una distinción en los términos diferentes sea difícil de reconocer, kakos (50 veces) denota lo que es malo en carácter, mientras que el sinónimo poneros (78 veces) enfatiza la influencia maligna o mal que resulta de ciertos hechos. Phaulos (6 veces) sugiere lo que es malo en el sentido de ser inútil (Vine, 1962, 2:50-51).

El Nuevo Testamento reconoce la presencia del “mal”, i.e., Satanás (Mateo 5:37), quien, en el primer siglo fue capaz de afligir a ciertas personas a través de “espíritus malos” (Mateo 12:45). Existen “obradores del mal” que hablan palabras malas (Mateo 5:11) y/o hacen obras malas (Juan 3:19; Colosenses 1:21), por ende produciendo frutos malos (Mateo 7:17). El homicidio, la mentira, el adulterio, el hurto, etc., son formas de mal y nunca son correctos bajo ninguna circunstancia (contrario a las aseveraciones de los eticistas situacionistas).

MAL MENTAL

Jesús enseñó que el mal moral comienza en la mente del hombre. “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23). Adicionalmente a las acciones que son inicialmente formadas en la mente, existen formas de mal mental que pueden no nunca expresarse abiertamente, aunque son condenables. El Señor declaró que la lascivia es equivalente al adulterio mental (Mateo 5:28), y el apóstol Juan argumentó que el odio es realmente homicidio en la mente (1 Juan 3:15). El celo y la envidia son disposiciones mentales gemelas que son caracterizadas como obras de la carne (Gálatas 5:20,21). El primer término denota el deseo de poseer lo que otros tienen, mientras que la última palabra es más intensa. Esta describe a la persona que posee un sentimiento de desagrado hacia las bendiciones de otros, y quien privaría a su prójimo de tales cosas si pudiera. Esto representa a una persona que tiene un espíritu malo.

En el Sermón del Monte, Jesús condenó lo que es llamado el “ojo maligno”. Note este interesante texto: “La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mateo 6:22,23). ¿Qué es el ojo maligno? “Maligno” en el contexto está en contraste a “bueno” (griego, haplous), que significa determinación de propósito, liberalidad, y/o generosidad. Una forma adverbial de la palabra es traducida “liberalmente” (Romanos 12:8; cf. Santiago 1:5). Si el ojo bueno es el ojo generoso, en consecuencia el ojo malo sugiere la disposición egoísta y mezquina. El libro de Proverbios advierte: “No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares” (23:6 RV 1909), siendo el significado, ¡no coma con el anfitrión tacaño que cuenta cada bocado que toma! El Señor por ende enseñó que la persona esclavizada por la codicia es el individuo de quien su vida está envuelta en oscuridad. Es también interesante notar que el comentario de Cristo se encuentra en una sección que advertía en contra de hacer tesoros en la Tierra (Mateo 6:19,20), y el debatirse entre Dios y las riquezas (Mateo 6:24). El mal mental es un problema real en este mundo, es por esto que Pablo amonestó a pensar acerca de las cosas correctas (Filipenses 4:8).

MAL SOCIAL

El hacer una clase especial del mal social puede ser algo arbitrario; sin embargo, yo estoy haciendo la distinción para el propósito de este estudio. La esclavitud es un ejemplo del mal social. Nunca fue el ideal de Dios que un ser humano debiera “poseer” a otro. A pesar de todo, la esclavitud fue una parte de la estructura del mundo antiguo, y el Antiguo Testamento buscó regular y minimizar su dureza.

Los hebreos adquirían esclavos en dos maneras. Primero, ellos frecuentemente hacían a los cautivos de la guerra sus esclavos. Segundo, ya que la propiedad era una herencia familiar y no podía ser vendida, un hebreo pobre que necesitaba fondos algunas veces se vendería a sí mismo en servidumbre. Sin embargo, debe de observarse que el trato de los siervos, como regulado por el Antiguo Testamento, fue completamente superior a la esclavitud prebélica del Sur de los Estados Unidos. Bajo la ley mosaica, los esclavos tenían derechos civiles, domésticos y religiosos. Si un hombre mataba a su esclavo, él podía perder su vida; si lisiaba a su siervo, el esclavizado debía ser puesto en libertad. Los siervos frecuentemente eran tratados como miembros de la familia, se les permitía ciertas libertades, e incluso podían compartir en la vida religiosa de la comunidad judía. Un esclavo hebreo que había sido contratado debía ser liberado después de seis años de servicio (vea Tenney, 1975, 5:453 et.seq.).

La esclavitud del mundo romano del primer siglo fue un asunto muy diferente. Ésta fue extremadamente bárbara. Ha sido estimado que había algo de 60 millones de esclavos en el imperio romano; ellos fueron considerados una amenaza constante a las autoridades gubernamentales. En la opinión de Roma, un esclavo no era una persona, sino una cosa. Muchos se han preguntado por qué los escritores del Nuevo Testamento no condenaron abiertamente esta horrible institución. En primer lugar, no era la esencia de la religión cristiana el precipitar una revolución violenta—y eso es lo que hubiera pasado si el grito, ¡“Emancipación”! hubiera sido establecido. En cambio, estaba en la naturaleza de la enseñanza de Jesús el proveer una influencia como la levadura que entraría a los corazones de los hombres e iniciaría una disposición de igualdad que respetara la vida humana—una disposición que, con el tiempo, revelaría lo malo de la esclavitud humana. La “Regla de Oro” (Mateo 7:12) golpea el corazón mismo de este tema. El escrito de William Barclay sobre la esclavitud, en la introducción de su comentario sobre el libro de Filemón, es una obra de arte al abordar este tema.

La intolerancia racial es un mal social que ha plagado a numerosas culturas incluyendo a la nuestra. En el primer siglo, los judíos odiaban a los gentiles y menospreciaban a los samaritanos, y la disposición era mutua. La declaración de Pedro en la casa de Cornelio—que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34 et.seq.)—y la parábola del Señor del buen samaritano (Lucas 10:25 et.seq.), dieron un golpe mortal al prejuicio étnico. En Cristo, las barreras raciales son disueltas para siempre (Gálatas 3:28).

MAL RELIGIOSO

La religión es una actitud y acción dirigida hacia Dios. Es un sistema divino por el cual la humanidad alejada puede ser reconciliada con Dios. Es trágico que mucha gente avanza bajo la ilusión falsa de que el ser “moral” representa la totalidad de la responsabilidad humana. Pero no es así. El hombre también debe ser correctamente religioso; la moralidad está incluida en la religión, pero no la vacía. Existen numerosas formas de mal religioso.

Primero, descartar a Dios de la vida de uno es un mal común de los incrédulos como de los apostatas. En un pasaje dirigido particularmente a aquellos al borde de abandonar el cristianismo, un escritor inspirado advirtió: “Mirad hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (Hebreos 3:12). Observe la conexión entre las palabras enfatizadas.

Segundo, el rechazo de aceptar la evidencia concerniente a la naturaleza de Jesucristo y de Su sacrificio expiatorio refleja una mentalidad que es mala. En el capítulo 1 del evangelio de Juan, somos informados del trabajo de Juan el Bautista, de quien su misión fue preparar el camino para el Cristo venidero (1:6-8). Nuestro Señor, en este contexto, es representado simbólicamente como “la luz” Quien propuso proveer iluminación para el mundo en oscuridad. Sin embargo, más tarde el apóstol declaró que la mayoría de los hombres rechazaron esa luz y amaron las tinieblas, siendo la razón que sus “obras eran malas”. Otra vez, “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:19,20).

Tercero, la perversión de la verdad de Dios concerniente al plan divino de redención es una forma de mal religioso. En el primer siglo, ciertos judaizantes sostuvieron que el sistema del Evangelio sólo era insuficiente para salvar. Ellos argumentaban que el régimen mosaico (la circuncisión en particular) era un requisito para el perdón de los pecados (Hechos 15:1 et.seq.). Pablo aludió a tales falsos maestros cuando advirtió: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo [palabras que hacen referencia al acto de la circuncisión—WJ]” (Filipenses 3:2).

Aquí está el principio importante que debe ser deducido—cualquier alteración (sea por adición, substracción, o modificación) de los requerimientos del Cielo para la salvación es mala a los ojos de Dios. En vista de tales pasajes como Hechos 2:38, Hechos 22:16; 1 Pedro 3:21, y otros, aquellos en la comunidad religiosa actual que defienden el dogma de la “salvación por fe solamente” deberían reconsiderar seriamente su posición.

Cuarto, la corrupción del patrón ordenado por Dios de la adoración es una manifestación de mal. Cuando Jeroboam asumió el rol de nuevo rey del reino del Norte de Israel, él procedió a modificar el sistema de adoración. Becerros de oro fueron instalados en Be-tel y Dan, un día de fiesta no-autorizado fue instituido, y un nuevo sacerdocio no-levítico fue nombrado (1 Reyes 12:25 et.seq.). Este programa novedoso de adoración fue lo que el rey “había inventado de su propio corazón” (v. 33). Más de veinte veces, el registro del Antiguo Testamento habla de Jeroboam como “el cual pecó” y el rey quien “ha hecho pecar a Israel” (1 Reyes 14:16). Aun cuando Jeroboam fue reprendido por un profeta del Señor (de quien su mensaje fue confirmado por señal divina—1 Reyes 13:1-6), su “penitencia” fue pasajera, porque, como la narración sagrada revela, “con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino” (13:33). Cualquier intento de adorar a Dios aparte de la autoridad divina, a pesar de la sinceridad de uno, es una forma de mal.

REFERENCIAS

Eddy, Mary Baker (1895), Science and Health (Boston, MA: Christian Science Society).

Kramer, Samuel (1963), The Sumerians: Their History, Culture and Character (Chicago, IL: University of Chicago Press).

Rehwinkel, A.M. (1951), The Flood (St. Louis, MO: Concordia).

Tenney, Merrill C., ed. (1975), The Zondervan Pictorial Bible Encyclopedia (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Vine, W.E. (1962), Expository Dictionary of N.T. Words (Old Tappan, NJ: Revell).

Wood, Leon J. (1972), The Encyclopedia of Christianity (National Foundation for Christian Education).




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