Este artículo está disponible en la página Web de Apologetics Press: http://www.apologeticspress.org/espanol/articulos/635

AP Contenido :: Temas Doctrinales

Evidencias Para la Inspiración de la Biblia
por Wayne Jackson, M.A.

INTRODUCCIÓN

El hecho de que la Biblia clama ser inspirada por Dios es visto claramente por cualquiera que pone el esfuerzo en examinar su texto. Desde luego, el factor de que tal reclamación sea hecha no garantiza que la reclamación sea genuina. Numerosos documentos, los cuales claramente son fraudes infieles, reclaman inspiración (e.g., El Libro de Mormón). Por ende, la pregunta llega a ser: ¿Existe evidencia suficiente para garantizar la conclusión de que la Biblia es, en efecto, un volumen de origen divino? De hecho, existe suficiente evidencia, y es a esta evidencia a la cual la atención del lector es dirigida.

LA UNIDAD DE LAS ESCRITURAS

¿Piensa que parece razonable que cuarenta hombres, de orígenes variados y esparcidos alrededor de más de mil años en tiempo, hubieran diseñado sesenta y seis componentes de metal, los cuales accidentalmente se unieran para formar una máquina de precisión que revolucionara al mundo? ¡Eso fuera imposible!—es decir, desde un punto de vista humano. Aunque eso es exactamente lo que pasó en el caso de la Biblia.

Las Escrituras sagradas fueron escritas por algo de cuarenta personas diferentes durante un periodo de tiempo de algo de 1,600 años. Estos escritores—quienes venían de una variedad de antecedentes culturales y educacionales y quienes escribieron en tres diferentes lenguajes (hebreo, arameo, y griego)—produjeron un volumen de sesenta y seis libros que es caracterizado por tal unidad asombrosa y continuidad hermosa tanto que no puede ser explicado sobre el fundamento de simple origen humano.

Por ejemplo, desde Génesis a Apocalipsis existe un desarrollo maravilloso del tema general acerca de la caída del hombre de su estado santo, el plan de Dios para su redención (llevado a cabo tan cuidadosamente a través de los siglos), la muerte expiatoria de Jesucristo, y la victoria final del sistema cristiano. Ningún estudiante diligente de este tema puede evitar ser impresionado por este cuerpo vasto de evidencia consistente que argumenta a favor de un documento inspirado.

Adicionalmente, existen miles de ejemplos de concordancia minuciosa entre los escritores bíblicos en asuntos de historia, cultura, geografía, biografía, etc., para los cuales no existe absolutamente explicación, excepto que hubo una supervisión divina implicada en la producción. [A aquellos que deseen explorar este punto adicionalmente les animo a estudiar los trabajos de J.J Blunt, Undesigned Coincidences in the Writings both of the Old and New Testament (Coincidencias No-Diseñadas en los Escritos del Antiguo y el Nuevo Testamento) y de William Paley “Horae Paulinae”, The Works of William Paley (Los Trabajos de William Paley).

LA VERACIDAD IMPECABLE DE LA BIBLIA

Si la Biblia es la Palabra verbalmente inspirada de Dios, uno debe esperar que ésta sea absolutamente exacta en los varios temas que discuta. Los trabajos que son estrictamente humanos—sin importar cuán intelectuales o minuciosos sean los autores—siempre están caracterizados por errores no-intencionales que revelan falibilidad. Por ejemplo, cuando el famoso Tácito escribió su Historia y Descripción de Germania, ésta contenía tantos errores que los historiadores modernos están sorprendidos. Cuando la Encyclopaedia Britannica (Enciclopedia Británica) fue primero publicada, ¡ésta contenía tantos errores acerca de lugares en los Estados Unidos que los editores de la New American Cyclopedia (Ciclopedia Nueva Americana) publicaron un folleto especial que exponía las meteduras de pata de su rival!

Sin embargo, la Biblia es siempre impresionantemente exacta en sus detalles históricos y geográficos. Por ejemplo, la evidencia bíblica indica que Moisés escribió el Pentateuco (cf. Éxodo 17:14, Josué 1:7, y Marcos 12:26). Esto es confirmado por Josefo (Contra Apión, I,8), y otros numerosos escritores paganos. Hecateu, Manetón, Lisímaco, Eupolemo, Tácito, Juvenal, y Longino acreditan a Moisés las leyes que distinguían a los judíos de otras naciones (vea Rawlinson, 1877, pp. 254 et.seq.). Los críticos se burlaban anteriormente de la mención de los hititas (o heteos) en las narraciones bíblicas (Génesis 23:10; 26:34) ya que supuestamente ellos no existían. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos en la antigua Boghazkoy (en Turquía) han refutado ese criticismo, y han afirmado la “autenticidad del ‘material de fondo’ del Antiguo Testamento” (vea: Bulletin of the American School of Oriental Research, 1953, 129:18).

A finales de 1800, Don William Ramsay, un erudito que era escéptico de la autenticidad del libro de Hechos, dirigió una expedición arqueológica al Asia Menor con la intención de desaprobar la historicidad y exactitud de la narración de Lucas. Después de años de investigación—cavando literalmente por la evidencia—Ramsay fue forzado a concluir que Hechos era históricamente exacto.

En Hechos, Lucas menciona treinta y dos naciones, cincuenta y cuatro ciudades, y nueve islas mediterráneas. Él también menciona noventa y cinco personas, de las cuales sesenta y dos no son mencionadas en algún otro lugar del Nuevo Testamento. Y sus referencias, donde sea que puedan ser chequeadas, son siempre correctas—lo cual es realmente remarcable en vista del hecho de que la situación política/territorial de su tiempo estaba en un estado de casi constante inestabilidad. ¿Cómo puede uno dar cuenta por la precisión de Lucas? ¡Inspiración!

En su trabajo monumental, Lands of the Bible (Tierras de la Biblia), J.W. McGarvey incluyó un capítulo titulado “An Argument from the Agreement of the Land and the Book” (“Un Argumento del Acuerdo de la Tierra y el Libro”). Allí él declara:

Una narración ficticia, escenificada en un país con el cual el escritor no está personalmente familiarizado, debe evitar las alusiones locales o encontrarse frecuentemente en conflicto con las particularidades del lugar y de las maneras y costumbres. La característica ficticia de la narración es revelada por este conflicto (1881, p. 375).

McGarvey observó que existen literalmente cientos de casos en los cuales la exactitud de la Biblia puede ser chequeada. Por ejemplo, ¿están las Escrituras siempre en lo correcto topográficamente, o son las referencias de los terrenos correctos? ¿Está el camino de Jerusalén a Gaza al “sur” de Samaria (Hechos 8:26)? ¿Está Bet-el realmente al “occidente” de Hai (Génesis 12:8)? McGarvey señaló que “los escritores de la Biblia no se equivocaron en ningún caso sencillo de esta clase” (p. 378). Al concluir su argumento, él autor preguntó:

¿Cómo pudieron ellos [los escritores de la Biblia—WJ] haber hecho lo que los hombres educados y diligentes de su propia época y épocas posteriores han fallado en hacer, a menos que ellos hayan sido guiados por sabiduría de lo alto como clamaron haberlo sido? (p. 386).

PROFECÍA

El profeta Isaías basó la credibilidad de su mensaje en la validez de la profecía predictiva. Él retó a los promotores de la idolatría de su tiempo: “Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir” (Isaías 41:22). Él estaba preguntando esto: “Ustedes, quienes claman decir revelaciones en el nombre de sus “dioses”, ¿corrobora la historia subsiguiente sus predicciones?”. ¿Qué acerca de la Biblia? ¿Pasa ésta la prueba de la profecía?

¿Qué es exactamente la profecía predictiva? Thomas H. Horne declaró que ésta es “un milagro de conocimiento, una declaración o representación de algo futuro, más allá del poder de la sagacidad humana para discernir o calcular” (1872, 1:119). Para que la profecía sea válida, los siguientes criterios deben prevalecer. Esta debe implicar: (a) tiempo adecuado, (i.e., que preceda considerablemente al cumplimiento); (b) detalles específicos—no generalidades vagas o posibilidades remotas; y (c) cumplimiento exacto—no meramente un alto grado de probabilidad. Consistentemente con estos estándares, las muchas profecías de la Biblia resaltan con colores brillantes.

[1] PROFECÍAS DE NACIONES. Mientras que el plan de redención de Dios se desarrollaba, muchas profecías fueron dadas concernientes al surgimiento, decadencia, y caída de varias naciones. Por ejemplo: (1) La historia de Israel es representada vivamente en Deuteronomio 28:47-68. Estudie esta narración cuidadosamente y compárela con la historia real. (b) Cuando Israel llegó a involucrarse en la idolatría, Isaías predijo que el Señor levantaría a los asirios, como el “báculo de [Su] furor” para castigarlos (Isaías 10:5,6), pero, después que eso fue realizado, Jehová anunció que los asirios mismos serían destruidos (10:12,24,25). La Historia revela que esto es exactamente lo que pasó (2 Reyes 17:24; 18:13). (c) Cuando el reino de Judá se deslizó en decadencia espiritual, los profetas anunciaron que Babilonia les castigaría (Jeremías 25:9-11; Habacuc 1:6) y, en efecto, Babilonia los esclavizó por setenta años (Jeremías 25:11,12). El registro de este evento está disponible (2 Reyes 24-25; 2 Crónicas 36:21). (d) Pero incluso la poderosa Babilonia, “la gloria de Reinos”, sería destruida por los medos y los persas (Isaías 13), y, como todo estudiante sabe, esto es exactamente lo que pasó (Daniel 5:28). Otros ejemplos numerosos del Antiguo Testamento complementan el precedente.

[2] PROFECÍAS DE GENTE. En 2 Reyes 18:13, el texto indica que Senaquerib, rey de Asiria, subió contra las ciudades fortificadas de Judá y las tomó (los registros asirios indican que cuarenta y seis ciudades fueron capturadas). Sin embargo, fue profetizado que él no iba a poder tomar la ciudad de Jerusalén (2 Reyes 19:32-34). Las fuerzas de Senaquerib vinieron a Jerusalén—sus anales se jactan de que él encerró al rey de Judá, Ezequías, “como pájaro en jaula” (vea Pritchard, 1955, p. 288)—pero por alguna razón inexplicable la ciudad nunca fue tomada. [En una visita al Instituto Oriental en la Universidad de Chicago donde un prisma que registra las hazañas de Senaquerib es alojado, yo fui entretenido con el desconcierto del guía en cuanto a por qué el rey nunca tomó Jerusalén. La Biblia explica que Dios destruyó 185,000 soldados asirios en una noche (2 Reyes 19:35 et.seq.)]. También fue predicho que el rey asirio regresaría a su propia tierra y allí caería por la espada (2 Reyes 19:7). Algo de veinte años después, él fue asesinado por sus propios hijos quienes lo mataron a espada cuando estaba adorando en su templo pagano (Isaías 37:37,38).

¿O qué acerca del buen rey Josías? Su trabajo fue predicho (y él fue llamado por nombre) más de trescientos años antes que fuera cumplido (1 Reyes 13:2; 2 Reyes 23:15,16). El ministerio del rey de Persia, Ciro (él también fue llamado por nombre), fue profetizado más de un siglo y medio antes que el monarca naciera (Isaías 44:28; 45:1). Es por causa de las profecías remarcables como estas que los críticos liberales quieren re-datar los libros de la Biblia en un periodo posterior.

PROFECÍA MESIÁNICA

Sidney Collett ha declarado que de las aproximadamente 800 profecías en el Antiguo Testamento, no menos de 333 se centran en la persona de Jesucristo (s.d., p. 192). El panorama de la profecía concerniente al Hijo de Dios no es nada menos que milagroso, y es una evidencia exigente de la inspiración bíblica. Por ejemplo, existen profecías acerca de:

(A) Su Linaje—Él nacería de mujer (Génesis 3:15; Gálatas 4:4); de la simiente de Abraham (Génesis 22:18; Lucas 3:34); de la tribu de Judá (Génesis 49:10; Hebreos 7:14); del linaje real de David (2 Samuel 7:12; Lucas 1:32); y, de la virgen María (Isaías 7:14; Mateo 1:22,23).

(B) El Tiempo de Su Venida—Cristo debía aparecer durante el tiempo del reino romano (Daniel 2:44; Lucas 2:1); mientras que Judá todavía poseyera su propio rey (Génesis 49:10; Mateo 2:22). Él sería muerto algo de cuatrocientos noventa años después del mandamiento a restaurar Jerusalén al final de la cautividad de Babilonia [457 a.C.], i.e., en el 30 d.C. (Daniel 9:24 et.seq.). [NOTA: Para una documentación y discusión adicional de este material, vea Jackson, s.d.].

(C) Su Naturaleza—Jesús debía ser tanto humano y divino; aunque debía nacer, Él era eterno (Miqueas 5:2; Juan 1:1,14); aunque era un hombre, Él era el “compañero” de Jehová (Zacarías 13:7; Juan 10:30; Filipenses 2:6). Él debía ser gentil y compasivo en Sus tratos con la gente (Isaías 42:1-4; Mateo 12:15-21). Él sería perfectamente sumiso delante del Padre (Salmos 40:8; Isaías 53:11; Juan 8:29; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22).

(D) Su Traición, Muerte, Resurrección—Fue predicho que el Mesías sería traicionado por un amigo (Salmos 41:9) por treinta piezas de plata (Zacarías 11:12). Él lo fue (Juan 13:18; Mateo 26:15). Él sería escupido y golpeado (Isaías 50:6), y en la muerte Sus manos y pies serían traspasados (Salmos 22:16). Esto es precisamente lo que pasó (Mateo 27:30; Lucas 24:39). Aunque Él sería muerto, Su carne no experimentaría corrupción y Él sería levantado de la tumba (Salmos 16:10; Hechos 2:22 et.seq.).

Estas son solo una muestra de las más de 300 profecías concernientes al Señor. En su fascinante libro, Science Speaks (La Ciencia Habla), el matemático Peter W. Stoner seleccionó solo ocho de las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Cristo, y estimó que ¡las probabilidades de que éstas sean cumplidas accidentalmente serían aproximadamente 1 en 10 17 (eso es un uno seguido por diecisiete ceros)! Él luego lo ilustró en la siguiente manera.

Suponga que tomamos 10 17 monedas de un dólar y las colocamos en la superficie de Texas. Estas cubrirían todo el estado por dos pies de altura. Ahora, marque una de estas monedas de dólar y agite a toda la gente de todo el estado a buscarla. Vende los ojos de un hombre y dígale que él puede vagar tan lejos como quiera, pero que debe recoger la moneda de dólar correcta. ¿Qué oportunidad tuviera él de encontrar la moneda correcta? (1963, pp. 106-107).

CONCLUSIÓN

Horne estaba efectivamente en lo correcto cuando escribió: “El libro que contiene estas predicciones está sellado con el sello del cielo: una vena fértil de evidencia fluye a través del volumen del Antiguo Testamento; la Biblia es verdadera; la incredulidad está por siempre confundida, y nosotros podemos dirigirnos a sus partidarios en el lenguaje de San Pablo, ‘¡Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced!’” (1872, 1:126).

REFERENCIAS

Bulletin of the American School of Oriental Research (1953), Vol. 129.

Collett, Sidney (sine data), All About the Bible (London: Revell).

Horne, Thomas H. (1872), An Introduction to the Critical Study and Knowledge of the Holy Scriptures (Grand Rapids, MI: Baker, 1970 reprint).

Jackson, Wayne (sine data), Daniel’s Seventy Weeks [A Research Article] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

McGarvey, J.W. (1881), Lands of the Bible (Philadelphia, PA: Lippincott).

Pritchard, J.B. (1955), Ancient Near Eastern Texts (Princeton, NJ: Princeton University Press).

Rawlinson, George (1877), Historical Evidences of the Truth of the Scripture Records (New York: Sheldon).

Stoner, Peter W. (1963), Science Speaks (Chicago, IL: Moody).




Derechos de autor © 2005 Apologetics Press, Inc. Todos los derechos están reservados.

Estamos complacidos de conceder permiso para que los artículos en la sección de "Temas Doctrinales" sean reproducidos en su totalidad, siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) Apologetics Press debe ser designada como la editorial original; (2) la página Web URL específica de Apologetics Press debe ser anotada; (3) el nombre del autor debe permanecer adjunto a los materiales; (4) cualquier referencia, notas al pie de página, o notas finales que acompañan al artículo deben ser incluidas a cualquier reproducción escrita del artículo; (5) las alteraciones de cualquier clase están estrictamente prohibidas (e.g., las fotografías, tablas, gráficos, citas, etc. deben ser reproducidos exactamente como aparecen en el original); (6) la adaptación del material escrito (e.g., publicar un artículo en varias partes) está permitida, siempre y cuando lo completo del material sea hecho disponible, sin editar, en una extensión de tiempo razonable; (7) los artículos, en totalidad o en parte, no deben ser ofrecidos en venta o incluidos en artículos para venta; y (8) los artículos no deben ser reproducidos en forma electrónica para exponerlos en páginas Web (aunque los enlaces a los artículos en la página Web de Apologetics Press están permitidos).

Para catálogos, muestras, o información adicional, contacte:

Apologetics Press
230 Landmark Drive
Montgomery, Alabama 36117
U.S.A.
Phone (334) 272-8558
http://www.apologeticspress.org