Si la teoría de la evolución es un relato verdadero del origen y desarrollo de la vida en la Tierra, es obvio que el registro de desarrollo gradual de las plantas y animales hacia las formas superiores debería estar grabado en la corteza de la Tierra en capas sucesivas. Adicionalmente, este registro debería corresponder directamente al desarrollo evolutivo de las diversas especies hacia el tiempo presente. De hecho, el evolucionista LeGros Clark declaró exactamente eso cuando anotó:
El hecho que la evolución realmente sí ocurrió puede ser solamente establecido científicamente por el descubrimiento de los restos fosilizados de muestras representativas de estos tipos intermedios que han sido postulados en base de la evidencia indirecta. En otras palabras, la evidencia realmente crucial para la evolución debe ser provista por el paleontólogo de quien su negocio es el estudiar la evidencia del registro fósil (1955, p. 7).
Desde la publicación en 1859 del Origen de las Especies de Darwin al tiempo presente, los evolucionistas han buscado los escurridizos “eslabones perdidos” demandados por la teoría evolutiva. El mismo Darwin dijo en el Origen que “el número de eslabones intermedios y transicionales entre todas las especies vivas y extintas debe haber sido inconcebiblemente grande” (1859, p. 293). Los estudiantes han sido enseñados por generaciones que la evolución continúa como el resultado de la acumulación lenta y gradual de pequeños cambios en las plantas y los animales, y que la evidencia para tal cambio finalmente será encontrada en el registro fósil. Pero la búsqueda ha sido en vano. Donde debería haber formas transicionales en números “inconcebiblemente grandes”, no hay ninguna. George Gaylord Simpson de Harvard admitió este hecho tan temprano como en 1944 y escribió:
...las secuencias transicionales continuas no son simplemente raras, sino están virtualmente ausentes...su ausencia es casi universal que no puede, de improvisto, ser atribuida enteramente a la casualidad, y sí requiere algún intento de explicación especial, como ha sido sentido hace mucho por la mayoría de paleontólogos (1944, p. 105, énfasis añadido).
En 1977, Stephen J. Gould de Harvard comentó que “todos los paleontólogos saben que el registro fósil contiene poquísimo en cuanto a formas intermedias; las transiciones entre los grupos principales son característicamente abruptas” (1977, p. 24). David G. Kitts de la Universidad de Oklahoma ofreció su evaluación del registro fósil cuando observó:
A pesar de la promesa brillante de que la paleontología provee un medio de “ver” la evolución, ésta ha presentado algunas dificultades desagradables para los evolucionistas, la más notoria de estas es la presencia de “brechas” en el registro fósil. La evolución requiere formas intermedias entre las especies y la paleontología no las provee (1974, p. 467).
Tales enunciados como estos pudieran ser multiplicados muchas otras veces. Darwin intentó explicar la falta de formas transicionales al culpar su ausencia en lo que él calificó como la “imperfección del registro fósil”. Pero, como Simpson (1944) y otros han notado, no es ya más posible culpar la ausencia de las formas transicionales a la imperfección o pobreza del registro fósil. El geólogo T.N. George de Inglaterra se lamentó de que “no existe necesidad de disculparse más por la pobreza del registro fósil. En algunas maneras éste ha llegado a ser casi incontrolablemente rico y su descubrimiento ha aventajando la actividad de integración” (1960, p. 1). Las formas transicionales simplemente no están allí, como la evidencia claramente indica.
Tan temprano como en 1944, Simpson anotó que se necesitaba una “explicación especial”. Él no fue el único, o el primero en sugerir tal cosa. En la década de 1930, el mejor paleontólogo de Europa, O.H. Schindewolf, había propuesto justo tal “explicación especial”, y en 1940 se le unió a su propuesta el genetista Richard Goldschmidt de la Universidad de California en Berkeley. Goldschmidt y sus colegas estaban frustrados por su fracaso de explicar el desarrollo de muchas estructuras en organismos superiores en base al supuesto mecanismo de la evolución neo-Darvinista solamente. Él creía que el mecanismo en ese entonces en moda (la acumulación de las mutaciones más la influencia de la selección natural) estaba restringido a cambios pequeños dentro de las especies, y tenía poco o nada que ver con los cambios entre las especies. Goldschmidt postuló que los cambios más grandes y más importantes que causaban la macroevolución fueron el resultado de las “mutaciones sistémicas”. En 1940 él publicó su famosa obra, The Material Basis for Evolution (El Fundamento Material para la Evolución), en la cual explicó su concepto del “monstruo esperanzador”. Aquí, en forma abreviada, está cómo él creía que las mutaciones sistémicas funcionaban.
Goldschmidt sugirió que no era solo uno o dos mutaciones, sino muchas mutaciones que afectaban el “sistema” completo del embrión creciente. De algún modo, decía Goldschmidt, un “gen de ritmo” era afectado. Este “gen de ritmo” a su vez afectaba (incrementaba) los ritmos de crecimiento, los ritmos de diferenciación, los ritmos de producción de materiales que finalmente beneficiarían cierto desarrollo físico o químico, etc. Si las mutaciones sistémicas ocurrían temprano en el crecimiento, un pequeño cambio de instrucción genética resultaría en un cambio a grande escala en lo que finalmente se transformaría la forma adulta. Sí, notó Goldschmidt, de vez en cuando una oveja nace con solamente dos patas, o un becerro nace con dos cabezas. Ambos eran monstruosidades que no podían sobrevivir. Pero se espera, dijo Goldschmidt, que si suficientes de estos pudieran ser producidos por mutaciones sistémicas, finalmente un “monstruo esperanzador” resultaría. Él luego invocó a este concepto para tender un puente sobre cada una de las brechas entre todos los grupos principales de los organismos. Si Goldschmidt podía convencer a los evolucionistas a aceptar su nueva teoría, entonces ellos pudieran explicar por qué las brechas en el registro fósil deben de existir.
No obstante, al examinar las ideas revolucionarias de Goldschmidt incluso los evolucionistas se mostraron incrédulos. Theodosius Dobzhansky, genetista de la Universidad de Rockefeller (y un contemporáneo de Goldschmidt) expresó su desacuerdo con la idea de los “monstruos esperanzadores” cuando escribió:
Otro teorizante propone que los regalos maravillosos de la evolución para el mundo viviente vinieron a existir a través de “mutaciones sistémicas” repentinas y drásticas, las cuales crearon “monstruos esperanzadores” que más tarde fueron pulidos hacia el producto final por la selección evolutiva. Pero estas teorías equivalen solamente a dar nombres más o menos elegantes a los fenómenos imaginarios; por ejemplo, nadie alguna vez ha observado la incidencia de una “mutación sistémica” (1957, p. 131).
De hecho, por más de cuarenta años Goldschmidt y Schindewolf fueron considerados con desprecio absoluto, y sus teorías como herejía absoluta. Los evolucionistas Stebbins y Ayala evaluaron bastante bien el asunto cuando escribieron: “La solución específica postulada por Goldschmidt, es decir, la incidencia de mutaciones sistémicas, produciendo monstruos esperanzadores, puede ser excluida en vista del conocimiento genético actual” (1981, p. 969).
No obstante, sorprendentemente, el sistema de Goldschmidt ha sido resucitado, revisado ligeramente, y se le ha dado un nuevo nombre elegante. En 1972, Stephen J. Gould y Niles Eldredge propusieron la idea del “equilibrio puntuado” (1972, pp. 82-115). La esencia de esta teoría es que durante los periodos evolutivos, las especies individuales cambiaron muy poco. La especiación ocurre solamente cuando los periodos largos de cambio pequeño (“equilibrio”) son “puntuados” por eventos abruptos, tiempo en el cual una especie descendiente surge. Este escenario puede haber implicado pasos intermedios, dicen sus proponentes, pero cada etapa implicaba organismos tan incompetentes que ellos no dejaron restos, previniendo que las formas transicionales sean preservadas en el registro fósil.
Poco después que la teoría del equilibrio puntuado de Gould/Eldredge fuese publicada, atrajo el interés entre los del campo evolutivo. Solamente después de un año de su publicación, el equilibrio puntuado obtuvo soporte de Derek Ager, antiguo presidente de la Asociación Geológica Británica, quien dijo: “Ahora yo me estoy inclinando más y más a la opinión que la mayor parte de la evolución procede de etapas cortas repentinas o cuánticas y estuve complacido de creer los mismos puntos de vista recientemente expresados por S.J. Gould en América” (1973, énfasis en original). El Dr. Ager proveyó una descripción de cómo él consideraba la historia geológica de la Tierra: “En otras palabras, la historia de cualquier parte de la tierra, como la vida de un soldado, consiste de periodos largos de aburrimiento y periodos cortos de terror” (1973, p. 100). Steven Stanley, paleontólogo de la Universidad de Johns Hopkins, escribió en 1979 que “el registro fósil conocido falla en documentar un sencillo ejemplo de la evolución filética logrando una transición principal morfológica y por ende no ofrece evidencia de que el modelo gradualista pueda ser válido” (1979, p. 39). Dos años después, Stanley escribió un libro que llegó a ser una “guía del inexperto para el equilibrio puntuado”, The New Evolutionary Timetable: Fossils, Genes, and The Origin of Species—El Nuevo Horario Evolutivo: Los Fósiles, los Genes, y el Origen de las Especies (1981).
Probablemente los dos eventos más importantes que afectan la aceptación final del equilibrio puntuado se centró en la publicación de un artículo en 1977 por Gould, y en una conferencia principal sobre la macroevolución llevada a cabo en Chicago en 1980. En la edición de junio/julio de 1977 de Natural History, Gould escribió un artículo sobre “The Return of Hopeful Monsters” (“El Regreso de los Monstruos Esperanzadores”), en el cual él vinculó el equilibrio puntuado con el postulado de Goldschmidt de casi cuatro décadas atrás. Gould recordó a sus lectores que “el registro fósil con sus transiciones abruptas no ofrecen respaldo para cambio gradual...”, y luego propuso que la “macroevolución procede de los sucesos raros de estos monstruos esperanzadores, no por cambios pequeños continuos entre las poblaciones”. Él declaró:
Como darvinista, yo deseo defender el postulado de Goldschmidt de que la macroevolución no es simplemente microevolución extrapolada y que las transiciones estructurales principales pueden ocurrir rápidamente sin sucesiones suaves o etapas intermedias... No obstante, yo sí pronostico que durante la próxima década Goldschmidt será grandemente vindicado en el mundo de la biología evolutiva (1977, pp. 24, 22).
Poco entendió alguno en ese tiempo que la “vindicación” de Goldschmidt estaba siendo profetizada por el mismo hombre quien intentaría vindicarlo. El mismo Gould ha hablado elocuentemente a tal punto que existen dos factores importantes del registro fósil que en el fondo fueron responsables del concepto del equilibrio puntuado.
La historia de la mayoría de especies fósiles incluye dos características particularmente inconsistentes con el gradualismo: 1. La estacia. La mayoría de especies no exhiben cambio direccional durante su ejercicio sobre la tierra. Ellos aparecen en el registro fósil luciendo bastante de la misma manera como cuando desaparecieron; el cambio morfológico está usualmente limitado y desorientado. 2. La aparición repentina. En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por las transformaciones constantes de sus ancestros; ésta aparece de repente y “formada completamente” (1980, p. 182).
En un artículo anterior, Gould cuidadosamente enfatizó que de estos dos factores, el más importante es la estacia (1982, pp. 83-104). De hecho, él incluso fue tan lejos como para declarar que “la validación potencial del equilibrio puntuado dependerá principalmente sobre la documentación de la estacia” (1982, p. 86).
¿Qué respuesta debería ser dada para el concepto del equilibrio puntuado? Aunque éste concepto se ha enfrentado a algo de resistencia de parte de los evolucionistas de la “guardia-antigua” quienes todavía se aferran obstinadamente al neo-darvinismo, éste está llegando a ser más popular cada día como la explicación de cómo funciona la evolución. Por tanto, las siguientes observaciones deben ser hechas.
(1) Si los materiales de la evolución relatada son cambiados para incluir el equilibrio puntuado, esto equivale a nada menos que un reconocimiento tácito de que los creacionistas han estado del todo en lo correcto en su declaración que no existe evidencia fósil que sostiene la teoría de que toda la vida está conectada a un antepasado común. El evolucionista Michael Denton ha comentado sobre ese mismo punto en su libro, Evolution: A Theory in Crisis (Evolución: Una Teoría en Crisis). Él denotó primeramente que requeriría nada menos que “milagros” para conectar las discontinuidades en el registro fósil, y luego añadió que “el modelo puntuacional de Eldredge y Gould ha sido extensamente publicado pero, irónicamente, aunque la teoría fue desarrollada específicamente para explicar la ausencia de variedades transicionales entre las especies, su efecto principal parece haber sido atraer la atención generalizada a las brechas en el registro fósil” (1986, p. 194). La evidencia para el equilibrio puntuado es idéntica a la evidencia para la creación—para nombrarla, la aparición abrupta de todas las categorías principales de los organismos, con nada conectándolos directamente a algún otro grupo. Alan Hayward también abordó estos puntos.
Es probable que la controversia continúe por un largo tiempo, ya que ambos lados tienen a lo menos un juicio corto [i.e., un argumento que carece de fuerza explicativa—BT]. El darvinismo ortodoxo ofrece una explicación biológica plausible para lo que puede haber pasado, pero está en conflicto con la evidencia de la geología. Y la teoría alternativa acepta el registro geológico, pero no puede explicar cómo las especies pudieron surgir tan repentinamente. Para el observador externo parece que ambas versiones del darvinismo están sobre fundamento inestable (1985, p. 19).
(2) Si el fundamento principal del equilibrio puntuado es el explicar cómo las especies surgen repentinamente, entonces, ¿por qué declaró Hayward que éste “no puede explicar cómo las especies pudieron surgir tan repentinamente”? La respuesta yace en un examen de la base genética del equilibrio puntuado. Hayward anotó que:
...las mutaciones no parecen traer cambios progresivos. Los genes parecen ser construidos de esta manera para permitir que ocurran cambios entre ciertos límites estrechos, y para prevenir que esos límites sean cruzados. Para sobre-simplificar un poco: las mutaciones producen muy fácilmente nuevas variedades entre las especies, y pueden ocasionalmente producir una especie nueva (aunque similar), pero—a pesar de los esfuerzos enormes de los experimentadores y criadores—las mutaciones parecen ser incapaces de producir nuevas formas completas de vida (1985, p. 55, énfasis en original).
El equilibrio puntuado en el fondo depende de cambios genéticos—cambios causados por las mutaciones. No obstante, el mismo Gould admitió en un discurso en la Facultad de Hobart el 14 de febrero de 1980: “Una mutación no produce nueva materia prima principal. Usted no hace nuevas especies al mutar las especies... Esa es una idea común que la gente tiene; que la evolución se debe a las mutaciones al azar. Una mutación no es la causa del cambio evolutivo” (como citado en Sunderland, 1984, p. 106). Se nos dice que la evolución ocurrió rápidamente como el resultado de cambios genéticos drásticos que produjeron rápidas formaciones de especies juntamente con divergencias morfológicas inmediatas. Sin embargo, los mecanismos para estos cambios son desconocidos. Lo que nosotros sí conocemos (para usar las palabras de Gould) es que “una mutación no es la causa del cambio evolutivo”.
(3) Sin duda uno de los puntos que pesa sobre este asunto es la insistencia de Gould de que la estacia es la característica singular más importante de la macroevolución. ¿No parece ser esto un poco extraño? La “estacia” significa permanecer igual; la evolución significa cambio. Nosotros estamos discutiendo la macroevolución (i.e., cambios grandes y repentinos). Sin embargo se nos dice que la “característica más importante de la macroevolución” es el no-cambio (estacia). ¿No parece que se nos está pidiendo que aceptemos lo siguiente: que el hecho más fundamental de la teoría de los evolucionistas del cambio es que todo permanece igual? Los evolucionistas ahora han comenzado a escribir de esta manera como para convencernos que la evolución realmente no significa “cambio” en absoluto. No obstante, se nos dice:
La expectación pintó la percepción hasta tal punto que el factor simple más obvio acerca de la evolución biológica—el no-cambio—raras veces, o nunca, ha sido incorporado en las nociones científicas de cualquiera de cómo la vida realmente evoluciona. Si alguna vez hubo un mito, éste es que la evolución es un proceso de cambio constante (Eldredge y Tattersall, 1982, p. 8, énfasis en original).
Compare eso a la definición popular y prácticamente universal de la evolución de la pluma de Don Julian Huxley:
La evolución en el sentido extenso puede ser definida como un proceso direccional y esencialmente irreversible ocurriendo en el tiempo, el cual en su curso da origen a un incremento de variedad y a un nivel cada vez más alto de organización en sus productos. En efecto nuestro conocimiento presente nos fuerza a considerar que lo completo de la realidad es la evolución—un proceso único de auto-transformación (1955, p. 278).
¿Qué es esto? ¿Es la evolución “un proceso de cambio constante”, o el resultado de “no-cambio” (estacia)?
(4) Goldschmidt creía que un monstruo esperanzador podía nacer con suficiente tiempo. Si fuera así, ¿con qué presunto “monstruo” se aparearía? Las probabilidades de conseguir un “monstruo” viable son ridículas. Pero de hecho, el sistema debe producir dos “monstruos”—en la misma región geográfica, en el mismo tiempo, siendo uno macho y uno hembra, y siendo ambos fértiles. Luego, se sugiere que estos dos de alguna manera se encuentran, se aparean, y producen descendencia fértil. El evolucionista Steven Stanley ha escrito:
...recientemente ha sido renovada la expresión de respaldo para la importancia en macroevolución de lo que Goldschmidt (1940) calificó el monstruo esperanzador... A lo menos en principio, Goldschmidt aceptó el ejemplo extremo de Schindewolf del primer pájaro saliendo del cascarón de un huevo de reptil. El problema del concepto radical de Goldschmidt es la baja probabilidad que un monstruo totalmente formado encontrará una compañera y producirá descendencia fértil (1979, p. 159).
¿Cómo Stanley resuelve este problema? Él simplemente tiene en cuenta a varios monstruos dentro de una población única, y asegura que la “evidencia está también indicando que los mismos eventos de especiación cuántica pueden abarcar en cambio pocas generaciones... es generalmente aceptado que la especiación cuántica toma lugar dentro de poblaciones muy pequeñas—algunos dirían poblaciones que envuelven menos de 10 individuos” (1979, p. 145). Por ende, en una población muy pequeña las macromutaciones no producirán una, sino dos “monstruos”—un macho y una hembra—los cuales “por casualidad” experimentan la misma transformación y así ambos son fértiles y capaces de reproducirse entre ellos.
En 1937, el antropólogo evolucionista Ernest Hooton comentó sobre el tipo de conceptos tratados aquí.
La evolución saltatoria por vía de la mutación es una manera muy conveniente de tender un puente sobre las brechas entre las formas animales... Ahora yo temo que muchos antropólogos (incluyendo a mí mismo) hayamos pecado en contra de la ciencia de la genética y estemos inclinados sobre una caña quebrada cuando nosotros dependemos en las mutaciones (1937, p. 118).
¿Por qué—después de más de cincuenta años de estudio adicional—son los evolucionistas incapaces de ver que la situación permanece incambiable? La evolución todavía no tiene un mecanismo plausible.
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