¿Cómo podemos saber si el texto del Antiguo Testamento fue transmitido fielmente durante los siglos? ¿No es posible que se haya viciado hasta el punto que su forma actual fuera drásticamente diferente de la fuente original?
R.Primeramente, la lógica argumenta a favor de la preservación de la Palabra de Dios. A menos que se asuma una posición totalmente atea, se debe concluir que la evidencia razonable demanda las siguientes proposiciones: (1) Dios existe. (2) Dios creó especialmente al hombre (i.e., la humanidad) a Su imagen divina (Génesis 1:26), por ende, el hombre es un ser inteligente capaz de recibir comunicación de Su Hacedor. (3) El Señor ha “hablado” a la familia humana, revelando la responsabilidad humana ante la ley divina y detallando la respuesta adecuada delante de esa voluntad (cf. Hebreos 1:1). Ya que el hombre es responsable delante de las leyes religiosas y morales de Dios que las Escrituras dan a conocer, entonces un Dios justo (Salmos 89:14) preservaría fielmente el documento divino para que Su creación racional pudiera evitar las consecuencias de la desobediencia y tener acceso a las múltiples bendiciones que acompañan a la fidelidad.
Segundo, las Escrituras mismas afirman su perpetuidad fiel. El salmista declaró que los “testimonios” de Jehová habían sido establecidos “para siempre” (Salmos 119:152; cf. 119:160). De hecho, el profeta Isaías declaró: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (40:8)—una verdad que un apóstol inspirado repitió en el Nuevo Testamento (1 Pedro 1:24-25).
Tercero, Jesús mismo apoyó la verdad que las Escrituras del Antiguo Testamento habían sido preservadas fielmente cuando hizo referencia a varias partes de la Biblia hebrea y afirmó que eran la Palabra de Dios. En una conversación con los saduceos en cuanto a la resurrección de los muertos, el Señor preguntó: “¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios?” (Mateo 22:31, énfasis añadido). Note que lo que ellos “leían” era el texto de las Escrituras antiguas, y Cristo dijo que eso fue “dicho por Dios”. Por ende, la Palabra de Jehová había sido preservada fielmente en el registro bíblico. También es interesante notar que en esta ocasión los fariseos—quienes generalmente eran teólogos liberales—no intentaron refutar la reclamación del Maestro en cuanto a la fidelidad de las Escrituras.
Cuarto, existe evidencia histórica y científica que las Escrituras sagradas han sido transmitidas fielmente durante los siglos. Existen numerosas referencias a la Palabra escrita de Dios en las varias narraciones del Antiguo Testamento. El “libro de la ley” fue depositado al lado del arca del pacto, y era leído públicamente cada séptimo año (Deuteronomio 31:9et.seq.). Una copia del “libro de la ley” se preservaba en el templo durante el tiempo del Rey Josías (621 a.C.), demostrando por consiguiente que los escritos de Moisés habían sido protegidos por un periodo de casi 1,000 años. [NOTA: Sería una conclusión injustificada suponer que solamente existía una copia de las Escrituras en ese tiempo, aunque, en el análisis final, eso sería suficientemente para la transmisión del texto]. Otros pasajes del Antiguo Testamento hablan de la conservación de las Escrituras Sagradas durante los años (Isaías 8:16; Jeremías 36; Esdras 7:14; Nehemías 8:1-18). Incluso durante el periodo intertestamental (la era de 400 años entre los Testamentos) se hace referencia a los “libros de la ley” (note el plural; 1 Macabeos 1:56). Durante Su ministerio personal, Jesús leyó el rollo de Isaías en la sinagoga en Nazaret y lo llamó “escritura” (Lucas 4:16-21)—un término técnico que ¡siempre se emplea en la Biblia para un escrito divino! Uno de los más grandes eruditos del texto del Antiguo Testamento fue el Dr. Robert Dick Wilson (1856-1930). Ya que era un conocedor de 45 idiomas, Wilson cuidadosamente comparó el texto del Antiguo Testamento con las inscripciones en los monumentos antiguos (en la medida en que estas dos fuentes abordaban el mismo material). Como resultado de su investigación, él declaró que “estamos seguros científicamente que tenemos sustancialmente el mismo texto que Cristo y los apóstoles poseían, y hasta donde sabemos, es el mismo que el escrito de los compositores originales de los documentos del Antiguo Testamento” (1929, p. 8).
El descubrimiento de los rollos del Mar Muerto demostró convincentemente la exactitud del texto del Antiguo Testamento. Antes de 1947, el manuscrito hebreo más antiguo, de longitud significativa, no databa de una fecha previa al siglo IX d.C. Cuando se encontraron los rollos del Qumran (los cuales contenía porciones de todos los libros del Antiguo Testamento excepto Ester), este descubrimiento extendió el registro del texto del Antiguo Testamento algo de 1,000 años. Sin embargo, asombrosamente, la comparación de los textos estándares hebreos con los rollos del Mar Muerto reveló que los dos eran virtualmente idénticos—palabra por palabra. Las variaciones (alrededor del 5%) eran solamente diferencias en deletreos secundarios y errores pequeños de los copistas. Por tanto, como Paché señaló, “[y]a que se puede demostrar que se trasmitió fielmente el texto del Antiguo Testamento por los pasados 2,000 años, se puede suponer razonablemente que se ha transmitido de la misma manera desde el comienzo” (1971, p. 191).
En su fidelidad textual a través de los siglos, el texto bíblico sobresale por encima de la literatura de su tiempo. Las adulteraciones en los escritos de los clásicos griegos son comunes y flagrantes. Este contraste remarcable hizo que el erudito William Henry Green comentara: “Se puede decir con toda seguridad que ningún otro libro de la antigüedad ha sido transmitido tan fielmente” (1899, p. 81).
Green, William Henry (1899), Introducción General al Antiguo Testamento [General Introduction to the Old Testament] (Nueva York: Scribner’s Sons).
Paché, René‚ (1971), La Inspiración y Autoridad de la Escritura [The Inspiration and Authority of Scripture] (Chicago, IL: Moody).
Wilson, Robert Dick (1929), Una Investigación Científica del Antiguo Testamento [A Scientific Investigation of the Old Testament] (Nueva York: Harper Brothers).
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